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D) Testimonios y reflexión.
Hay que constatar que mi meditación ha sido seguida de cuatro testimonios,
de grandísima calidad todos ellos, que, ciertamente, han impresionado a los
jóvenes mucho más que mis profundas meditaciones (¡!). Independientemente de lo que mi
"ego" haya podido o no resentirse, esto me lleva a reflexionar
(precisamente) sobre testimonios y reflexión.
Los jóvenes demuestran una
gran sensibilidad, una gran capacidad de dejarse conmover, entusiasmar, pero
mucho menos de hacer una reflexión profunda ya sea sobre lo que se les dice, o
sea sobre su propia vida. Ello se debe sin duda a la cultura actual. Uno se
para ante lo que le toca, ante lo que le emociona. Se analiza poco. Esto
probablemente se debe también a la formación que han recibido que ha insistido
quizá demasiado en este sentido.
Quizás conviniera
reflexionar sobre la noción de "testimonio", de la que tanto se habla
hoy. Pablo VI ha dicho muy bien que el mundo actual tiene más necesidad de
"testigos" que de "predicadores". Pero hay testigos y
testigos, testimonios y testimonios. Una cosa es el testimonio de una persona
con quien se vive, a quien se ve cada día, cuya fidelidad inquebrantable a una
misión y un compromiso se puede constatar, a través de las dificultades y
tensiones de la vida, aunque tal persona no nos habla nunca de su propia vida.
Otra cosa es el relato autobiográfico de un cuarto o de media hora llamado
"testimonio", en el que una persona cuenta lo que vive y que puede no
ser sino uno de los numerosos aspectos de lo que vive. Una vez más debo decir
que los testimonios que hemos escuchado en este Congreso fueron excelentes en
su conjunto, y que nos han permitido contemplar a jóvenes que parecen vivir auténticamente
su vida religiosa en situaciones a menudo difíciles.
Que escuchar semejantes descripciones sea cautivador, estimulante, es
evidentemente muy bueno. Pero ¿tendrá, salvo excepciones, una influencia duradera en la vida de los
jóvenes, si no va acompañado de un esfuerzo de reflexión ? Y, evidentemente, la
reflexión no puede tratar de la experiencia misma que se nos acaba de
describir y que no se conoce sino parcialmente (no se ha oído el testimonio de
quienes viven con esos testigos), sino que trata de los cuestiones
fundamentales planteadas por esos testimonios.
En verdad, yo no he percibido entre los jóvenes del Congreso (y es
probablemente característica de los jóvenes - y menos jóvenes - de hoy en
general ) una gran capacidad de reflexionar, de analizar las
situaciones, los aspectos de su vida religiosa. Me parece esto una cuestión importante para los
formadores. El apoyo y el estímulo que emanan de los ejemplos y de
los testigos son importantes pero no serán suficientes en las grandes dificultades.
Es preciso habituar a los jóvenes a analizar las situaciones y a reflexionar
constantemente sobre el sentido de lo que viven, a fin de poder continuar
viviendo cuando éstos faltan.
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