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Tema del CG XXI

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  • SÍNTESIS DE LAS RESPUESTAS DE LOS CAPÍTULOS INSPECTORIALES
    • Fundamentos de la ciudadanía evangélica
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Fundamentos de la ciudadanía evangélica

 

 

1.      De los datos recogidos emerge que la Alianza se comprende y se vive como un pacto de amor: Dios nos convoca para la comunión y la misión. La Alianza tiene su fundamento   en la iniciativa gratuita del amor de Dios que abraza a todos, entra en solidaridad con la humanidad entera y suscita una respuesta de libre adhesión. La Alianza radica en la Trinidad, fuente de vida y de comunión y es posible gracias al sí del Hijo y a la disponibilidad incondicional de María. Además, la alianza se entiende como pertenencia total a Dios, como signo de la respuesta de amor esponsal, que exige de nosotros fidelidad y creatividad, autenticidad y radicalidad. Expresión de esta Alianza es la conciencia de pertenecer a Dios, de formar parte del pueblo elegido por él para realizar una misión. Concretamente, esta se vive en una comunidad llamada a ser respuesta de salvación a las esperanzas de los jóvenes (Cf. C 1). La experiencia del amor esponsal, que nos conforma gradualmente con Cristo, favorece la construcción de comunidades abiertas a los retos de la socio-cultura actual. Entre los consejos evangélicos, las aportaciones de las inspectorías subrayan especialmente el voto de pobreza, entendido como un estilo de vida sobrio y esencial. Al mismo tiempo que hacen referencia a una respuesta de fidelidad al Señor que compromete a la FMA a asumir los consejos evangélicos con el espíritu de las bienaventuranzas y a vivirlas en comunión con las hermanas en el testimonio gozoso de cada día.

 

2.      En todas las inspectorías la escucha de la palabra de Dios se considera opción prioritaria, criterio de discernimiento para leer la realidad en el ámbito personal y comunitario y  en la misión educativa. La palabra de Dios, escuchada sobre todo en la participación cotidiana  en la Eucaristía, ilumina y fortalece a la persona, habilitándola para obrar como Jesús en cualquier situación y en cualquier encuentro, haciéndola capaz de una mirada contemplativa. Compartida en la comunidad, se hace tema de diálogo, de discernimiento, de confrontación y de colaboración. Al mismo tiempo puede dar calidad a la relación, purificándola de formas de egoísmo, de superficialidad, de fragmentariedad, para abrirla, en la libertad, al amor incondicional hacia los otros. Respecto a la misión, la palabra de Dios leída, rezada y compartida con los jóvenes y con la comunidad educativa, acrecienta la pasión  educativa, se convierte en criterio para interpretar la realidad, discernir la voluntad de Dios dentro de la trama de la historia y para abrirse, en la Iglesia, a una misión más solidaria con los pobres.

 

3.      En el compromiso de traducir las exigencias de la Alianza en lo cotidiano, las comunidades han destacado su realidad dinámica. Vivir la Alianza implica, efectivamente, un camino de continua conversión y de acogida del misterio pascual de Cristo en la propia vida. Este proceso requiere disponibilidad al cambio en actitud de éxodo, tanto en el ámbito personal como comunitario, es ocasión de crecimiento humano y cristiano, prepara para aceptar y valorar las dificultades, pruebas y sufrimientos desde la realidad de la paradoja evangélica de muerte para la vida y abre al compromiso de solidaridad con los pobres. En la síntesis de los Capítulos inspectoriales, la Eucaristía es comprendida como fundamento de la Alianza nueva y eterna, fuente de gratuidad en la donación, de relaciones interpersonales marcadas por la comunión, de solidaridad con los pobres. El sacramento de la Reconciliación es considerado como una experiencia concreta de la bondad y de la misericordia de Dios que libera y recrea a la persona desde dentro. Se entiende como lugar para el ejercicio dinámico del perdón dado y recibido, que nos hace mujeres capaces de construir en lo cotidiano la comunión, la solidaridad y la paz. Es frecuente la referencia a la oración sencilla, creativa, vital, que refleja las necesidades del mundo. Una oración encarnada, compartida con la gente. A pesar de esto, existe la dificultad de procurar encontrar el tiempo y el espacio para la vida sacramental, para la misma oración, para la reflexión. Se advierte también el peligro de concebir la Alianza en un sentido intimista, individualista, que no incide en la calidad evangélica de la vida cotidiana. Por otra parte, se descubre que el activismo lleva a la fragmentariedad, a la dicotomía entre fe y vida, a la incoherencia, a la superficialidad, al debilitamiento de la unidad vocacional y al desánimo

 

4.      Los Capítulos inspectoriales ven en María a la mujer de la Alianza, presente en la vida de las FMA como compañera de viaje que encamina a ser fieles a Dios en la historia. Ella, discípula de la Palabra, la primera que ha vivido profundamente las bienaventuranzas, anima a cada una a vivir con radicalidad el seguimiento de Cristo. Como ella, las FMA tratan de testimoniar, en la Iglesia, a través de la comunión y de la solidaridad, el papel fundamental de la mujer en la construcción de un mundo más humano. Según el ejemplo de María, mujer de su pueblo, son conscientes de ser llamadas a evangelizar las culturas, a atender a los jóvenes mediante la misión educativa, especialmente favoreciendo en las jóvenes mujeres el desarrollo de los recursos específicamente femeninos.

 

5.      Las Inspectorías subrayan la conciencia de estar insertas en la Alianza que Dios ha establecido con don Bosco y con la madre Mazzarello. Advierten la llamada a estar activamente presentes en la Familia salesiana  aportando su específica contribución femenina y mariana (Cf. C 3 y 4). También ponen de relieve que la fuerza del carisma orienta a las comunidades a vivir el optimismo, la pasión educativa y el compartir la espiritualidad salesiana con los seglares. Subrayan la importancia de correr nuevos riesgos, juntamente con ellos, para expresar más eficazmente el carisma, recorriendo los caminos de la corresponsabilidad y de la reciprocidad, del diálogo y del perdón. Se comprometen a elaborar y promover una cultura de la vida que coloque en el centro la dignidad de la persona, según el designio de Dios.

 




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