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| Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica Caminar desde Cristo IntraText CT - Texto |
45. No es posible quedarse al margen ante los grandes e inquietantes problemas que atenazan a la entera humanidad, ante las perspectivas de un desequilibrio ecológico, que hace inhabitables y enemigas del hombre vastas áreas del planeta. Los países ricos consumen recursos a un ritmo insostenible para el equilibrio del sistema, haciendo que los países pobres sean cada vez más pobres. Ni se pueden olvidar los problemas de la paz, amenazada a menudo con la pesadilla de guerras catastróficas.138
La codicia de los bienes, el ansia de placer, la idolatría del poder, o sea la triple concupiscencia que marca la historia y que está en el origen de los males actuales sólo puede ser vencida si se descubren los valores evangélicos de la pobreza, la castidad y el servicio.139 Los consagrados deben saber proclamar, con la vida y con la palabra, la belleza de la pobreza del espíritu y de la castidad del corazón que liberan el servicio hacia los hermanos y de la obediencia que hace duraderos los frutos de la caridad.
¿Cómo se puede, en fin, permanecer pasivos frente al vilipendio de los derechos humanos fundamentales?140 Se debe prestar especial atención a algunos aspectos de la radicalidad evangélica que a menudo son menos comprendidos, pero que no pueden por ello desaparecer de la agenda eclesial de la caridad. El primero de todos, el respeto a la vida de cada ser humano desde la concepción hasta su ocaso natural.
En esta apertura al mundo y en dirigirlo a Cristo de tal manera que las realidades todas encuentren en Él el propio y auténtico significado, las laicas y los laicos consagrados de los Institutos seculares ocupan un lugar privilegiado: en efecto, en las comunes condiciones de vida participan en el dinamismo social y político y, por su seguimiento de Cristo, les dan nuevo valor, obrando así eficazmente por el Reino de Dios. Precisamente en virtud de su consagración, vivida sin signos externos, como laicos entre laicos, pueden ser sal y luz también en aquellas situaciones en las que una visibilidad de su consagración constituiría un impedimento o incluso un rechazo.