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Caminos de ciudadanía evangélica
99. Después
de habernos preguntado por las raíces evangélicas y sobre las interpelaciones
de la ciudadanía a nuestro estilo de vida, ahora nos preguntamos qué caminos de
ciudadanía evangélica debemos recorrer en la realidad cotidiana concreta.
Además de lo que ya tratamos de vivir, ¿qué otras propuestas podemos asumir?
¿De qué modo? En las respuestas llegadas de las inspectorías se perciben entre
líneas caminos de esperanza en la clave de las bienaventuranzas. Se trata de
senderos apenas descubiertos, recorridos por gente en camino comprometida en
los pequeños pasos cotidianos. También
vienen indicadas en los mismos textos inspectoriales, propuestas que expresan
el deseo de revisar la calidad del servicio educativo, aún no siendo siempre
claras las condiciones necesarias para que este cambio se produzca realmente.
Es tarea del Capítulo general hallar las estrategias convenientes para concretar
los caminos de la ciudadanía evangélica. Las demandas presentes en este núcleo
han sido pensadas únicamente como sugerencias para ayudar en la fase de
preparación al Capítulo para iniciar la
conversación capitular.
Respecto a la demanda de una renovada experiencia de Dios
100.
El encuentro
cotidiano con la Palabra, ya presente desde hace años en las comunidades,
ha aumentado en consistencia y profundidad, hasta el punto de ser destacado,
por casi todas las inspectorías, como opción prioritaria, punto de referencia
de lo vivido, mirada sapiencial para interpretar la realidad en el ámbito
personal y comunitario para proyectarlo en la misión educativa. Se advierte que
los encuentros con Jesús Eucaristía, su Palabra y la experiencia de la oración
en general, se consideran esenciales para una fidelidad dinámica, esponsal, de
la Alianza. La exigencia de interioridad, de encontrar los tiempos necesarios
para meditar y contemplar ha crecido con el aumento del ruido de la
civilización contemporánea, que con frecuencia lleva a la dispersión interior.
Somos conscientes de que cuanto más nos convertimos en mujeres de oración,más
somos capaces de responsabilidad y de apertura al otro (Cf. PF 40). De
aquí que hayan surgido en varios contextos casas de oración y que se pidan
tiempos sabáticos, lugares de espiritualidad donde pasar momentos para
recargarnos, tanto para nosotras como para los jóvenes. · ¿Cómo garantizar la calidad y la
profundidad de la escucha y de compartir la palabra de Dios para que sea
realmente una fuerza inspiradora en el camino de santidad que recorremos junto
con los jóvenes, los colaboradores seglares y las familias? · ¿Cómo acoger la llamada del Papa a
hacer de nuestras comunidades auténticas escuelas de oración, que se distiniguen
por el arte de la plegaria? (cf NMI 32) · ¿De qué manera podemos vivir la
dimensión contemplativa del carisma salesiano conjugándola con el compromiso de
solidaridad educativa, de ciudadanía activa? · ¿Cómo asegurar la continiuidad y la
calidad de las casas de oración que ya existen o que pueden nacer?
101.
El tema del
discernimiento ha estado en el orden del día de los anteriores Capítulos
generales y ha sido también objeto de reflexión en las inspectorías y en las
comunidades. Muchas inspectorías, constatando la rapidez de los cambios y la
complejidad de la realidad, expresan la exigencia de vivir en estado de
discernimiento, cultivado como actitud necesaria para leer la historia a la
luz de la voluntad de Dios y buscar las auténticas causas de los hechos, no
sólo como experiencia ocasional o método a aplicar en circunstancias
particulares. En la comunidad que se busca vivir habitualmente el
discernimiento a nivel personal y comunitario, se encuentran menos dificultades
en las relaciones, es más fácil la continua oración, recomendada por Jesús en
el evangelio, más ágil la proyectualidad iluminada por la presencia de Dios, a
la que se hace continua referencia. · ¿Cómo
pasar de un discernimiento ocasional a un discernimiento evangélico constante?
¿Qué caminos se han de recorrer para garantizar las condiciones de reflexión,
silencio, escucha y compartir en nuestras comunidades? · ¿Cómo implicar en el discernimiento a
toda la comunidad educativa, para que juntos podamos individuar las nuevas fronteras
de misión en la realidad en la que estamos insertas? · ¿Cómo impulsar en las comunidades
educativas la profundización de las bienaventuranzas, fundamento de la
ciudadanía evangélica, para que se puedan explicitar itinerarios formativos
desde la óptica salesiana?
102.
La profundización de
la dimensión mariana de la vida cristiana y del carisma, la búsqueda de
la manera de expresar y asimilar la espiritualidad salesiana vivida desde la
condición femenina constituyen dos temas que se repiten en la reflexión del
Instituto. De una lectura profunda de la síntesis capitulares se intuyen que
son realidades generalmente presentes en la vida de las FMA y de las Cdads
educativas, lo mismo que en la actuación por la referencia vital a María. Otros
caminos de búsqueda se están abriendo sobre el significado de la presencia de
María para el crecimiento de todo cristiano y, en particular, para nuestra
experiencia de FMA, para los padres, los educadores y las educadoras, las
jóvenes y los jóvenes y para cuántos se dan cuenta de la tarea de realizar lo
inédito de la vida de María en el nuevo milenio (Cf. PF 31). Tales
búsquedas no se limitan al ámbito de la reflexión y del estudio, sino que
tienden a ser punto de referencia vital para las comunidades. · ¿Cómo pasar de una relación a veces
sólo devo-cional con María a la comprensión de la dimensión mariana de la vida
cristiana y especialmente de la espiritualidad salesiana de las FMA? · ¿Qué significa para nosotras FMA vivir
lo inédito de María en nuestra vida? · ¿Cómo
continuar las tareas de profundización que ya se están llevando a cabo
sobre la dimensión mariana del carisma y hacerlas accesibles a todas las FMA y
a las comunidades educativas?
103.
Un aspecto
fundamental señalado por los Capítulos inspectoriales es la exigencia de formación, que cada
FMA está llamada a asumir responsa-blemente. Tal formación se entiende como
proceso permanente hacia la unidad vocacional, tarea prioritaria sobre todo en
el contexto actual complejo y en continuo proceso de cambio (Cf. FP 38). En consecuencia, el compromiso formativo
debe favorecer la construcción de una identidad en continua elaboración, con
connotaciones de flexibilidad y dinamismo, y que es el resultado de múltiples
relaciones y pertenencias. El debilitamiento de muchas certezas reclama
actitudes de búsqueda, diálogo, reflexión y, para nosotras, la referencia
explícita a la propuesta de fe cristiana, la docilidad al Espíritu, la continua
conversión. El surgir de comunidades internacionales, especialmente en tierra
de misión, implica una formación abierta a la diferencia y, en las hermanas
enviadas a la misión ad gentes, una preparación y un acompañamiento
específicos. De muchas respuestas de las inspectorías se deduce la inadecuación
de la formación, puesta de relieve en la confrontación con la complejidad del
panorama mundial y con la realidad multiétnica y multirreligiosa. · ¿Cómo favorecer, especialmente en las
nuevas generaciones, la elaboración de una identidad consistente y flexible? · ¿Cómo educarnos y educar a la
interculturalidad en un mundo en el que las diferencias están llamadas a
convivir y a armonizarse cada vez más? · ¿Estamos convencidas de la
significatividad pedagógica y salesiana de la formación en ambientes
internacionales, como taller en el que se armonizan las riquezas de la propia
cultura con las de otras culturas en el recíproco intercambio de dones?
En relación con la demanda de comunión
104.
La demanda de
comunión converge en la riqueza de las características propias del espíritu
de familia expresado en la alegría de estar juntos para llevar a cabo el
designo del Padre que nos llama a educar a las jóvenes generaciones. El
espíritu de familia connota la espiritualidad salesiana y se ha de redescubrir
y actualizar cada día a la luz de una eclesiología de comunión. Aún
reconociendo la rica tradición salesiana en este campo, desde las inspectorías
se señalan nuevas características de las comunidades, que exigen respuestas
diversificadas respecto a las precedentes y que comprometen a estar atentas a
las diversas estaciones de la vida y a las diferencias intergene-racionales. En
particular, la presencia creciente de hermanas ancianas, en buena parte del
Instituto, requiere dar calidad a su vida, que conserva tantos recursos y
permanece fecunda hasta el fin. En algunos Países, el reducido número de
hermanas jóvenes que se insertan en las comunidades puede producir en ellas
soledad, dificultades de comunicación y de intercambio y requiere un
acompañamiento discreto y eficaz. La importante presencia de los seglares
generalmente se considera como un recurso para el diálogo, a menudo también
como una oportunidad de enrique-cimiento recíproco en el compartir de los
valores del carisma. Sin embargo, a veces se ve únicamente como una necesidad
por la falta de hermanas, sin llegar a integrarla en la óptica de una
responsabilidad compartida. En muchas comunidades se está tomando la opción del
acompañamiento recíproco, se crean condiciones para un estilo de vida sostenible
por parte de todas y se nos compromete a acoger a cada hermana como persona y
no como recurso para la misión o en función de la organización comunitaria. · ¿Cómo encontrar caminos concretos para
crear hoy en las comunidades educativas un espíritu de fam-ilia que dé la
alegría de vivir juntos y traduzca la es-piritualidad de comunión en
itinerarios educativos? · ¿Qué se
ha de cambiar en las comunidades para favorecer un clima de acompañamiento
recíproco, en el que se experimente la acogida, la valoración, la atención y se
nos anime para la misión común? · ¿De qué
forma nuestras comunidades son testimonio, en la Iglesia y en la sociedad, de
su ser comunidades de las bienaventuranzas evangélicas, centradas en lo
esencial, proyectadas hacia la misión educativa, especialmente atentas en a la
pobreza de los jóvenes y de las jóvenes mujeres?
105.
En la mayor parte de
las inspectorías se advierte la exigencia de comunidades menos
institucionalizadas, más acogedoras y flexibles, que viven una animación de
tipo circular con estilo femenino. Valorizan las orientaciones contenidas
en las circulares de la Programación del sexenio y del Proyecto formativo, se
realizan caminos significativos de participación, corresponsabilidad y
comunicación. Tales caminos son sobre todo evidentes en la proyección y la
operatividad educativa junto con los seglares, corresponsables con nosotras de
la misión. La animación de tipo circular, núcleo fundamental de la
coordinación, es para nosotras ocasión de unificación personal y de comunión,
expresión de una mentalidad de proyecto y de agilidad organizativa. En las
diversas culturas, se percibe la necesidad de realizarla más decididamente,
promoviendo interacciones de reciprocidad que no excluyen, sino que implican el
reconocimiento de las mediaciones señaladas por las Constituciones como
responsables del servicio de autoridad, recordando que esta tiene su fundamento
en el único Centro en el que todos estamos llamados a converger: Jesucristo. · ¿Cómo pensar de nuevo la vida de nuestras
comunidades educativas con el fin de asegurar la unidad en la diversidad de
caminos y de tareas, en vistas a una mayor vitalidad y armonía de las
diferentes vocaciones y recursos? · ¿Qué tareas hay que realizar para
llevar a cabo un tipo de coordinación que responda a la exigencia de gobernar
animando, en la corresponsabilidad y en el espíritu de familia? · ¿Qué propuestas concretas se pueden
adelantar para cualificar hoy la formación de las animadoras de comunidad?
106.
De las respuestas de
las inspectorías se percibe que casi todo el Instituto se encuentra, por
motivos diversos, en fase de reestructuración. Se advierte, en efecto,
la exigencia de revisar las comunidades y las obras para que expresen las
riquezas del carisma, teniendo en cuenta los recursos disponibles y las
fronteras actuales de la misión. Esto pone en marcha la búsqueda de caminos
formativos y de modalidades organizativas para ofrecer, en la línea del
carisma, respuestas nuevas a las nuevas necesidades educativas. · ¿Cómo proceder para que en la base de
la reestructuración haya una base de mentalidad de proyecto, radicada en la
espiritualidad propia del carisma, que ayude a no tomar decisiones determinadas
por situaciones contingentes, sino a identificar las necesidades más profundas
de los jóvenes con mirada de futuro?
En relación con la demanda de educación
107.
La demanda de
educación nos invita a invertir valerosamente en lo preventivo en todos
los ámbitos, sin limitarnos a proyectos asistenciales, de recupe-ración o que
atienden las emergencias. Lo cual requiere un conocimiento cualificado del
sistema preventivo que prepare para traducir al hoy la intención de don Bosco y
de María Dominica Mazzarello de formar buenos cristianos y honrados
ciudadanos, hombres y mujeres con una fe adulta, pensada y testimoniada en
las realidades eclesial y socio-cultural, en la que están llamados a brillar
como sal de la tierra y luz del mundo. Para todos, también para los
jóvenes no cristianos, nuestro modo de educar puede ayudar a leer críticamente
la realidad y la cultura mediática; puede impulsar, especialmente a las mujeres
jóvenes, a participar responsablemente en la vida social y política y a ofrecer
su específica contribución en el ámbito cultural y profesional. En el ámbito
educativo el grito de los pobres es fundamentalmente demanda de educación
evangelizadora y, para nuestra vida personal y comunitaria, llamada a la
austeridad en las opciones y no sólo compromiso en promover acciones de
desarrollo El corazón pobre y un estilo sobrio son la primera
condición para hacernos cargo de las aspiraciones de los pequeños y de los
necesitados, de quienes tenemos mucho que aprender: los pobres, a menudo, son nuestros
maestros. En el ámbito de la demanda educativa, las síntesis inspectorías les
subrayan la importancia de dedicar una mayor atención a las familias, promoviendo
una seria reflexión que lleve a conocer las potencialidades y los recursos de
la familia y, al mismo tiempo, las causas de la crisis de la institución
familiar, tan extendida hoy. Se subraya también la necesidad de elaborar
estrategias formativas para las jóvenes y los jóvenes que se preparan al
matrimonio y de desarrollar en las comunidades educativas una sensibilidad que
impulse a promover opciones políticas a favor de la familia. · ¿Qué sensibilidad y atención concreta
reservamos en las comunidades educativas para la profun-dización del sistema
preventivo, identificando maneras de
hacerlo actual y operativo? · ¿Cómo
vivir en nuestras comunidades un estilo de vida con criterios de justicia, es
decir, limitando las exigencias personales, siendo capaces de “dar cuenta”
comunitariamente de los gastos, confron-tándonos con la manera de vivir de los
pobres? · ¿Cómo
privilegiar, en cada ambiente educativo, a los más necesitados de todo tipo en
cuanto a la calidad y cantidad del tiempo que se les dedica? · ¿En qué
medida, como comunidades educativas, nos hacemos cargo de la formación de las
familias de los jóvenes, convencidos de que esta es la forma eficaz de prevenir
hoy?
108. La
sensibilidad y la modalidad de ir hacia los pobres está cambiando. Se entiende
mejor que no podemos actuar solas. Es necesaria una escuela de corresponsabilidad
en la comunión, que implica la colaboración con todos los que comparten la
misión educativa, en red con los organismos y las instituciones civiles y
religiosas del territorio. Las iniciativas no son firmadas en exclusiva, sino que constituyen el fruto de
la interacción convergente de tareas y funciones. Aumenta la convicción de que
los pobres deben ser protagonistas de su desarrollo y que con frecuencia saben sugerir las
soluciones más adecuadas para sus problemas. Se va consolidando la conciencia de
que, por nuestra parte, existe una relación de reciprocidad y no sólo una
prestación de servicios. Vamos hacia ellos con la transparencia del Cristo
pobre venido para servir. Alimentamos en nosotras y en ellos la fe en la
Providencia que cuida de los pequeños. · ¿En qué medida nuestro Instituto,
actuando en el ámbito internacional, es sensible y propositivo sobre el
problema de la enorme desigualdad que existe entre países ricos y países
pobres? · ¿Cómo nos
hacemos, juntamente con los seglares, promotoras de una cultura de paz fundada
en la globalización de la solidaridad? · ¿Cuál es nuestra posición frente al
complejo fenómeno de la emigración? ¿Cómo tratamos de responder desde la óptica
de la dimensión misionera del carisma.
109.
Por todas partes
aumenta el número de los jóvenes y de las mujeres que podemos considerar como
los derrotados por la globalización. Un conocimiento más profundo de las
dinámicas económicas nos hace sensibles ante las causas estructurales de la
pobreza en los diversos ámbitos. Por esto nos comprometemos a colaborar en
la elaboración de proyectos educativos y culturales que nos impliquen
activamente, como comunidades educativas, con el fin de preparar personas en
grado de ser dueñas de su propio destino y de actuar con justicia, sin dejarse
someter por el poder ni por las leyes del mercado. · ¿Qué estrategias estamos utilizando
para hacernos conscientes de la influencia de la ideología neoliberal sobre nuestro modo
personal y comunitario de vivir la pobreza, sobre nuestros proyectos
educativos? · ¿Cómo
valoramos, también en el ámbito de la comunidad educativa, el magisterio social
de la Iglesia tomando de él criterios de discernimiento para educarnos y educar
a la ciudadanía activa? · ¿Qué caminos hay que recorrer para
promover la economía solidaria y colaborar con propuestas de economía de
comunión? · ¿Sería
conveniente y posible hacer oír nuestra voz en los lugares donde se elaboran
las decisiones relativas a las políticas juveniles y familiares en el ámbito
internacional? ¿Por qué caminos?
En la Alianza renovada el
compromiso por una ciudadanía activa: La unidad del tema del Capítulo
se fundamenta en la visión bíblica de la vida y de la historia.
El don de la Alianza compromete a vivir radicalmente las bienaventuranzas
evangélicas en comunión con las
hermanas y a colaborar en la realización del designio del Padre de hacer de
todos los pueblos una única familia. Es una llamada a vivir la vida nueva en
Cristo, configuradas con él por el Espíritu, en comunión de amor y de servicio
en la Iglesia (Cf. VC 93).
En el inicio del tercer milenio Juan Pablo II confía a la Iglesia la tarea
de reflejar la luz de Cristo haciendo resplandecer su rostro ante las nuevas
generaciones (Cf. NMI 16).
Acogiendo esta invitación, queremos hacer de nuestras comunidades casas
y escuelas de oración y de comunión (Cf. n. 33,43), de las comunidades
educativas talleres en los que las diversas vocaciones se hacen don y riqueza
recíproca, comprometidas en reavivar la fantasía de la caridad (Cf. n.
50) para escuchar el grito de los pobres, especialmente de las jóvenes. Para
nosotras, educadoras salesianas, y para cuantos comparten el programa educativo
de don Bosco y de María Dominica Mazzarello se trata de potenciar la
creatividad del amor traduciéndola en búsqueda de caminos para educarnos y
educar a vivir como ciudadanos activos según el evangelio.
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