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| Pina Del Core, FMA La identidad personal, cultural y vocacional... IntraText CT - Texto |
2.2. Identidad y proyecto vocacional
El proceso de crecimiento vocacional se injerta con el camino de maduración e integración de la persona. El devenir vocacional procede al mismo paso que la formación de la identidad personal y cultural, se entrelaza con todas las vicisitudes, las dificultades y las crisis que tal crecimiento conlleva. El proyecto vocacional se desarrolla en conexión con la definición de sí y el proyecto de sí y depende, especialmente en la adolescencia, de las identificaciones con personas, comunidades, ambientes y propuestas de vida que hacen de modelos de referencia para llegar a hacer una opción coherente con el propio proyecto de vida.
Identidad y proyecto vocacional son, pues, dos coordinadas estrechamente vinculadas e interdependientes una de otra. En esta óptica, se comprende cómo tantos proyectos vocacionales no maduran, quizá mueren antes de nacer, y también el porqué de tanto escepticismo en relación con la posibilidad misma de identificación vocacional por parte de los jóvenes. Así se explica el fenómeno de la denominada consagración débil, es decir, de la incapacidad de una duradera fidelidad de compromiso religioso. De hecho, no es raro encontrar personas en las que el proyecto vocacional se construye sobre un ‘vacío de identidad’, y eso es problemático para la perseverancia religiosa. 19
Por lo demás, la vocación es una realidad dinámica e histórica, que se inserta en el proceso evolutivo y madurativo de la personalidad, se desarrolla y se consolida en el tiempo y en un contexto humano y relacional. La llamada gratuita y misteriosa de Dios acontece normalmente a través de las mediaciones, tanto individuales como comunitarias y sociales, de modo que la vocación permanece sometida a los diversos condicionamientos personales o socioculturales y se desarrolla en relación con los retos y las llamadas del ambiente de vida, de la historia y de la cultura en que vive. El camino para alcanzar plenitud de identidad vocacional sigue siendo siempre el de asumir de forma madura las posibles dificultades o condicionamientos de una sociedad que cambia, sin miedo de afrontar el cambio, en la confianza de que la identidad se consolida, en lugar de perderse, si se permanece en actitud de apertura y de búsqueda constantes.