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P. Amedeo Cencini, FDCC
El riesgo y la cruz en la vida del/de la joven

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2. Virginidad: ¿compartir o secuestrar un carisma?

 

Estos hechos, y en general la reacción pública o la agresión de la prensa o de cierta prensa que parece vorazmente sedienta de escándalos clericales, están diciendo algo fundamental: el celibato/virginidad es visto aún como un hecho puramente clerical o religioso, algo sustancialmente no natural o fuera del tiempo, de la cultura y de las opciones de la mayoría, y de estrecha pertenencia de curas y frailes y monjas. Por un lado, hay una zona amplia de la opinión pública que lo percibe como algo irritante y embarazoso4; por otro, hay quien lo contempla gratuitamente como algo heroico, accesible sólo a pocos recomendados y que, sea como sea, consiente pedir todo y más que todo al super-hombre cura o fraile, como imponiéndole un ideal imposible; en medio está quien lo mira con notable desconfianza y busca y halla confirmaciones a sus sospechas en las periódicas noticias escandalosas o se divierte descubriendo y enfatizando las infidelidades del reverendo. Para todos representa una elección arriesgada y demasiado comprometedora, poco recomendable para un joven que está proyectando su futuro.

 

Estas reacciones revelan ampliamente no sólo la idea que tienen los demás acerca de nuestro celibato, sino quizá la que tenemos nosotros mismos, que nunca nos la hemos planteado, que en cierto modo soportamos (aun desde la opinión pública) y, por consiguiente, también revelan bien a las claras la calidad de nuestro testimonio.

 

Es necesario y absolutamente indispensable, hoy, tener la valentía de revisar esta idea, de someterla a una saludable reflexión. Encontramos aquí una importante conversión que llevar adelante, con notables repercusiones en el contexto formativo, de la formación inicial y permanente y de sus fases, y, por tanto, también en la vivencia existencial del sacerdote y de la calidad de su vida y   anuncio: ser célibe no puede por menos que tener una inmediata resonancia en todos estos niveles, pero es necesario aclarar previamente la idea que se tiene de ello.

 




4 “El celibato de los sacerdotes irrita a muchos porque es el último signo de la posibilidad de vivir de forma diversa en el mundo” (V. Messori, en “Avvenire” del día 22/IV/1995, p. 12). Le hace de eco Sam Ewing en su Mature Living: “No hay nada más embarazoso que observar a alguien que hace aquello que habías declarado imposible de hacer”.






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