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1.
De los datos
recogidos emerge que la Alianza se comprende y se vive como un pacto de amor:
Dios nos convoca para la comunión y la misión. La Alianza tiene su fundamento en la iniciativa gratuita del amor de Dios
que abraza a todos, entra en solidaridad con la humanidad entera y suscita una
respuesta de libre adhesión. La Alianza radica en la Trinidad, fuente de vida y
de comunión y es posible gracias al sí del Hijo y a la disponibilidad
incondicional de María. Además, la alianza se entiende como pertenencia total a
Dios, como signo de la respuesta de amor esponsal, que exige de nosotros
fidelidad y creatividad, autenticidad y radicalidad. Expresión de esta Alianza es
la conciencia de pertenecer a Dios, de formar parte del pueblo elegido por él
para realizar una misión. Concretamente, esta se vive en una comunidad llamada
a ser respuesta de salvación a las esperanzas de los jóvenes (Cf. C 1). La
experiencia del amor esponsal, que nos conforma gradualmente con Cristo,
favorece la construcción de comunidades abiertas a los retos de la
socio-cultura actual. Entre los consejos evangélicos, las aportaciones de las
inspectorías subrayan especialmente el voto de pobreza, entendido como un
estilo de vida sobrio y esencial. Al mismo tiempo que hacen referencia a una
respuesta de fidelidad al Señor que compromete a la FMA a asumir los consejos
evangélicos con el espíritu de las bienaventuranzas y a vivirlas en comunión
con las hermanas en el testimonio gozoso de cada día.
2.
En todas las
inspectorías la escucha de la palabra de Dios se considera opción prioritaria,
criterio de discernimiento para leer la realidad en el ámbito personal y
comunitario y en la misión educativa. La
palabra de Dios, escuchada sobre todo en la participación cotidiana en la Eucaristía, ilumina y fortalece a la
persona, habilitándola para obrar como Jesús en cualquier situación y en
cualquier encuentro, haciéndola capaz de una mirada contemplativa. Compartida
en la comunidad, se hace tema de diálogo, de discernimiento, de confrontación y
de colaboración. Al mismo tiempo puede dar calidad a la relación, purificándola
de formas de egoísmo, de superficialidad, de fragmentariedad, para abrirla, en
la libertad, al amor incondicional hacia los otros. Respecto a la misión, la
palabra de Dios leída, rezada y compartida con los jóvenes y con la comunidad
educativa, acrecienta la pasión
educativa, se convierte en criterio para interpretar la realidad,
discernir la voluntad de Dios dentro de la trama de la historia y para abrirse,
en la Iglesia, a una misión más solidaria con los pobres.
3.
En el compromiso de
traducir las exigencias de la Alianza en lo cotidiano, las comunidades han destacado
su realidad dinámica. Vivir la Alianza implica, efectivamente, un camino de
continua conversión y de acogida del misterio pascual de Cristo en la propia
vida. Este proceso requiere disponibilidad al cambio en actitud de éxodo, tanto
en el ámbito personal como comunitario, es ocasión de crecimiento humano y
cristiano, prepara para aceptar y valorar las dificultades, pruebas y
sufrimientos desde la realidad de la paradoja evangélica de muerte para la vida
y abre al compromiso de solidaridad con los pobres. En la síntesis de los
Capítulos inspectoriales, la Eucaristía es comprendida como fundamento de la
Alianza nueva y eterna, fuente de gratuidad en la donación, de relaciones
interpersonales marcadas por la comunión, de solidaridad con los pobres. El sacramento
de la Reconciliación es considerado como una experiencia concreta de la bondad
y de la misericordia de Dios que libera y recrea a la persona desde dentro. Se
entiende como lugar para el ejercicio dinámico del perdón dado y recibido, que
nos hace mujeres capaces de construir en lo cotidiano la comunión, la
solidaridad y la paz. Es frecuente la referencia a la oración sencilla,
creativa, vital, que refleja las necesidades del mundo. Una oración encarnada,
compartida con la gente. A pesar de esto, existe la dificultad de procurar
encontrar el tiempo y el espacio para la vida sacramental, para la misma
oración, para la reflexión. Se advierte también el peligro de concebir la
Alianza en un sentido intimista, individualista, que no incide en la calidad evangélica
de la vida cotidiana. Por otra parte, se descubre que el activismo lleva a la
fragmentariedad, a la dicotomía entre fe y vida, a la incoherencia, a la
superficialidad, al debilitamiento de la unidad vocacional y al desánimo.
4.
Los Capítulos
inspectoriales ven en María a la mujer de la Alianza, presente en la vida de
las FMA como compañera de viaje que encamina a ser fieles a Dios en la
historia. Ella, discípula de la Palabra, la primera que ha vivido profundamente
las bienaventuranzas, anima a cada una a vivir con radicalidad el seguimiento
de Cristo. Como ella, las FMA tratan de testimoniar, en la Iglesia, a través de
la comunión y de la solidaridad, el papel fundamental de la mujer en la
construcción de un mundo más humano. Según el ejemplo de María, mujer de su
pueblo, son conscientes de ser llamadas a evangelizar las culturas, a atender a
los jóvenes mediante la misión educativa, especialmente favoreciendo en las
jóvenes mujeres el desarrollo de los recursos específicamente femeninos.
5.
Las Inspectorías
subrayan la conciencia de estar insertas en la Alianza que Dios ha establecido
con don Bosco y con la madre Mazzarello. Advierten la llamada a estar
activamente presentes en la Familia salesiana
aportando su específica contribución femenina y mariana (Cf. C 3
y 4). También ponen de relieve que la fuerza del carisma orienta a las
comunidades a vivir el optimismo, la pasión educativa y el compartir la
espiritualidad salesiana con los seglares. Subrayan la importancia de correr
nuevos riesgos, juntamente con ellos, para expresar más eficazmente el
carisma, recorriendo los caminos de la corresponsabilidad y de la reciprocidad,
del diálogo y del perdón. Se comprometen a elaborar y promover una cultura de la
vida que coloque en el centro la dignidad de la persona, según el designio de
Dios.
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