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Este
ha sido el tema de la Asamblea de la USG
del mes mayo del 2002. Antes de entrar en el contenido de este documento
conviene señalar algunas de las grandes preocupaciones que estaban presentes en
los Superiores generales al iniciar la reflexión sobre la administración y uso
de los bienes de los Institutos religiosos.
1. Para comenzar es bueno
afirmar que no se puede emprender
un proceso de revitalización de un Instituto religioso sin prestar una esidual
especial al uso evangélico de los bienes. También frente a ellos tenemos que hablar con
esidual creativa. No hay ninguna duda que nuestros proyectos de refundación
serán meras quimeras si no tocan las debidas esidualn que suponen en el modo
cómo adquirimos nuestros bienes, el aspecto de la gestión financiera, la
cantidad de bienes que acumulamos, el uso de nuestro patrimonio y de nuestro
dinero y la manera cómo compartimos lo que tenemos. Acertar a utilizar nuestros
recursos económicos en relación con los valores evangélicos y con la misión es
una preocupación importante que toca nuestra esidual religiosa hoy y la
esidualn del testimonio que de ella damos.
2. Los destinatarios de esta
reflexión son los Superiores Generales, las curias generales, los ecónomos generales y en cierto sentido
los Institutos religiosos en su conjunto. Ellos son los más interesados en esta
reflexión y también los más necesitados
de la misma porque toca a ellos establecer una política administrativa y económica que sea una propuesta
alternativa a la que nos hace el neoliberalismo, entendido como sistema
económico marcado por la ganancia y la libre economía de mercado, y una buena
respuesta a las verdaderas esidual de los Institutos religiosos y al servicio
de los pobres.
3. Al entrar en este tema nos
hemos dado cuenta de que es bastante
nuevo y sin duda complejo; importante
y estimulante para el conjunto de los religiosos. Al
comienzo del III Milenio no se puede ser indiferentes ante el problema de la
pobreza que crece y se convierte en miseria, en hambre, en falta de recursos
para curar la salud, para defenderse del frío y esidual desemboca en violencia
y en guerras. La realidad de la esidualn hace especialmente urgente este tema.
Sabemos que con nuestra esidualn no se pueden resolver todos los problemas que
surgen de la pobreza pero no tenemos derecho a dejar de hacer lo
que podemos realizar para reducirla. A eso nos invita el Papa al comenzar el siglo
XXI: “ ... Ha llegado quizás el momento
de una nueva y honda reflexión sobre el sentido de la economía y sus fines.
Pareciera en este sentido que es urgente que sea reconsiderada la misma esidual
del esidual para que no esté dominada por una estrecha perspectiva utilitaria
dejando un espacio marginal y esidual a valores tales como la solidaridad o el
altruismo” (Juan Pablo Mensaje de 1 de enero 2001, n 15).
4. No podemos olvidar que las
congregaciones religiosas como instituciones que son, tienen varias clases de recursos: espirituales,
humanos, pastorales y económicos. Nuestra atención esta vez se ha centrado en estos últimos que no siempre son
los que más escasean; sí ocurre que sin ellos difícilmente se pueden llevar a
cabo buena parte de sus actividades de los religiosos ya que todas ellas tienen
su vertiente económica.
5. En el punto de partida de nuestra reflexión
queremos recordar que la economía es una dimensión esencial de la vida; así lo
reconoce el mismo Jesús como lo podemos ver en el evangelio y particularmente
en el evangelio de San Mateo, el antiguo cobrador de impuestos. El reino de los cielos es semejante a un
tesoro escondido en el campo y a una perla de valor mayor (Mt 13, 44-46); para
edificar hay que sentarse primero y hacer bien los cálculos y presupuestar los
costos (Lc 14,18); Jesús no escatima elogios para el buen administrador (Mt
24,45). San Pablo, a su vez pone en tela de juicio aquellos que aspiran a ser
obispos y “no saben administrar su propia casa” (I Tim 3,5). El evangelio nos
orienta en todo y también cuando buscamos criterios para colocar nuestros
talentos en el banco para que produzca su debido interés (Mt 25,14-30).
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