|
13. El segundo criterio – fidelidad a
Cristo y al Evangelio – está en la raíz de los otros y fundamenta la formación
en el primado de Cristo como programa de vida, vivido en la dialéctica del “ya”
y “todavía no”: “No anteponer nada a Cristo, al amor de Cristo” (S. Benito). La
Exhortación Vita Consecrata lo
describe mediante una serie de Iconos, para empalmar nuestro camino con su
cimiento “natural”: la “piedra angular de todo edificio”, Cristo Jesús, Señor
de la historia, en quien todo se recapitula, es decir, encuentra su unidad y,
por tanto, plenitud dinámica. 24 Fijo la atención sobre cuanto sigue:
-
La pobreza de espíritu (cf. Mt
5,3), que se contrapone al corazón endurecido, como actitud interior que debe
madurar constantemente. Es la puerta de entrada a toda realidad humana,
cultural, espiritual. También al conocimiento de Cristo, “mi Señor” (Flp 3,8).
Es decir, para comprobar si el rostro de mi Dios es el rostro del Dios que nos
ha sido revelado por Cristo Jesús.
-
La opción por Cristo, como
respuesta a la elección por parte de Cristo, es el principio de unidad de vida.
-
El misterio pascual como
dimensión de la vida humana y del seguimiento. La vida humana reencuentra su
plenitud. La vida espiritual, en efecto, no es una dimensión de la persona
junto a las demás, sino la “forma nueva” de vivir la vida humana, es decir, como
criaturas nuevas que somos, guiadas por el Espíritu.
-
Ayudar a descubrir o a
redescubrir el dinamismo de la vocación bautismal, que es vocación a la
perfección de la caridad, a la comunión y a la misión, según el propio estado
de vida. Muchas veces he experimentado que, cuando se da por supuesta esta
etapa del camino o no se la revive con la madurez requerida, se tiene
dificultad para comprender adecuadamente la vocación de consagración en la
profesión de los consejos evangélicos. Faltan el fundamento y la luz, y, al
mismo tiempo, las motivaciones para un decidido y claro compromiso de formación
humana y apostólica.
-
La frescura de la vida
evangélica y el primado de la Palabra vivida y compartida. “Lo que vieron nuestros
ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos – hablamos de la Palabra,
que es la vida, ... - os lo anunciamos ahora para que seáis vosotros solidarios
con nosotros” (1 Jn 1,1-3): es un principio pedagógico insustituible y fecundo.
|