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| Peter Hans Kolvenbach Sobre la vida comunitaria IntraText CT - Texto |
6. La Eucaristía hacedora de comunidad
Fue el Señor mismo quien "instituyó el sacratísimo sacrificio de la Eucaristía en grandísima señal de su amor" (EE 289). La celebración cotidiana de la Eucaristía no es centro de la vida apostólica sólo para cada uno de nosotros. "La celebración comunitaria, en especial los días en que más fácilmente puede reunirse la comunidad" (NC 227,2), testimonia que la Eucaristía es el centro de la vida comunitaria (NC 315). Lo que se afirma acerca de la Iglesia (la Eucaristía hace la Iglesia, la Iglesia hace la Eucaristía), es también verdad acerca de la vida comunitaria. Sin pretender sugerir que la celebración de la Eucaristía sea la solución de todos los problemas comunitarios, puede decirse, sin embargo, que la calidad de nuestras celebraciones eucarísticas manifiesta en cierto modo nuestro deseo de vivir la koinonia, esa "estrecha participación de vida y bienes" al servicio de la misión de Cristo (cf. NC 315).
Ahora bien, hemos de constatar humildemente que una cierta tendencia al minimalismo litúrgico priva a la celebración comunitaria de la cualidad de la "memoria mía", requerida por la vida comunitaria para ser vivida en el Señor Jesús (I Cor 11,25). La nota de San Pablo se mantiene actual. Una comunidad que celebrara la Eucaristía para sus propios fines y según sus propios gustos, no celebraría "la cena del Señor". Por la Eucaristía diaria la comunidad se une a la oración sacerdotal de Cristo y de su amada Iglesia. Al hacer memoria de Cristo Jesús celebramos un misterio, porque es cierto que en El somos amigos, en El formamos comunidad. Nuestra manera de celebrar (elección de lugar, actitud corporal, respeto litúrgico que nos hace vivir al ritmo de los misterios de la vida de Cristo) debe ser tal que confiese el misterio de "comunión" que celebramos.