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Consejo Pontificio de la Cultura
Pastoral de la cultura

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Instituciones de educación

29. « El mundo de la educación es un campo privilegiado para promover la inculturación del Evangelio » (Ecclesia in America, n. 71). La educación que guía al niño, después adolescente, hasta su madurez, comienza en el seno de la familia, que sigue siendo el lugar primordial de aquélla. Así, toda pastoral de la cultura y toda evangelización en profundidad se apoyan sobre la educación y toman como punto de anclaje la familia, « primer espacio educativo de la persona » (ibid.).

Pero la familia, frecuentemente enfrentada a las más diversas dificultades, no es suficiente. De ahí la gran importancia de las instituciones educativas. En numerosos países, fiel a su bimilenaria misión de educación y enseñanza, la Iglesia anima numerosas instituciones: jardines de infancia, escuelas, colegios, liceos, universidades, centros de investigación. Estas instituciones católicas tienen por vocación propia el situar los valores evangélicos en el corazón de la cultura. Para hacerlo, los responsables de estas instituciones han de extraer del mensaje de Cristo y la enseñanza de la Iglesia la esencia de su proyecto educativo. Sin embargo, la realización de la misión de estas instituciones depende en no pequeña parte de medios a veces difíciles de conseguir. Es necesario rendirse a la evidencia para apreciar el desafío: la Iglesia ha de consagrar una parte importante de sus recursos en personal y medios a la educación, para responder a la misión recibida de Cristo de anunciar el Evangelio. En todos los casos se mantiene una exigencia: asociar a la preocupación por una seria formación escolar la de una profunda formación humana y cristiana.(23) En efecto, multitud de jóvenes que asisten al conjunto de instituciones de educación en los diversos países, pueden hallarse con frecuencia, a pesar de la buena voluntad y la competencia de sus maestros, plenamente escolarizados pero parcialmente desculturizados.

En la perspectiva global de una pastoral de la cultura, y sin descuidar el proporcionar a los estudiantes la formación específica que tienen derecho a esperar, las universidades, colegios y centros de investigación católicos habrán de preocuparse por asegurar un encuentro fecundo entre el Evangelio y las diferentes expresiones culturales. Estas instituciones podrán contribuir de modo original e irremplazable a una auténtica formación en valores culturales, como terreno privilegiado para una vida de fe en simbiosis con la vida intelectual. A este respecto, conviene recomendar una atención particular a la enseñanza de la filosofía, de la historia y de la literatura, como lugares esenciales de encuentro entre la fe y las culturas.

La presencia de la Iglesia en la universidad y la cultura universitaria,(24) con las iniciativas concretas capaces de hacer eficaz esta presencia, requieren un discernimiento exigente y un esfuerzo incesantemente renovado para promover una nueva cultura cristiana nutrida con los mejores logros de todos los campos de la actividad universitaria.

Tal urgencia de formación humana y cristiana reclama sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y laicas bien formados. Su trabajo conjunto permitirá a las instituciones educativas católicas ejercer su influencia tanto sobre los materiales didácticos como sobre los profesionales de la cultura y favorecerá la difusión de un modelo cristiano de relaciones entre profesores y alumnos en el seno de una verdadera comunidad educativa. La formación armoniosa de la persona es uno de los objetivos mayores de la pastoral de la cultura.

30. La Escuela es por definición uno de los lugares de iniciación cultural y en algunos países y tras muchos siglos, uno de los lugares privilegiados de transmisión de una cultura forjada por el cristianismo. Ahora bien, si en algunos países la « instrucción religiosa » encuentra su lugar, no sucede lo mismo en la mayor parte de los países secularizados. En una y otra situación, se plantea el mismo problema fundamental: la relación entre cultura religiosa y catequesis. Se teme, no sin razón, que la imposición a todos de la asignatura de « religión » obligue a los que están encargados de impartirlas, a atenerse, en realidad, a una simple cultura religiosa. De hecho, cuando se reduce el número de los que han recibido regularmente catequesis, la cultura religiosa, no asegurada por ningún otro medio, corre el riesgo de perderse a corto plazo en las nuevas generaciones para un gran número. De ahí la urgencia de reevaluar la relación entre cultura religiosa y catequesis y de traducir de una manera nueva la articulación entre la necesidad de presentar a los alumnos una información religiosa exacta y objetiva, ausente en ocasiones, y la importancia capital del testimonio de la fe. De ahí también la indispensable complementariedad entre la parroquia y la escuela y la afirmación de la necesidad de escoger profesores aptos para convertir estas instituciones en escuelas de crecimiento espiritual y cultural. Son las condiciones de éxito de esta pastoral exigente y prometedora.




23) Cf. Congregación para la Educación Católica, El laico católico, testigo de fe en la escuela, 15 octubre 1982; Juan Pablo II, Exhortación apostólica post-sinodal Christifideles laici sobre la vocación y la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo, n. 44.



24) Cf. Congregación para la educación católica, Consejo Pontificio de los Laicos, Consejo Pontificio de la Cultura, Presencia de la Iglesia en la Universidad y en la cultura universitaria, Ciudad del Vaticano 1994.






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