Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText
Nicolaus PP. III
Exiit qui seminat

IntraText CT - Texto

Anterior - Siguiente

Pulse aquí para activar los vínculos a las concordancias

ARTÍCULO I

sobre la observancia del santo evangelio

En primer lugar hemos comprendido que algunos dudan, preguntándose si los Hermanos de esta Orden están obligados a todos los consejos, como si fueran preceptos del evangelio. Sea porque la Regla comienza por estas palabras : "La Regla y vida de los Hermanos Menores, es ésta, a saber: guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin propio y en castidad". Sea porque la misma Regla dice también: "Terminado el año de probación, serán recibidos a la obediencia, prometiendo observar para siempre esta vida y regla". Sea porque la misma Regla termina con estas palabras: "A fin de que observemos la pobreza y humildad y el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, el Santo Evangelio que firmemente prometimos guardar".

A causa de los insultos mordaces de algunos adversarios de los Hermanos y de la Regla, y a causa de algunos hechos que se fueron dando con posterioridad, y que hay que tener en cuenta, esta declaración parecia oscura en ciertos aspectos, incompleta en otros, insuficiente sobre muchos otros, contenidos en la Regla misma.

Queremos terminar con esta carencia y oscuridad proponiendo una interpretación perfecta, y a fin de librar a los espíritus de toda duda y escrúpulo haremos una exposición aún más completa y precisa. Por lo tanto declaramos:

Al comienzo de la Regla se dice con forma modal y no absoluta que la Regla y vida de los Hermanos Menores es observar el Santo Evangelio, es decir, con la determinación o especificación del "viviendo en obediencia, sin propio y en castidad". Son tres elementos que la misma Regla desarrolla de modo extremadamente meticuloso, y a los cuales relaciona otras muchas cosas mandando, prohibiendo, aconsejando, amonestando, exhortando, o utilizando otras expresiones que bien se pueden reducir a las mencionadas.

Se puede, pues, descubrir con claridad manifiesta la intención de la Regla cuando afirma repecto a la profesión, al parecer de modo absoluto : "Los que sean recibidos, prometan para siempre guardar esta vida y Regla". Y, al final: "Observemos el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo y este Santo Evangelio que firmemente prometimos". Porque estas expresiones han de ser comprendidas en el sentido expresado al inicio de la misma Regla, es decir, con las modificaciones, determinaciones o especificaciones apuntadas. El todo ha de entenderse como una observancia del Evangelio tal como ella ha sido modificada, determinada y especificada por la misma Regla en los tres aspectos propuestos al comienzo.

No parece verosímil que el Santo Fundador, habiéndose expresado al principio con modificaciones, determinaciones y especificaciones, al reiterar suscintamente el asunto un poco después, haya entendido la expresión en sentido absoluto, sin ninguna modificación, especificación o determinación, tal como habían sido por el mismo manifestadas poco antes.

Ateniéndose, además, a la argumentación de ambos derechos, bien sabemos que hay que referir siempre lo que aparece al comienzo con lo dicho en el medio y al fin; las cosas dichas al medio con las que están al principio y al fin; y las que aparecen al fin con las otras dos.

Podemos suponer que alguien diga de modo absoluto: "Yo prometo observar el Santo Evangelio". Si el que el que hace la profesión entiende obligarse a la observancia de todos los consejos, no podría, ni apenas ni jamás, observar literalmente lo prometido. Tal promesa escondería una trampa para el que la formula.

Pero podemos suponer también que no se haya tenido tal intención. La promesa no debe, entonces, ser interpretada como voluntad de observar el Evangelio de modo más riguroso que el enseñado por el mismo Jesucristo. Es decir, la observancia de los preceptos como preceptos, y la los consejos cómo consejos.

Aparece manifiesto por el contexto de la Regla que tal sea el sentido de San Francisco en las palabras citadas. En ella algunos consejos evangélicos son presentados como consejos, bajo palabras de admonición, exhortación o consejo. Otros son formulado con forma de prohibición o con palabras de precepto. Lo cual muestra claramente que la intención del legislador no ha sido la de obligar a los Hermanos por la profesión de la Regla a la observancia tanto de todos los consejos como de todos los preceptos del evangelio. Sino solamente de aquellos que en la misma Regla están formulados bajo forma de precepto o de prohibición, o con palabras equivalentes.

Para calmar definitivamente las conciencias de los Hermanos de esta Orden, declaramos que la profesión de esta Regla obliga solamente a los consejos evangélicos que están expresados en dicha Regla bajo forma de precepto o de prohibición o con diversas formas equivalentes.

Hay también otros consejos del Evangelio que los obligan más que a los demás fieles, porque su estado así lo exige. Dado que por la profesión de la Regla han abrazado el estado de perfección, y que se han ofrecido al Señor como holocausto eminente por el desprecio de todas las cosas de este mundo.

Es por eso que con la bolsa, Cristo representó la persona de los débiles. Así como en otras muchas cosas ha cargado con las debilidades de la carne humana, tal como lo atestigua la historia evangélica. Para acomodarse a los débiles, no solamente fue condescendiente en las debilidades de la carne, sino que se abajó a los débiles hasta en su mente.

De modo que él asumió nuestra naturaleza humana siendo perfecto con sus obras, y haciéndose humilde en las nuestras, siempre permaneciendo sublime en las propias. Abajándose por su caridad suprema hasta realizar actos conformes a nuestra imperfección, no se desvió, sin embargo, de la rectitud de su perfección suma.

Si bien Cristo ha realizado y enseñado las obras de la perfección, ha hecho también algunas obras de los débiles, como por ejemplo: a veces se lo ve huir, otras tener bolsa. Pero permaneciendo él mismo perfecto, ha hecho ambas cosas perfectamente, para poder ser camino de salvación tanto para los perfectos como para los imperfectos. El ha venido a salvar, y ha querido finalmente morir también por unos y por otros.

Nadie se atreva a contradecirnos equivocadamente afirmando que quiénes renuncian de tal modo a la propiedad son suicidas, y que tientan a Dios, poniendo su vida en peligro. Sin duda que no. Porque para vivir se confian en la divina Providencia sin desdeñar ninguna providencia humana. Al contrario, están sostenidos: o bien por las ofrendas espontáneas o bien por lo que ellos mendigan humildemente; o por lo que ellos consiguen por su propio trabajo. Tal es la triple vía que la Regla expresamente preve como modo de vida.

Si es cierto que, según la promesa del Salvador, la fe no faltará jamás en la Iglesia, tampoco faltarán las obras de misericordia. Por lo cual los pobres de Cristo no tienen razón alguna para desconfiar.

Pero, si, contra toda probabilidad, las obras de misericordia viniesen a desaparecer por completo, los Hermanos, Así como los demás hombres, podrán providenciarse de lo necesario para satisfacer las necesidades de la naturaleza, según lo establece el derecho natural en caso de necesidad extrema. Dado que la necesidad está eximida de toda ley.

Pero en relación a todas las cosas que están contenidas en la Regla, sea como precepto, sea como consejo, Así como todas las demás, el voto de su profesión no los obliga a observar nada que está propuesto por el texto mismo de la Regla. Es decir que están obligados a observar las cosas que en esta Regla están formuladas con palabras obligatorias.

En cuanto a las demás cosas que están expresadas con palabras de admonición, exhortación, información, o instrucción, o con otras palabras cualesquiera, su observancia es conveniente al estado de los Hermanos. Son coherentes al bien y a la equidad para quiénes, imitando a Padre tan grande, eligieron seguir de más cerca las huellas de Cristo.




Anterior - Siguiente

Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText

IntraText® (V89) Copyright 1996-2007 EuloTech SRL