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| Pina Del Core, FMA La identidad personal, cultural y vocacional... IntraText CT - Texto |
1.1. ¿Qué cultura y qué identidad?
Cuando se habla de ‘cultura’, nos encontramos ante descripciones muy extensas, tales que coinciden con la gama entera de las actividades humanas, desde las múltiples relaciones entre el hombre y la naturaleza (procurarse y conservar la comida, asegurarse el estar al abrigo de las fuerzas de la naturaleza, los diversos modos con que el hombre domina y controla el ambiente natural) a las interacciones entre semejantes y diversos grupos sociales, entre los sexos, entre ancianos y jóvenes, etc., hasta la organización política y religiosa y las actitudes ante la vida y las valoraciones o visiones del mundo y de la realidad (ética, estética, religión). Esas definiciones tienen el carácter de universalidad (una idea general de la humanidad y de la capacidad de trueque) que parece contrastar con una modalidad relativista de concebir la cultura como una combinación de diversas culturas y subculturas particulares que pueden llevar a una verdadera localización (localismos, nacionalismos, regionalismos, etnocentrismos, etc.) de la dimensión universal de la cultura. 9
“El proceso de globalización sugiere dos imágenes de cultura: la primera imagen implica la extensión fuera de una particular cultura hacia su propio límite, el globo. Culturas heterogéneas se incorporan y se integran en una cultura dominante que, al final, recubre el mundo entero. La segunda imagen se refiere a la compresión de las culturas: elementos anteriormente aislados son llevados ahora al contacto y a la yuxtaposición. Las culturas se amontonan una sobre otra sin claros principios organizativos, es demasiada la cultura que hay que ordenar y organizar en sistemas coherentes de creencias, en instrumento de orientación y conocimiento práctico”. 10
Todo eso replantea de forma dramática el problema de la identidad étnica (o etnicidad) que hay que salvaguardar en primer lugar de las amenazas de ‘construcciones mentales’ – a menudo de naturaleza ideológica o política – proclives o a homologar o bien a dividir/separar (nosotros <> ellos) lo que, en cambio, hay que recomponer en unidad.
En efecto, el proceso de enfatización de los rasgos culturales idiosincrásicos (identidad étnica) es peligroso si no se tiene en cuenta la dinámica de cambio a que están sometidas las identidades: un continuo proceso de definición y de ‘reajuste’ en la dirección de una ulterior diferenciación de las demás identidades (o de fusión) en el contacto y en el intercambio con ‘lo externo’ con otras culturas (interno/externo, identidad/apertura). No es fácil administrar pedagógicamente el armónico equilibrio entre necesidad de identidad/pertenencia y necesidad de apertura a otras culturas, entre educación nacional y educación en la mundialidad. Toda identidad que sea concebida de forma homogénea y totalizadora, ya sea identidad individual o comunitaria, es peligrosa o falsa: puede llegar a ser un instrumento en mano de los movimientos ideológicos o políticos que pretenden definir la identidad de manera predeterminada, por oposición y exclusión en relación con otros grupos e individuos.
Por tanto, es indispensable repensar la identidad de forma pluralista y dinámica, desde el momento en que condiciona el modo en que las personas y los grupos piensan, se definen en sus semejanzas/diferencias con otros individuos y grupos, y se relacionan.