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Instituto de los Hermanos Maristas
A proposito de nuestros bienes

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Solidaridad: compartiendo incluso de lo que nos conviene guardar

15. Las razones de siempre: el plan de Dios y las llamadas del Evangelio. Todas las páginas del Evangelio hablan de "solidaridad". Nos hablan de la solidaridad de Dios con la humanidad que conlleva la plena aceptación de Jesús a los sufrimientos y a la muerte, y la intervención definitiva de Dios en la historia de la humanidad en la resurrección de Jesús. En Dios estará todo en un buen fideicomiso. Es casi imposible hacer una comparación entre nuestros humildes esfuerzos por ser solidarios para con el prójimo con lo realizado por Jesús. Sin embargo, estas son sus palabras: "Os aseguro que cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis" (Mt. 25, 40)

      Para los cristianos, el texto de Mateo 25 sobre el Juicio Final tiene una autoridad suprema y debería serlo mucho más para los religiosos que han optado públicamente por aspirar a vivir guiados por las Bienaventuranzas (C14). El texto del juicio final deja bien claro que son las acciones de solidaridad las que cuentan. De hecho, el acto de solidaridad nos abre al descubrimiento inesperado del máximo objetivo: la presencia de Dios. Estar en relación con otros es ya estar en relación con Dios, "si tenemos ojos para ver".

      ¡Qué diferentes son los mensajes del "mundo" respecto a los del Evangelio!: primero cuida de ti mismo, la caridad empieza por casa, confía en los mercados, y todos los "ismos": racionalismo económico, neoliberalismo, capitalismo y socialismo. Jesús retoma la pregunta retórica de Caín: "¿Soy acaso el guardián de mi hermano?", y nos da una respuesta afirmativa muy concreta en la parábola del Buen Samaritano.

      ¿Qué plan tiene el Consejo Provincial para evaluar y animar las obras educativas en una dinámica de solidaridad que supere los actos ocasionales de campañas y colectas?

      La fuerza de las llamadas actuales: más visibles las diferencias y más visibles también las posibilidades. En nuestra época de "globalización", las diferencias de recursos entre los pueblos y las personas, incluso cercanos entre sí, son abismales.

      Si no miramos con ojos críticos los procesos globalizadores del neoliberalismo, regidos exclusivamente por la lógica del mercado, corremos el riesgo de dejarnos arrastrar por sus aparentes beneficios. No percibiremos que si hay ricos en nuestra sociedad, es porque hay "empobrecidos" por el sistema. No nos daremos cuenta de la cantidad ingente de personas sacrificadas ante el ídolo de la eficacia económica: millones de trabajadores con salarios de miseria y niños esclavizados por un trabajo prematuro, generaciones de ciudadanos condenados a la pobreza y al subdesarrollo, millones de personas que mueren de hambre en países hipotecados por la deuda externa. La ONU ha advertido en su último Informe que las diferencias entre los más ricos y los más pobres aumentan alarmantemente.

      Estos y otros efectos y las amenazas del neoliberalismo sin control, son captados por muchos hombres y mujeres de buena voluntad y generan esfuerzos solidarios significativos como algunas ONGs, las campañas contra la Deuda Externa, el Jubileo, etc. La conciencia de las posibilidades que se nos ofrecen, las llamadas a un nuevo orden mundial y a las realizaciones innovadoras en este campo, son muy fuertes. Son signos de los tiempos que refuerzan y contextualizan las llamadas que desde el Evangelio se nos hacen.

16. Dar pasos concretos: Las exigencias para nuestra Vida y nuestra Misión. La solidaridad tiene pies y da pasos. Siempre está proponiéndonos un paso más para ir más lejos. Parte de un imperativo evangélico que, por tanto, se convierte para un cristiano en opción fundamental. No es algo que puedo tomar o dejar arbitrariamente. Moralmente hay que asumirla y hacerla realidad porque evangélicamente es básica y para nosotros fundacional.

      El mundo está luchando por encontrar un nuevo orden económico que establezca un equilibrio entre los incentivos personales y las responsabilidades sociales, tanto dentro de cada una de las naciones como de los bloques de naciones. Debemos contribuir en esta búsqueda tanto por ser miembros de una Iglesia cuya enseñanza social es inequívoca, como por pertenecer a un Instituto que vive la interdependencia.

      Mirando los recursos destinados a asegurar la vida de nuestros Hermanos y Comunidades. ¿Damos algo de lo que nos sobra o de las ventajas fiscales que nos ofrece la ley, o bien compartimos parte de lo que necesitamos? ¿Es la sobriedad y la sencillez en el uso de los recursos una fuente del compartir? Nuestro compartir, ¿tiene en cuenta la reflexión sobre nuestro estilo de vida o se limita a un gesto administrativo?

      Y si pensamos en nuestros proyectos apostólicos, ¿de qué manera administramos los recursos?, ¿damos prioridad a proyectos de fuerte tinte solidario que implican compartir nuestros recursos, o preferimos agrandar las obras ya existentes con proyectos un tanto "superfluos"?

      Corremos el riesgo de "aumentar nuestras reservas" y de promover o mantener obras porque facilitan crecimiento económico. En la vida práctica nos faltan criterios claros y concretos que sean referencia para conciliar la prudencia responsable y el riesgo evangélico. Esto lo percibo en varios aspectos, por ejemplo: los criterios del Consejo General y de las Provincias ante ciertos proyectos, construcciones y el estilo de la vivienda; la falta de discernimiento evangélico para orientar la administración de los bienes y las decisiones económicas.

      En tu Provincia ¿qué indicadores reales permiten ver que hemos optado por implicarnos en la creación de una cultura de la solidaridad y que estamos comprometidos en la educación de los jóvenes en y para la solidaridad?

      No podemos disociar el testimonio de nuestra vida colectiva de las opciones solidarias. El testimonio es una exigencia de fidelidad y de respuesta coherente a las llamadas que Dios nos hace y que se acentuaron con la canonización de Marcelino. Esta coherencia implica mucho más que compartir recursos. Exige personas dedicadas y, por supuesto, proyectos asumidos.

      Los pasos que demos en solidaridad han de ser visibles para nosotros y para los demás. Pero han de surgir como expresión de nuestro voto de pobreza y en respuesta a lo que Dios nos pide en nuestro seguimiento de Jesús. Desde 1993 ¿qué ha ocurrido en tu Provincia en cada uno de esos aspectos? (puede ser interesante cuantificarlos y reflexionarlos en comunidad).

 




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