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Tema del CG XXI

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  • VIVIR LA CIUDADANÍA EVANGÉLICA
    • Interpelaciones para nuestra vida
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Interpelaciones para nuestra vida

 

73.  Desde los orígenes de nuestro Instituto, con su transparente identidad evangélica y carismática, nuestras hermanas se han situado como presencia dinámica en la trama de la historia, partiendo de Mornese hasta alcanzar todo el mundo. Las comunidades eran ambientes educativos abiertos y capaces de involucrar en ellos, impregnados de valores evangélicos y de un vivo sentido eclesial. En el curso de sus 130 años, con la atención de quien ama, el Instituto ha tratado de testimoniar y compartir con las/los jóvenes un don: la alegría del encuentro con el Señor Jesús. Con la misma pasión nuestros ojos están hoy abiertos a los horizontes del mundo, como la mirada de Jesús sobre el monte alcanzaba a las multitudes que lo seguían. Una mirada de compasión, de amor, de participación ante cada herida y ante cada esperanza, una nueva llamada misionera.

 

74.  La humanidad aparece profundamente implicada en el fenómeno de la globalización que, mientras hace circular poderosos recursos, crea dramáticas pobrezas. No son únicamente los procesos económicos y tecnológicos los que caracterizan la globalización, sino los modelos de vida y de cultura que influyen en las relaciones sociales, políticas y éticas, sobre la dimensión ecológica y sobre la propia experiencia religiosa y eclesial. La globalización está homologando el mundo en las exigencias, aspiraciones, comporta-mientos de la gente. Al mismo tiempo crea divisiones e injusticias para pueblos enteros. Se vive de forma distinta en los diferentes contextos, pero la urgencia de tomar conciencia de sus dinámicas y de sus consecuencias para poder gobernarla es común en los Países del bienestar y en los que están al margen de él, a pesar de ser ricos en recursos. Nuestras comunidades se hallan inmersas en esta compleja realidad y se empeñan en interpretarla, tratando de captar las implicaciones en la propia vida, en la de los jóvenes y, especialmente, en la de las mujeres. Las reflexiones sobre el tema capitular, presentes en las síntesis de los Capítulos inspectoriales, permiten destacar algunas demandas - casi un grito  hacia un Más allá - en la atención al curso de la historia.

 

La demanda de una renovada experiencia de Dios

 

75Esta demanda emerge de un contexto marcado cada vez más por el materialismo y por sus consecuencias de productividad y de eficiencia que exaltan el hacer por encima del ser. El vacío espiritual que se deriva, por un lado desemboca en el debilitamiento de la relación con Dios y por otro impulsa a nuevas demandas religiosas. En todos los contextos, aunque con expresiones y modalidades diversas y con proporciones más o menos acentuadas, está presente la tendencia a marginar la propuesta cristiana. La necesidad de interiorización, de coherencia y de una espiritualidad que ofrezca respuestas sobre el sentido de la vida - porque se halla enraizada en la experiencia de Dios - interpela a cada una de nosotras y a las comunidades educativas a un testimonio de fe valiente, propositiva e induce , más o menos explícitamente, a muchos jóvenes a la búsqueda de valores genuinos.

 

76.  En nuestras comunidades de FMA resurge insistentemente la exigencia de reconocer la primacía de Dios. Es una demanda profunda que expresa la necesidad de centrar continuamente la vida en Jesucristo, roca de nuestra salvación, para afrontar como ciudadanas según el evangelio, la compleja realidad en la que vivimos, gastando en ella nuestras energías. Inmersas en el flujo de la historia, percibimos corrientes que pueden arrastrarnos, a menudo sin saberlo, a lo largo de recorridos que alejan de los caminos del evangelio y de la plena fidelidad al carisma. Es relativamente fácil sufrir las presiones que llegan desde muchas partes y amoldarse a los estilos de vida y a las opciones inducidas por las modas, que debilitan el testimonio de una adhesión radical al proyecto de Dios. En nosotras, como en tantas otras personas y jóvenes, incluso creyentes, la división entre fe y vida es una insidia continua que reclama la urgencia de caminos coherentes hacia la unidad vocacional.

 

77.  El contexto actual, marcado por el pluralismo de las propuestas, por rápidos y continuos cambios socio-culturales, por una mentalidad que expresa superficialidad, exige que asumamos una actitud constante de discernimiento. El hábito del discernimiento nos hace mujeres pensadoras que saben ir más allá de las contingencias y de lo inmediato para entrar en el corazón de la historia con mentalidad evangélica. Nos habilita para escuchar la realidad y para preguntarnos en qué medida somos colaboradoras de un proyecto que no procede de nosotras; cómo hemos de descifrarlo continuamente a la luz del carisma y, sobre todo, de la palabra de Jesús que nos haceverdaderamente sabias” (L 22,10).

 

78.  De las voces expresadas en los Capítulos inspectoriales destaca especialmente la necesidad de asumir y profundizar la espiritualidad salesiana  a partir de nuestra experiencia como mujeres educadoras. Mujeres que no dejan de estar atentas al Espíritu y se confrontan continuamente con las exigencias del carisma, con las intenciones de los Fundadores, de don Bosco y de María Dominica Mazzarello. En los últimos Capítulos generales se había advertido varias veces la “responsabilidad de expresar la riqueza de la feminidad en nuestro vivir en comunidad y en la misión educativa” (Actas Capítulo general XX 48). La historia reciente nos ha visto en varias ocasiones, comprometidas activamente, en colaboración con otras mujeres religiosas y seglares, en las situaciones en las que están amenazados los derechos fundamentales de la persona. Hemos tomado posición, en los lugares oportunos, para defender a los que no tienen voz y para proclamar que la vida humana es sagrada e inviolable. Lo hemos hecho, en los cinco continentes, con la audacia educativa del sistema preventivo, siguiendo el camino de la amorevolezza.  Sin embargo, necesitamos descubrir otras formas para expresar nuestro auténtico rostro en la Iglesia y en la sociedad. En esta búsqueda la referencia a María, mujer de la Alianza, madre y educadora, se convierte en guía eficaz para leer la historia y para intervenir desde la óptica de las bienaventuranzas evangélicas. De esta forma podremos , tal como augura el Proyecto formativo, ser memoria viva de María  y realizar lo inédito  que espera ser encarnado en una pedagogía del cuidarse, del acompañamiento recíproco, de la búsqueda de caminos de paz, de solidaridad y de audacia para defender y promover la vida en todos los ámbitos.

 

La demanda de comunión

 

79La globalización propone un modelo organizativo de homologación que incide en la familia, en la escuela, en otras instituciones. La red de las relaciones y de los intercambios acerca cada vez más realidades alejadas entre sí. Y sin embargo, en este nuestro tiempo, las personas pueden sentirse solas; comunidades enteras sufren la marginación y la exclusión. El carácter competitivo y concurrente connota la realidad actual en el ámbito de la ciudadanía social y política. De aquí la demanda de cercanía, de socialización, de solidaridad, de encuentro y de comunión. Juan Pablo II la propone a toda la Iglesia cuando pide que se viva una espiritualidad de comunión (Cf. NIT 43).

 

80.  De la síntesis de las respuestas de Capítulos inspectoriales se capta la urgencia de una vuelta a las raíces del carisma para volver a hacer nuestro el espíritu de familia  que es para nosotras la modalidad específica de vivir la espiritualidad de comunión en las nuevas situaciones (Cf. C 50). Esta será el fundamento teoantropológico de la persona creada a imagen de Dios, unidad viviente en la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. La espiritualidad de la comunión se genera en el seno de la Trinidad y se manifiesta en el estilo de reciprocidad vivido en una dinámica de dar y recibir, de gratuidad y de gratitud que constituye el clima más apto para expresar en el hoy la fuerza carismática del sistema preventivo: es este el don que humildemente ofrecemos a la Iglesia (Cf. PF 25-28). Nuestro estar unidas en el seguimiento de Cristo, que nos convoca para una misión, nos ayuda, en efecto, a vivir un estilo alternativo de vida que se caracteriza por el don recíproco en la línea de la ciudadanía evangélica. En ella no hay extranjeros, cada uno/o es acogido como hermana y hermano. Nuestra comunidad se convierte entonces en escuela de relaciones vitales, taller de interculturalidad y de solidaridad evangélica.

 

81.  El espíritu de familia, típico de la espiritualidad salesiana, se revela en el tejido de relaciones cotidianas como confianza y amistad, solicitud por cuidar unas de otras y, conjuntamente, de los jóvenes que Dios nos confía. Estamos llamadas, hoy más que en el pasado, a acompañarnos recíprocamente en el camino de crecimiento humano y en el compromiso de configurarnos con Jesús para vivir su amor esponsal y anunciar su evangelio con una dimensión misionera.

 

82.  Bajo esta luz se comprende hasta qué punto es importante inspirarse en un modelo circular de animación en el que quien es llamada al servicio de autoridad con el estilo salesiano se hace disponible para escuchar diversas voces impulsando la colaboración y la confrontación en el compartir las opciones para la misión común. Tiene también el cometido de acompañar a las personas y a la comunidad hacia una fidelidad creativa al carisma (Cf. PF  40-42).

 

83.  La espiritualidad de comunión, que compartimos también con los jóvenes y los seglares adultos, particularmente en la Familia salesiana, abre al reconocimiento de la riqueza de las diversas vocaciones en la Iglesia, dispone a la confrontación y a la oferta discreta de nuestro don específico, capacita para tejer un diálogo profundo con todos. Somos conscientes de que el camino de la fecundidad y del futuro está en esta comunión prolongada, signo de esperanza para el mundo, expresión de una ciudadanía que parte de la acogida y de la valoración recíproca.

 

84.  Las relaciones interpersonales, vividas en las comunidades educativas, ponen de relieve algunas dificultades respecto a las exigencias de la comunión. Se advierte la necesidad de potenciar actitudes de acogida, de confianza, de participación, de valoración del otro en su diversidad. Es intenso el anhelo de crear relaciones humanizadoras que ayuden a superar la funcionalidad de las relaciones y a experimentar el don de la koinonia habitada por la presencia de Jesús. Vivir este don requiere un camino de liberación interior para poder resolver los inevitables conflictos por medio del perdón ofrecido y recibido. Como experiencia de la misericordia del Padre y proceso de ascesis, el perdón lleva a considerar a los otros como hermanos y hermanas, a hacerles sitio y a alegrarse juntos por el don de un corazón nuevo. La capacidad de perdón se halla en la base de todo camino de comunión, lleva a valorar el sacramento de la Reconciliación, y a vivir en estado de continua conversión y a colaborar para construir un futuro más justo y solidario. El perdón interpela a la comunidad educándola para que dirija la mirada hacia el futuro y descubra una perspectiva de confianza y de justicia cuyo rostro sea el del amor y la misericordia.

 

85.  El anhelo misionero, experimentado por nuestras hermanas en Mornese, encuentra su alimento en el clima comunitario saturado de acogida recíproca, de valoración, de tensión hacia una misión sin fronteras. La espiritualidad de comunión genera, también hoy, comunidades para el Reino proyectadas hacia la misión de evangelizar educando y por tanto abiertas al discernimiento de los signos de los tiempos y de los lugares por medio de los cuales el Espíritu permite entrever los caminos del futuro. La esterilidad que a veces constatamos en nuestras comunidades tal vez podría tener una correlación con la dificultad de vivir una verdadera experiencia de fe, de centrarnos en el motivo de fondo de nuestro estar juntas. Por el contrario, si estamos atentas al misterio que nos habita, si apuntamos sobre lo que humaniza las relaciones y alimenta una verdadera y profunda amistad, experimentamos la fecundidad de la comunión que lleva a compartir las grandes causas de la humanidad.

 

86.  La situación actual de nuestras comunidades nos pide vivir en actitud de éxodo, de descentrarnos, de aceptar la falta de garantías. Requiere al mismo tiempo mirar al futuro con esperanza, incluso cuando, en algunas partes del mundo, el progresivo disminuir de las fuerzas no permite responder a los requerimientos de la Iglesia y del territorio que nos piden que pongamos a su disposición el carisma educativo.

 

87.  Somos conscientes de que las urgencias de la misión exigen vivir el discernimiento con la actitud sabia de quien se sienta a valorar antes de construir una torre, para responder a las múltiples demandas de educación. Esto implica la responsabilidad de enraizarnos cada vez más en la escucha de la Palabra para crecer en la unidad vocacional como compromiso de vivir la profecía de las bienaventuranzas abiertas a las perspectivas de futuro del Reino de Dios.

 

La demanda de educación

 

88El empobrecimiento del planeta, ocasionado por causas complejas, en especial por modelos económicos fundados en la visión neoliberal, es una situación que ve a los pobres cada vez en mayor  peligro, cada vez más nómadas, empujados por la desesperación a emprender el camino de la movilidad humana. La referencia a esta realidad reaparece con frecuencia en las síntesis inspectoriales. El empobrecimiento está presente también en las comunidades, que lo viven como límite y al mismo tiempo como exigencia de una existencia más austera y esencial. Despierta en las comunidades educativas aquella “fantasía de la caridad” (NMI 51) que nuestros Fundadores han vivido como llamada a responder a las necesidades educativas de las muchachas y de los jóvenes preparándolos para ser “buenos cristianos y honrados ciudadanos”. La demanda de educación se inserta en este contexto y nos llama a juicio en cuanto educadoras de las/los jóvenes, los cuales experimentan diferentes formas de pobreza

 

89Pobres de valores: la ley del consumo y del placer, la ética del individualismo son algunas de las categorías que empobrecen el sentido de la vida en sus aspiraciones profundas a la trascendencia, a la justicia, a la solidaridad, a la paz. Algunas aplicaciones de los progresos de la medicina y de la biotecnología -anticonceptivos, selección genética - orientan a la pareja y a la mujer en particular a aceptar una visión restringida del amor y de la familia, que repercute con evidentes consecuencias negativas en los hijos y en la sociedad. Ante tal estado de cosas, surge la demanda de una nueva evangelización para llegar a los jóvenes con el anuncio de Jesucristo, testimoniado y expresado con un lenguaje comprensible para ellos.

 

90Pobres de relaciones:  en la era definida como de la comunicación, la gente sufre de soledad y de abandono. Niños y jóvenes asisten con frecuencia a la disgregación de la familia, viven la experiencia de estar sin padre o sin madre. Esta situación, presente en cada continente, pesa sobre la vida de todos, especialmente de los jóvenes y de las mujeres. Las guerras, las catástrofes naturales y el SIDA producen millones de huérfanos, que se ven  privados de los afectos familiares y de las perspectivas de futuro. El fenómeno migratorio y el de los refugiados, determinado por factores económicos o políticos, priva a las personas de las propias raíces y corta las relaciones más vitales con la propia tierra y la propia gente. En las sociedades más desarrolladas, el ritmo acelerado de la existencia cotidiana reduce la posibilidad y/o la calidad del encuentro empobreciendo las relaciones interpersonales. La propia vida de la comunidad religiosa corre el riesgo de entrar en este engranaje, que hace crecer el individualismo y la tristeza de una existencia privada del calor humano y pobre de perspectivas.

 

91Pobres de bienes materiales: la globalización se paga con un alto precio especialmente por parte de los pobres. En lugar de más oportunidades para todos, genera la desigual distribución de los bienes, la exclusión de los débiles, la imposibilidad de un desarrollo humano sostenible. Se asiste a una especie de nuevo colonialismo, que produce desempleo y emigración y genera un mayor endeudamiento de los Países ya endeudados, excluidos del mercado global. Esta situación se halla en el origen de otros tipos de pobreza. El reto de garantizar bienes vitales como la tierra, el agua, el alimento, la casa, el trabajo interpela profundamente a la educación a proponer una visión alternativa a la que hoy domina. Advertimos la urgencia de organizar la solidaridad, de colaborar en la creación de estructuras que no satisfacen sólo necesidades inmediatas, sino que garantizan la continuidad generando procesos de crecimiento en todas las culturas.

 

92Pobres de información en la era de la mediática, la base del poder económico, político, cultural está en la información. La riqueza de un Estado se mide sobre todo por su dominio comunicativo. El mercado planetario de la comunicación está regido por la lógica del capitalismo, del poder en manos de unos pocos. Semejante situación hace sentir sus efectos negativos sobre toda la existencia porque genera la homologación y el consiguiente empobrecimiento de las culturas. En efecto, el flujo mundial de las noticias y de los programas radiofónicos y televisivos se halla monopolizado por un número exiguo de agencias de comunicación. La conciencia de esta situación, más bien preocupante para la educación, no ha sido suficientemente destacada por las inspectorías, que tal vez se sienten en condiciones de desigualdad frente a un fenómeno englobante y en rápida evolución, o bien, viviendo en lugares donde la información es escasa y controlada, no consiguen encontrar caminos para una comunicación alternativa. El reto, una vez más, afecta a la elaboración y a la asunción de modelos educativos que, en el flujo absorbente de comunicaciones continuascapaciten para la lectura crítica de las informaciones y la interpretación de los silencios que afectan a los Países pobres. Se trata de educar a una ciudadanía activa que prepare para estar presentes de modo crítico, y eventualmente con una información alternativa, al servicio de la verdad, para dar voz y esperanza de futuro a los pobres.

 

93Pobres de cultura y de educación. Las instituciones educativas, en especial la escuela, corren el peligro de reproducir la lógica del sistema injusto y opresor, de limitarse a una transmisión de contenidos que respondan a la cultura dominante, para asegurar técnicos y mano de obra para el mercado de trabajo. Somos conscientes de que la clave del desarrollo es la educación, considerada por todos como importante vía de salida para romper el círculo vicioso de la miseria y de la explotación. Demasiados, sin embargo, no tienen ninguna posibilidad de acceso a la escuela, o bien disfrutan de un servicio pobre en cuanto a calidad o dependiente de la ideología en el poder, y sobre todo carecen de valores en los que apoyar su vida. Para nosotras el reto está en cualificar el servicio educativo-escolar y conjugar mejor la educación formal y no formal, garantizando contenidos y valores que formen personas sanamente críticas y propositivas y no sólo recursos para el mercado. Para esto se requiere una continua verificación de la visión de la persona y de la vida social según la óptica evangélica, para no ser sólo productores de servicios, sino educadoras y educadores en grado de avanzar propuestas y experiencias que mejoren la calidad de la respuesta en relación con los más débiles.

 

94Pobreza femenina:  perdura, y aumenta hoy, la feminización de la pobreza porque entre los pobres la mujer está más penalizada, tiene menos garantías de ocupación, está más expuesta a la explotación de todo tipo, es menos reconocida incluso cuando está preparada culturalmente. Sobre ella siguen pesando muchos prejuicios que a menudo hacen difícil una inserción social no homologada con la masculina. En ella, finalmente, se manifiestan muchas de las pobrezas hasta ahora descritas. Incluso la emigración, el analfabetismo, el fenómeno de los refugiados, están asumiendo cada vez más el rostro femenino. De aquí se deriva la llamada a preocuparse de las mujeres, comenzando desde niñas. Esto implica la solicitud por favorecer su desarrollo integral a través de los ámbitos específicos de la salud, de la alfabetización, de la formación profesional, de la educación de la conciencia social, de la maduración vocacional. De esta manera capacitaremos a las jóvenes mujeres para que sean ciudadanas activas en grado de denunciar los abusos contra su dignidad y de ofrecer una aportación efectiva y crítica a las comunidades de pertenencia.

 

¿Qué formación?

 

95Las respuestas de las inspectorías remiten continuamente a la exigencia de formación, proceso indispensable para la renovación de la vida religiosa en diálogo con la historia. Nuestra formación se apoya en la experiencia vocacional y la sostiene; es camino hacia la madura-ción integral en la progresiva configuración con Cristo. Es urgente volver a centrar el camino formativo en Jesucristo y en su mensaje, que nosotras hemos contemplado especialmente en las bienaventuranzas evangélicas. Es una exigencia reclamada también por la actual complejidad, caracterizada por una multiplicidad de proyectos de vida, de confesiones religiosas, de modelos socio-culturales y de comportamiento.

 

96.  Es importante incidir en la responsabilidad en la propia formación,  es decir en la autoformación que, apoyándose en una sólida base humana, se abra a la dimensión evangélica, acogida cada vez con mayor profundidad y vivida en una comunidad eclesial de la cual la persona se siente parte viva. El estudio del Proyecto formativo  nos convence de la necesidad de asumir un modelo formativo que parta de la lectura sapiencial de la propia vida y de la realidad que nos rodea a la luz de la palabra de Dios.

 

97.  De aquí deriva el acento sobre el acompañamiento, experiencia fundamental del itinerario personal y comunitario de maduración, porque ayuda a definirse y a orientarse. El acompañamiento se lleva a cabo en una relación de reciprocidad que exige respeto, cuidado del crecimiento de la otra persona, disponibilidad para reconocer y apoyar en ella los caminos del Espíritu. El estilo es el estilo sencillo y familiar exprimentado con fruto en Mornese por María Dominica y por las demás hermanas.

 

98.  La formación a la ciudadanía evangélica se halla insertada en todo el iter formativo. La demanda de formación es en realidad una demanda de maduración en la libertad y en la responsabilidad en la relación con los otros. Tal formación parte de la conciencia de la aportación insustituible que se ha de ofrecer en el contexto de la propia ciudad o barrio. Procede del conocimiento concreto de la vida del territorio en que estamos insertas, del análisis de los problemas y de la toma de opciones en la línea de elaboración y realización de proyectos de la educación salesiana. Se realiza teniendo presente el horizonte eclesial, en colaboración con los seglares y con otros Institutos religiosos, en particular con los dedicados a la educación o que de alguna manera actúan en la realidad social y del trabajo.

 




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