|
10. Necesitamos algunos puntos de referencia
y criterios para definir la formación integral. Me parece, en esta ulterior
etapa de nuestro camino, poder reconocerlos en las así llamadas “cuatro
fidelidades” descritas en RPH: la fidelidad al hombre y a la propia época; a
Cristo y al Evangelio; a la Iglesia y a su misión en el mundo; a la vida
religiosa y al carisma del fundador. 21 La consideración analítica de estos criterios nos permite
comprender su significado, individuar los componentes constitutivos y los
aspectos específicos, las peculiaridades culturales, y así sucesivamente. En
cambio, en el proceso formativo hay que verlas de forma dinámica, es decir, en la relación entre ellas mismas y
con la persona en crecimiento hacia la plena madurez. Distinguir reenvía a la
unidad del todo; la unidad califica y requiere la distinción y el respeto de
las diversidades, precisamente porque cada cosa lleva la huella trinitaria.
Me
limito a algunos subrayados para cada uno de ellos. No obstante, previamente
quiero ponerlos en un cuadro de conjunto. Cuando se habla de formación –
inicial y permanente – se habla siempre de:
-
personas, de su dignidad, de su vocación específica, de su
porvenir y de su cometido para el bien de la Iglesia y de la sociedad.
-
un designio de Dios sobre la humanidad (cf.
Ef 1,3-14). Y en este plan cobra sentido nuestra vida, nuestra vocación y la
misión del Instituto;
-
una tradición viviente de la que somos expresión y
continuadores, en la fidelidad creativa. Tradición viviente que está poblada
por los “padres” de la vida religiosa (Antonio, Pacomio, Basilio, Benito, ...
Francisco, Clara, Ignacio, ...) y por hombres y mujeres, laicos y
consagrados/as, presbíteros y diáconos, ...
-
un cometido y misión en la comunión orgánica de la
Iglesia, según el mandato del Señor (Jn 20,21).
-
un “hoy”, el de la humanidad, de la que somos ciudadanos
que tendemos hacia el futuro y sobre la que aletea el Espíritu “que renueva
todas las cosas”.
En mi
experiencia de formador he descubierto que es útil tener siempre presentes
estos parámetros, madurados al seguir a los jóvenes, para evitar el tratar de
la formación integral únicamente por superar carencias del pasado – nos
condicionarían – o por valorar los datos de las ciencias pedagógicas de forma
autónoma. La formación integral está unida a la persona, a su colocación en la
sociedad con una identidad propia (“el propio rostro”), a las responsabilidades
en construir junto con los demás el hoy y el porvenir.
|