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Educarnos y educar a la ciudadanía evangélica
23. Las
síntesis de los Capítulos inspectoriales ponen de relieve una gran abundancia
de iniciativas y de acciones que se insertan de modo conveniente en el tejido
socio-cultural y responden a necesidades educativas concretas. Muchas comunidades
educativas se dejan interpelar por las problemáticas inherentes a la
globalización que caracteriza nuestra sociedad, toman cada más conciencia de la
injusticia que hay en la raíz de la desigual distribución de los bienes, de la
exclusión de los débiles, de la violación de los derechos humanos y se
convierten en una provocación en los contextos en los que se hallan insertadas.
A veces, sin embargo, experimentan la falta de claves de interpretación para
leer la complejidad y de criterios adecuados para valorar el alcance y las
implicaciones de las leyes del Estado y de otras instituciones. En los párrafos
siguientes se han sintetizado las respuestas relativas a la corresponsabilidad
educativa en la misión y en la gestión de las obras, las acciones concretas en
beneficio de los pobres y las propuestas concernientes.
Corresponsabilidad educativa para la calidad y la
dignidad de la vida
24. Las
inspectorías ponen en evidencia que la corresponsabilidad vivida entre nosotras
y con los seglares, cuando se apoya en la escucha y el compartir la palabra de
Dios, hace más fácil la confrontación - y el consiguiente compromiso vital -
sobre temas relacionados con la fe, el carisma y la misión. Permite
experimentar la riqueza de la reciprocidad y vivir con mayor determinación el
compromiso por la justicia. Hace converger las diversas aportaciones hacia la
elaboración de proyectos educativos, de desarrollo, de economía solidaria y
hacia las acciones necesarias para llevarlos a cabo. Por parte de la comunidad
de FMA se advierte, en general, la disposición a valorar la contribución de los
seglares, el esfuerzo por crear para ellos espacios de protagonismo que abran a
una sana autonomía y al sentido de pertenencia. Sin embargo, emergen algunas
dificultades que obstaculizan la corresponsabilidad: escasa colaboración
educativa entre FMA y seglares, insuficiente descentralización de las
funciones, que no permite compartir responsabilidades, multiplicidad de
iniciativas sin tener en cuenta los recursos, atribución de funciones a
personas que no tienen la capacidad necesaria, una distribución de cargos no
siempre equitativa. Se constata que las urgencias del trabajo no permiten
mantener la primacía del ser sobre el hacer, ni dedicar tiempo a la escucha, al
cuidado del otro, a asegurar una presencia educativa eficaz entre las
jóvenes y los jóvenes. Respecto a las estructuras, se advierte la falta de
flexibilidad, un camino de reestructuración no siempre compartido y el
problema, incluso económico, de mantener grandes obras.
25. La
corresponsabilidad en las comunidades educativas tiene como fin promover la
calidad y la dignidad de la vida. Las modalidades surgidas para alcanzar las
metas señaladas pueden sintetizarse en torno a algunos núcleos.
26. *
Ayudar a los jóvenes a descubrir el proyecto de Dios y a asumirlo como don y
como misión. En la línea del sistema preventivo los jóvenes son educados a
la interioridad y a la oración, a la valoración del tiempo libre, al sentido de
la belleza y de la fiesta. Son formados para que sean capaces de conjugar
fe-cultura-vida a fin de que lleguen a ser fermento y agentes de
evangelización en la Iglesia, en la familia, en la política, en la economía y
en la cultura. Algunas inspectorías se comprometen en el ámbito de la pastoral
familiar a través de proyectos de educación en la fe para los padres con el fin
de lograr un adecuado acompañamiento de los hijos, y también en la preparación
al matrimonio de los jóvenes prometidos. Otras ofrecen apoyo y ayuda pastoral a
las familias de las zonas rurales.
27. *
Educar a las jóvenes y a los jóvenes para el conocimiento de sí mismos, para
la autonomía, para la responsabilidad social y para el compromiso activo por
los otros a través de experiencias de voluntariado. Destaca una atención
especial en relación con la formación para la democracia, que da una gran
importancia a la participación activa, a la información, al uso crítico de los
medios de comunicación de masas y de otros medios de comunicación.
28. *
Favorecer actitudes de reconciliación y de perdón, el ejercicio de la
paciencia y la capacidad de afrontar y resolver los conflictos de una manera
positiva. Entre los medios indicados, se halla la formación al respeto de
la persona, de las culturas y de las religiones, a la protección del medio
ambiente, a la justicia, a la defensa de los derechos humanos, especialmente
los de la mujer, de las niñas y de los niños, de las minorías.
Acciones en relación con los más pobres
29. Una
característica fundamental del carisma salesiano es estar presente en las
situaciones en la que los jóvenes, sobre todo los de las clases populares,
tienen dificultad para manifestar lo mejor de sí mismos. El fenómeno del
empobrecimiento progresivo de pueblos enteros ha empujado a las comunidades
educativas a ponerse al lado de lo más pobres, en particular de los niños y
niñas, de las adolescentes y los adolescentes y de las mujeres. De los
Capítulos inspectoriales emerge de forma destacada la exigencia de vivir la
cercanía testimoniada por Jesús y de dejarse evangelizar por los más pobres.
Los datos ponen de relieve las numerosas iniciativas que ya están en marcha
para responder a las diversas formas de pobreza y la urgencia de potenciar
ulteriormente tales acciones.
30. Las respuestas evidencian una convicción fundamental:
trabajar conjuntamente constituye una escuela de comunión que permite superar
la tentación del aislamiento y de la referencia a sí mismo. Durante estos años
se ha reforzado el trabajo en red con los miembros de la Familia salesiana, las
instituciones gubernamentales y civiles, las organizaciones no gubernamentales,
y con todos los que se interesan por la educación y trabajan para colaborar en
la construcción de una sociedad nueva.
31. Las
experiencias indican una significativa colaboración en el campo de la promoción
humana y de la educación, en los procesos de planificación, realización, de
control sistemático y de valoración de los proyectos dedicados a cualificar la
oferta formativa profesional. Se ofrece una aportación crítica y constructiva
en las sedes donde se elaboran las políticas juveniles, en la defensa de los
derechos humanos con acciones dirigidas a restituir la dignidad a los más
pobres. En algunos momentos especiales se realizan campañas en defensa de la
vida contra todo tipo de explotación y para ofrecer una ayuda concreta en situaciones
de emergencia. En muchas realidades se colabora en el ámbito de la comunicación
social para ofrecer una información alternativa y capaz de hacer propuestas.
32. Se
ha potenciado la calidad del trabajo educativo con las mujeres y se ha
incrementado su implicación reconociendo su específica capacidad para la
acogida, para la relación, para tomar a su cargo la vida, para la presencia y
para el protagonismo en el ámbito eclesial y social. Convencidas de que si
se educa a una mujer se educa a un pueblo las comunidades educativas han
orientado los programas de educación formal y no formal a despertar la
conciencia con el fin de recuperar la dignidad femenina, considerando que la
reciprocidad hombre-mujer es el camino hacia la humanización de la cultura. Se
trabaja con educadoras y voluntarias que ponen a disposición sus dones para
garantizar el desarrollo de otras mujeres necesitadas de ayuda (indígenas,
madres solas, muchachas-madres, inmigradas, analfa-betas). Los ámbitos
formativos específicos son: el cuidado de la salud, la alfabetización, la
formación profesional, la promoción de habilidades para expresarse en público;
la formación bíblica, teológica, catequística. Otras iniciativas están
relacionadas con proyectos de desarrollo, el apoyo a grupos de autoayuda, la
promoción de asociaciones femeninas, la participación en manifestaciones
públicas para potenciar la conciencia social, los pronunciamientos y las
denuncias de los abusos contra la dignidad de las mujeres.
33. Las inspectorías realizan diversas acciones con el
objetivo de dar a los niños y niñas y a las jóvenes y a los jóvenes
instrumentos para desarrollar sus capacidades, reforzar la identidad, las
motivaciones y la conciencia sobre el sentido de la vida y para ayudarlos a
insertarse de manera significativa en el
tejido social. Las comunidades aseguran el acceso a los servicios educativos,
la continuidad y la calidad de la formación; comparten el esfuerzo cotidiano de
la gente para mejorar sus condiciones de vida; responden a la pobreza del
territorio buscando soluciones evangélicas a los problemas en colaboración con
otros organismos que realizan servicios de educación formal y no formal. La
acción educativa se extiende a: huérfanas/os, niñas/os de la calle, niñas/os
trabajadores, empleadas en el servicio doméstico, muchachas/os con dificultades
familiares, en con-flicto con la ley, drogadictos, hijos de inmigrantes,
mucha-chas/os de zonas rurales y de etnias y culturas diferentes.
34. De
las respuestas emergen pocas referencias a los inmigrantes y a las minorías,
pero las voces representan a los diversos continentes y reflejan el fenómeno
actual de la movilidad humana. Las comunidades educativas son sensibles y
-donde ello es posible - acogen inmigrantes, refugiados, prófugos, indigentes,
respetando y valorando sus raíces culturales. A través del oratorio, de las
actividades extraescolares, la alfabetización y la búsqueda de alojamiento, la
mayor parte de ellas promueve la inserción social de los inmigrantes. Las comunidades
de inserción están especialmente atentas a asumir una actitud de acogida y
de aprecio por las culturas locales.
35. Se
advierte la exigencia de educarnos a una economía solidaria, a la sobriedad, a
la conciencia crítica ante la pobreza del planeta para asumir una nueva visión
de la pobreza y de sus implicaciones concretas; para luchar contra la lógica
del consumismo y de la exclusión; para apoyar los movimientos que promueven la
transparencia del poder público y el respeto de los derechos humanos
fundamentales. La honradez en la administración de los bienes a todos los
niveles y la redistribución equitativa de los recursos (personas, medios,
dinero) son signos de ciudadanía evangélica. Otras experiencias destacadas son:
la apertura de oficinas para elaborar y realizar proyectos, la creación de
fondos a favor de la educación y de las obras sociales, la organización y la
gestión de los recur-sos inspectoriales para mejorar la circulación de bienes.
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