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HACIA UNA ECONOMÍA MÁS SOLIDARIA
Para servir mejor al hombre y a todos los hombres
38. El crecimiento de la riqueza es necesario para el desarrollo, pero las grandes reformas macroeconómicas —que producen siempre una limitación de los ingresos— pueden fracasar cuando las reformas estructurales no se realizan con la energía y el valor político necesarios, en especial aquellas referentes al poder público: reforma de la función del Estado, reformas de bloques políticos y sociales. Estas producen, entonces, sufrimientos inútiles y precipitan una recaída. Las grandes reformas, a veces excesivamente brutales, están siempre acompañadas de ayudas procedentes de la comunidad internacional que presiona el poder político, a menudo a solicitud de éste, para situar al país ante las opciones y ayudarle a tomar decisiones que los países desarrollados no han vuelto a tener la oportunidad de tomar desde los años de la reconstrucción, después de la segunda guerra mundial.
Es tarea de la instituciones internacionales incluir en los planes elaborados por los gobiernos, y escuchando sus consejos, disposiciones destinadas a aliviar el sufrimiento de los que se verán más afectados por esas medidas necesarias. Asimismo, les compete alimentar la confianza hacia los dirigentes del país para que éste se beneficie en un momento dado de los apoyos financieros que recibe en forma de préstamos, ya sean por parte de organismos públicos o privados. Las instituciones internacionales deben hacer presión, igualmente, en el gobierno, para que todas las categorías sociales puedan participar en el esfuerzo común. De lo contrario, el país no podrá tomar el camino del bien común y de la justicia social, tan difícil de salvaguardar, por su misma fragilidad, en esas circunstancias.
Para llegar a ese objetivo, el personal de las instituciones internacionales deberá dar prueba del rigor técnico que afortunadamente acostumbra, pero también de su preocupación por las personas, actitud que no se puede inculcar con disposiciones burocráticas o mediante una formación meramente económica. Es entonces cuando la escucha preferencial al pobre deberá ser especialmente atenta; habrá que elaborar disposiciones precisas, en colaboración con las ONG y las Asociaciones católicas que están en contacto y al servicio de los que se ven más expuestos. Nunca se insistirá lo suficiente en este punto, pues es esencial, y los responsables nacionales e internacionales podrían descuidarlo fácilmente por el hecho de que el trabajo técnico presenta ya dificultades considerables.
En general, todos los organismos nacionales e internacionales que están en relación permanente con los países en desarrollo con altos costos sociales, deberán establecer líneas de comunicación personales y oficiosas, entre los que están directamente al servicio de las poblaciones y el personal técnico que define los planes de reforma. Todo ello deberá realizarse dentro de la mutua confianza de personas que comparten el mismo servicio a los hombres y a cada hombre, para no caer en el economismo y en la ideología.