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Ioannes Paulus PP. II
Redemptionis donum

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Participación en el anonadamiento de Cristo

10. La finalidad interior de los consejos evangélicos conduce al descubrimiento de otros aspectos, que ponen de relieve su íntima relación con la economía de la Redención. Se sabe que ésta encuentra su punto culminante en el misterio pascual de Jesucristo, en el que se unen el anonadamiento mediante la muerte, y el nacimiento a una Vida nueva mediante la resurrección. La práctica de los consejos evangélicos lleva consigo un reflejo profundo de esta dualidad pascual[51]: la destrucción inevitable de todo lo que es pecado en cada uno de nosotros y su herencia, y la posibilidad de renacer cada día a un bien más profundo, escondido en el alma humana. Este bien se manifiesta bajo la acción de la gracia, a la cual la práctica de la castidad, pobreza y obediencia hace particularmente sensible el alma del hombre. La economía total de la Redención se realiza precisamente a través de esta sensibilidad a la misteriosa acción del Espíritu Santo, artífice directo de toda santidad. En este camino la profesión de los consejos evangélicos abre en cada uno de vosotros y vosotras, queridos Hermanos y Hermanas, un amplio espacio a la "criatura nueva"[52], que emerge en vuestro propio "yo" humano de la economía de la Redención y, a través de este "yo" humano, tambien en la dimensión interpersonal y social. Al mismo tiempo emerge pues en la humanidad como parte del mundo creado por Dios; de aquel mundo que el Padre amó "nuevamente" en el Hijo eterno, Redentor del mundo.

San Pablo dice de este Hijo que "a pesar de tener la forma de Dios... se anonadó, tomando la forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres"[53]. La característica del anonadamiento contenida en la práctica de los consejos evangélicos es por consiguiente una particularidad completamente cristocéntrica. Y por esto también el Maestro de Nazaret indica explícitamente la Cruz como condición para seguir sus huellas. El que una vez dijo a cada uno de vosotros "Sígueme", ha dicho además: "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (= camine tras mis huellas)[ 54]. Y lo decía a todos sus oyentes, no sólo a los discípulos. La ley de la renuncia pertenece, por consiguiente, a la misma esencia de la vocación cristiana. Sin embargo, pertenece de modo particular a la esencia de la vocación unida a la profesión de los consejos evangélicos. A los que se encuentran en el camino de esta vocación, hablarán también con un lenguaje comprensible aquellas difíciles expresiones que encontramos en la Carta a los Filipenses: por El "todo lo sacrifiqué y lo tengo por basura, con tal de ganar a Cristo y ser hallado en El"[55].

Renuncia pues -reflejo del misterio del Calvario- para "volver a encontrarse" más plenamente en Cristo crucificado y resucitado; renuncia, para reconocer en El plenamente el misterio de la propia humanidad y confirmarlo en el camino de aquel admirable proceso, del que el mismo Apóstol escribe en otro lugar: "mientras nuestro hombre exterior se corrompe, nuestro hombre interior se renueva de día en día"[56]. De este modo la economía de la Redención transfiere el poder del misterio pascual al terreno de la humanidad, dócil a la llamada de Cristo a la vida de castidad, pobreza y obediencia, o sea a la vida según los consejos evangélicos.




51 Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae caritatis, 5.



52 2 Cor. 5, 17.



53 Flp. 2, 6-7.



54 Mc. 8, 34; Mt. 16, 24.



55 Flp. 3, 8-9.



56 2 Cor. 4, 16.






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