SÍNTESIS
DE LAS RESPUESTAS
DE LOS
CAPÍTULOS INSPECTORIALES
4.
Del análisis de la
documentación enviada por los Capítulos Inspectoriales emerge que la realidad
en la cual vivimos está marcada por el cambio y la complejidad debido a las
numerosas variables que entran en juego. Luces y sombras se entrecruzan y
parecen convivir en un claro-oscuro de colores. Algunos indicadores, al mismo
tiempo que evidencian los gérmenes de bien presentes, indican el camino a
seguir para responder cada vez mejor a las exigencias de la persona y de la
comunidad en el contexto eclesial y cultural de hoy. Son exigencias de comunión
que implican una profunda relación con Dios, entre nosotros, con las jóvenes y
los jóvenes y con el mundo entero.
5.
Respecto a la
relación con Dios se captan, de forma discreta pero decidida, claras señales de
una cultura de la vida. La búsqueda de Dios, la necesidad de espiritualidad y
de radicalidad evangélica, la creciente valoración de la palabra de Dios son
expresión de los gérmenes de vida presentes en la sociedad actual. Nuestras
comunidades se resienten, sin embargo, de los condicionantes del contexto
socio-cultural caracterizado por la indiferencia religiosa y por el secularismo
en sus múltiples formas de desacralización, de idolatría, de organización de la
vida sin Dios. En la vertiente opuesta, pero igualmente negativa por sus
efectos, se sitúan las varias expresiones del fundamentalismo religioso.
Además, resulta problemático el pluralismo de propuestas. En efecto, si por una
parte estimula el sentido de responsabilidad, por otra puede desorientar ante
las opciones existenciales provocando en las personas división interior e
incapacidad de tomar decisiones.
6.
Respecto a las
relaciones interpersonales se entrevén signos que expresan el deseo de diálogo,
de comunión y de compartir. La búsqueda de calidad en las relaciones promueve no
sólo una mejor relación entre cada una de las personas y la comunidad, sino
también la capacidad de vivir conscientemente la interdependencia. Al mismo
tiempo se registran algunos signos de malestar que llenan de tensión la
vivencia personal, comunitaria y social. En las diferentes partes del planeta
estallan rivalidades, violencias y múltiples formas de atentados a la dignidad
de la persona humana. La corrupción y la injusticia, experimentadas también en
el ámbito institucional, minan las relaciones generando desconfianza, exclusión
y explotación de las categorías más pobres.
7.
Por lo que respecta a
la misión educativa, se indica la presencia de elementos positivos que abren el
corazón a la esperanza y son una señal elocuente de ciudadanía evangélica. Una
gran exigencia de solidaridad se advierte en los grupos y en los movimientos
que se comprometen en la defensa de la vida y de la dignidad de la persona, con
una atención prioritaria al mundo de los excluidos, especialmente el de la mujer.
Los desafíos del cambio socio-cultural estimulan a los agentes educativos a
situarse en la realidad actual con una conciencia más explícita de la necesidad
de educar en una conciencia crítica sobre la base de los valores que respetan y
promueven la dignidad de la persona. La búsqueda de significatividad en las
presencias educativas es un estímulo para organizarse en red, con actitudes de
recíproca valoración y corresponsabilidad. Son múltiples las situaciones de
desgaste que debilitan la pasión educativa, a pesar de que al mismo tiempo
movilizan las energías positivas para promover una cultura nueva. En los
diversos ámbitos de la vida social se multiplican las consecuencias perversas
del neoliberalismo, del materialismo, del consumismo, del permisivismo y del
relativismo ético. No son menos evidentes e igualmente graves las situaciones
relativas a la disgregación de la familia, a la explotación de la mujer y a las
diversas formas de discriminación.
8.
La convivencia de
contrastes interpela a la sociedad, en particular a la Iglesia, la cual propone
a todos los creyentes que se comprometan a favor de una cultura de comunión
como respuesta a las expectativas profundas del corazón humano y como signo de
fidelidad a Dios, Trinidad de personas en comunión. Las comunidades
inspectoriales ponen en evidencia la significatividad de su presencia cuando,
dentro de los caminos eclesiales, se comprometen a vivir la comunión teologal y
solidaria como expresión de ciudadanía evangélica. Esta se presenta, por un
lado, como esperanza ya en acto; por otro, como llamada a una nueva comprensión
y a una nueva expresión de la vida religiosa salesiana. La exigencia de
comunión encuentra su fundamento en la Alianza, se expresa en la comunidad,
entendida como taller de ciudadanía evangélica, e implica el compromiso de
educar y educarnos recíprocamente a la solidaridad para una cultura de la paz.
Todo esto exige la preocupación por un camino formativo a todos los niveles,
como ya se indica en el Proyecto formativo del Instituto.
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