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| Pina Del Core, FMA La identidad personal, cultural y vocacional... IntraText CT - Texto |
2.4. Recorridos de crecimiento personal
La formación de la identidad vocacional se realiza mediante recorridos formativos que se articulan fundamentalmente a lo largo de tres áreas estrechamente unidas entre sí: el área de la identidad personal y cultural, el área del crecimiento en la fe, el área de la misión y de la espiritualidad propia del carisma.
Mirando, en especial, el área de la identidad personal y cultural se puede evidenciar algunos recorridos de reapropiación específicos.
a) Progresiva toma de conciencia de la propia identidad cultural y personal
La reapropiación de la identidad se produce mediante la progresiva consciencia de la propia identidad personal y cultural. Y eso no sólo a nivel cognitivo, sino sobre todo a nivel emotivo-afectivo (las vivencias, las experiencias, las resonancias, la memoria, ...), relacional y social.
Quien desarrolla esta consciencia toma una fuerza de proyección y de apertura a los demás y a las culturas, que hace posible una interacción serena y libre. La persona encuentra más fácil vivir en el respeto de las diversidades de cultura, de edad y de formación, y se siente impulsada a descubrir sus valores o a buscar su raíz común, sin creerse por ello disminuida o inferiorizada.
Hay que conceder especial atención a la simbolización de las experiencias, es decir, al grado de elaboración cognitiva y de consciencia vivida y refleja de sí mismos y de las propias experiencias, de los hechos y de los acontecimientos, de los símbolos y de los códigos de la cultura propia. Ese proceso exige la maduración de un pensamiento lógico formal, que capacita a la persona para ir más allá de lo inmediato, de lo concreto y de lo visible, para captar en profundidad el núcleo de sentido escondido en cada experiencia y unirlo mediante un hilo conductor al conjunto de la vida y de la historia. Presupone un recorrido de conocimiento objetivo de la historia y cultura propia, incluso mediante el estudio y la profundización intelectual.
b) Aceptación de la historia propia
Un segundo recorrido obligatorio lo ofrece la aceptación de la historia propia, es decir, de los hechos vividos, de las personas encontradas, de las relaciones, de las experiencias, de los problemas resueltos; pero, sobre todo, de los significados y reflexiones hechas sobre ellos. Efectivamente, “la identidad se corresponde con la aceptación de todo lo que nos ha sucedido: de todo lo que hemos incluido o excluido, de lo que hemos llegado a ser o de ninguna forma hemos llegado a ser, de aquel poco que hemos afrontado en el intento de encontrar una trayectoria existencial suficientemente concatenada a razones prácticas o ideales, o bien, a aquel mucho que no hemos logrado ni coordinar en modo alguno, ni retener para siempre, ni racionalizar a nuestro gusto”. 21
c) Aprender a hablar y escribir de sí (autobiografía)
La experiencia de sí y de la individualidad propia se construye y se consolida ya en la adolescencia por la capacidad de reflexionar y que, sin embargo, tiene necesidad de salir del riesgo de encerrarse emotivamente dentro de sí mismo (introspección ‘salvaje’) a través de la narración de sí, en el marco de una historia. La identidad, en efecto, puede encontrar consistencia por parte de la historia que narra, hace revivir y modifica según las diversas experiencias.
La narración autobiográfica puede convertirse en un espacio de crecimiento, donde la unidad de la narración lleva a la unidad de la identidad incluso en la multiplicidad de las experiencias que componen nuestra vida. Aprender a hablar y escribir de sí es como emprender un ‘viaje formativo’, en el que se reviven más profundamente aquellas experiencias, aunque no sean positivas del todo, que han constituido la trama de nuestra vida. Es un reconfirmar y, al mismo tiempo, un reelaborar vivencias, hechos y acontecimientos a la luz de un nuevo sentido de la vida. Ese camino en la edad adulta puede llegar a ser verdadero camino de autoformación y de cuidado de sí.
En estos recorridos de reapropiación es importante prestar atención a algunas instancias, que pueden formularse así:
- cómo seguir siendo nosotros mismos e idénticos a nosotros mismos (un núcleo interior que permanece en el tiempo), pese a los múltiples cambios externos e internos, personales y ambientales;
- cómo ser nosotros mismos con las caracterizaciones y las cualidades propias que nos distinguen da los demás (proprium), pero también mediante la integración de los caracteres comunes a otras cosas o personas y en un conjunto integrado por componentes y elementos diversos (unidad);
- cómo llegar a ser cada vez más nosotros mismos asumiendo los rasgos y valores de la identidad vocacional-carismática (identificación con Cristo y con el carisma, pero también con los roles y los cometidos relativos a la misión del Instituto y a la organización comunitaria) por la realización de la llamada de Dios y de su proyecto de salvación.