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| Pontificio Consejo «Cor Unum» Hambre en el mundo IntraText CT - Texto |
Ser la « providencia » de los propios hermanos
55. La práctica de los jubileos se remite fundamentalmente a la Divina Providencia y a la historia de la salvación (79). Apoyándose en esta referencia es posible considerar que el hambre y la malnutrición son una consecuencia del pecado humano que se revela desde los primeros versículos del libro del Génesis: « El Señor preguntó a Caín: "¿Dónde está tu hermano?" Él respondió: "No lo sé: ¿soy yo acaso el guardián de mi hermano?" Entonces el Señor replicó: "¿Qué es lo que has hecho? La sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Por eso te maldice esa tierra, que ha abierto sus fauces para beber la sangre de tu hermano que acabas de derramar. Cuando cultives el campo, no te dará ya sus frutos. Y serás un forajido que huye por la tierra" » (Gn 4, 9-12).
Esta imagen expresa con toda claridad la relación entre el respeto a la dignidad de la persona humana y la fecundidad del espacio ecológico mancillado y destrozado luego. Esta relación resuena como un eco a lo largo de la historia humana y constituye, al parecer, el telón de fondo teológico de las relaciones de causalidad analizadas anteriormente sobre el hambre y la malnutrición. Todo sucede como si los acontecimientos naturales imprevisibles, a veces tan hostiles, se ampliaran con las consecuencias de la sed desmedida de poder y de provecho y sus « estructuras de pecado ». El hombre, apartándose de la intención creadora de Dios, se ve a sí mismo, a sus hermanos y al porvenir con mirada miope, condenado a la experiencia de vagar afligido por el mundo y tiene que escuchar el reproche: « ... ¿dónde está tu hermano? ... ¿qué es lo que has hecho? ».