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| Peter Hans Kolvenbach Sobre la vida comunitaria IntraText CT - Texto |
9. Aceptarnos mutuamente como somos
Es opinión unánime: la vida comunitaria es incómoda. Cierto, como reconoce el primer libro de la Biblia, no hemos sido creados para vivir solos. Pero en ese mismo libro se plantea también la cuestión: "¿Qué has hecho de tu hermano?". Mientras permanecemos solos, podemos prescindir de nuestras limitaciones y debilidades, contentarnos con nuestros ideales y pensamientos elevados. Pero desde el momento en que entramos en una vida comunitaria, asoma nuestra incapacidad de amar a todos sin excepción; y descubrimos lo que hay en el hombre: luces, sin duda, pero también tinieblas.
Sin embargo, a través de la penosa realidad de la primera semana de Ejercicios, Maestro Ignacio nos conduce hasta una "exclamación admirativa con crecido afecto", cuando descubrimos que, a pesar de todos los pesares y de ser como somos, el Señor nos ha "dejado en vida" (EE 60) para que podamos acompañarle en su misión. En este mismo espíritu cada uno de nosotros debe acogerse desde Dios y ser él mismo, para poder ser un "yo" para la comunidad, que a su vez nos acepta tal como somos, en una convivencia mutua sin la que la vida comunitaria resultaría estéril y hasta temible.