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E) ¿Qué imágenes hablan a los
jóvenes ?
Una de las tres cuestiones
dadas a los participantes para el trabajo de taller trataba sobre lo que
alimenta su vida espiritual. Tengo la impresión de que la traducción inglesa de
esta cuestión la ha modificado un poco y la ha transformado en otra, por otra
parte muy interesante : ¿Qué imagen es para vosotros la más
sugestiva? (o algo parecido). Desde luego las respuestas son muy
interesantes. En mi ponencia, para mostrar el enraizamiento bíblico de la vida
consagrada, y para mostrar también el papel que juega el Espíritu Santo en toda
la génesis de la vida religiosa, yo había utilizado varios iconos bíblicos, es
decir, pasajes bíblicos particularmente preñados de sentido, pero que no nos
revelan su significado sin un esfuerzo de meditación y de reflexión. Y lo
importante para mí era crear una visión global de los diversos aspectos de la
vida espiritual religando entre sí todos estos iconos.
Desde luego, en los talleres, casi ninguno de estos pasajes bíblicos ha
sido retomado. Las imágenes mencionadas como imágenes que les
"hablan", han sido las del Buen Pastor, Jesús con la Samaritana, la
Parábola del Hijo Pródigo, etc. En suma, hermosísimos pasajes del Evangelio, pero también
imágenes que suscitan espontáneamente un sentimiento bueno. El peligro está
entonces en quedarse en esta impresión, ese sentimiento bueno, en el
sentimiento, por otra parte tan importante, de sentirse amado por Dios. En el
encuentro de Jesús con la Samaritana, uno se detiene ante el hecho de que Dios
habla a una Samaritana, pero parece no prestar atención al mensaje contenido en
la conversación de Jesús con la Samaritana.
Hay en ello una tendencia
actual de la enseñanza y de la predicación. La parábola clásica, utilizada por
Jesús, estaba construida de tal manera que obligaba a reflexionar y, sobre
todo, obligaba a hacer una elección. ¿Quién ha sido
el prójimo del hombre caído bajo los golpes de los ladrones?" - Esto es
algo muy diferente de historias edificantes conmovedoras, interesantes, de que
están llenas nuestras homilías y testimonios de hoy que suscitan en la asamblea
sentimientos agradables (o desagradables, según elija el hablante) pero que
casi nunca conducen a una reflexión ni a una elección personal. En este
sentido, los jóvenes son, en cierta medida, el fruto de nuestras homilías.
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