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Propuestas
6.
En las inspectorías
se halla muy presente la exigencia de reconocimiento de la primacía de Dios,
viviendo las bienaventuranzas evangélicas, favoreciendo la unificación
interior, superando la dicotomía entre la fe y la vida. Se experimenta el
llamamiento a educarse y educar a la interioridad y al silencio, potenciando la
dimensión contemplativa. Llevar la vida a la oración y la oración a la vida
representa una urgencia ineludible para elaborar la síntesis entre la primacía
de Dios y don de sí, la relación fraterna y la pasión educativa.
7.
Se pone en evidencia
la necesidad de fundamentar la vida sobre una profunda experiencia de
Dios-Trinidad y de centrarla en Cristo conformándose a Él por la gracia del
Espíritu. Al mismo tiempo que se reconoce el camino realizado en la escucha de
la palabra de Dios, se pone de manifiesto la necesidad de enraizarse más en
ella, de profundizarla, vivirla y compartirla también con los seglares,
promoviendo espacios de reflexión con ellos.
Emerge la exigencia de vivir en actitud de
discernimiento a la luz de la Palabra, en un clima de constante revisión de las
motivaciones de la opción radical por Jesús y por su Reino, que abre a las
nuevas fronteras de la misión educativa. De las síntesis de las inspectorías
emerge la necesidad de: · cuidar
los momentos de revisión de la propia vida espiritual para progresar en el
camino de conversión evangélica; · revitalizar
la oración personal y comunitaria mejorando su calidad y sus formas para que
sea más profunda, liberadora, inculturada, a fin de implicarse evangélicamente
en los problemas del mundo; · valorizar
más la participación en la Eucaristía y la frecuencia del sacramento de la
Reconciliación, piedras angulares de nuestra experiencia de cristianas que
viven las bienaventuranzas y columnas del sistema educativo salesiano; · celebrar con renovado empeño la
liturgia de las horas, conscientes de participar en la gran plegaria de la
Iglesia.
8.
Vuelve, además, con
insistencia la necesidad de reavivar la espiritualidad mariana, reconociendo en
María la mujer de la Alianza, la madre y la educadora que tiene cuidado de su
pueblo. Se considera fundamental redescubrir y vivir las actitudes de María,
reveladas en el canto del Magníficat y asumir de una forma particular su
mirada vigilante y atenta para ser promotoras de comunión.
9.
Las inspectorías
revelan la importancia de recrear en el hoy el espíritu de Mornese, viviendo la
espiritualidad salesiana en femenino, cualificándola como profecía de nuestro
ser con los rasgos de la presencia educativa salesiana y viviendo en
profundidad el da mihi animas según la consigna: A ti te las confío.
Subrayando, además, la exigencia de comprender y vivir en las comunidades
educativas el sistema preventivo como camino de formación y de recíproco
enriquecimiento, como condición indispensable para educar y educarse para una
ciudadanía responsable, enraizada en el evangelio.
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