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Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica
Caminar desde Cristo

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Comunión entre carismas antiguos y nuevos

 

30. La comunión que los consagrados y consagradas están llamados a vivir va más allá de la familia religiosa o del propio Instituto. Abriéndose a la comunión con los otros Institutos y las otras formas de consagración, pueden dilatar la comunión, descubrir las raíces comunes evangélicas y juntos acoger con mayor claridad la belleza de la propia identidad en la variedad carismática, como sarmientos de la única vid. Deberían competir en la estima mutua (cf. Rm 12, 10) para alcanzar el carisma mejor, la caridad (cf. 1Co 12, 31).

Se debe favorecer el encuentro y la solidaridad entre los Institutos de vida consagrada, conscientes de que la comunión «está estrechamente unida a la capacidad de la comunidad cristiana para acoger todos los dones del Espíritu. La unidad de la Iglesia no es uniformidad, sino integración orgánica de las legítimas diversidades. Es la realidad de muchos miembros unidos en un solo cuerpo, el único Cuerpo de Cristo (cf. 1Co 12.12)».95

Puede ser el comienzo de una búsqueda solidaria de caminos comunes para el servicio de la Iglesia. Factores externos como la obligación de adaptarse a las nuevas exigencias de los Estados, y causas internas de los Institutos, como la disminución de los miembros, orientan ya a coordinar los esfuerzos en el campo de la formación, de la gestión de los bienes, de la educación, de la evangelización. También en tal situación podemos acoger la invitación del Espíritu a una comunión siempre más intensa. A esta labor se anima a las Conferencias de Superiores y Superioras Mayores y a las Conferencias de los Institutos seculares, a todos los niveles.

No se puede afrontar el futuro en dispersión. Es la necesidad de ser Iglesia, de vivir juntos la aventura del Espíritu y del seguimiento de Cristo, de comunicar las experiencias del Evangelio, aprendiendo a amar la comunidad y la familia religiosa del otro como la propia. Los gozos y los dolores, las preocupaciones y los acontecimientos pueden ser compartidos y son de todos.

También en relación con las nuevas formas de vida evangélica se pide diálogo y comunión. Estas nuevas asociaciones de vida evangélica, recuerda Vita consecrata, «no son alternativas a las precedentes instituciones, las cuales continúan ocupando el lugar insigne que la tradición les ha reservado. (...) Los antiguos Institutos, muchos de los cuales han pasado en el transcurso de los siglos por el crisol de pruebas durísimas que han afrontado con fortaleza, pueden enriquecerse entablando un diálogo e intercambiando sus dones con las fundaciones que ven la luz en nuestro tiempo».96

Finalmente, del encuentro y de la comunión con los carismas de los movimientos eclesiales puede nacer un recíproco enriquecimiento. Los movimientos pueden ofrecer a menudo un ejemplo de frescura evangélica y carismática, así como un impulso generoso y creativo a la evangelización. Por su parte los movimientos, así como las formas nuevas de vida evangélica, pueden aprender mucho del testimonio gozoso, fiel y carismático de la vida consagrada, que guarda un riquísimo patrimonio espiritual, múltiples tesoros de sabiduría y de experiencia y una gran variedad de formas de apostolado y de compromiso misionero.

Nuestro Dicasterio ha ofrecido ya criterios y orientaciones siempre válidas para la inserción de religiosos y religiosas en los movimientos eclesiales.97 Lo que aquí quisiéramos más bien subrayar es la relación de conocimiento y de colaboración, de estímulo y del compartir que podría establecerse no sólo entre cada una de las personas sino entre los Institutos, movimientos eclesiales y nuevas formas de vida consagrada, en vista de un crecimiento en la vida del Espíritu y del cumplimiento de la única misión de la Iglesia. Se trata de carismas nacidos del impulso del mismo Espíritu, ordenados a la plenitud de la vida evangélica en el mundo, llamados a realizar juntos el mismo proyecto de Dios para la salvación de la humanidad. La espiritualidad de comunión se realiza precisamente también en este amplio diálogo de la fraternidad evangélica entre todos los miembros del Pueblo de Dios.98

 




95 Novo millennio ineunte, 46.



96 Vita consecrata, 62.



97 Cf. La vida fraterna en comunidad, 62; cf. Vita consecrata, 56.



98 Cf. Novo millennio ineunte, 45.






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