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Pontificio Consejo «Cor Unum»
Hambre en el mundo

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« ¡Guardaos de los ídolos! »

65. He aquí la promesa que nos hace el Señor: « ... os purificaré de todas vuestras impurezas e idolatrías. Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; os arrancaré el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que viváis según mis mandamientos, observando y guardando mis leyes » (Ez 36, 25-27).

Este magnífico lenguaje bíblico no debe engañarnos. No se trata aquí, de un llamamiento a los buenos sentimientos para producir una simple condivisión material, por válida y eficaz que sea. Lo que se nos propone es un cambio más profundo, es la misma profundidad de Dios, para liberarnos de nuestros ídolos y enseñarnos a amar; ésto compromete a todo nuestro ser. Entonces podremos superar nuestros temores y nuestros egoísmos para prestar atención a nuestros hermanos y servirles.

Nuestros ídolos están muy cerca de nosotros: están constituidos por nuestra búsqueda individual o comunitaria —ya seamos ricos o pobres— de bienes materiales, poder, fama y placer, considerados como fines en sí mismos. Someterse a esos ídolos esclaviza al hombre y empobrece el planeta (cf. n. 25). La injusticia profunda que sufre el que no puede disponer de lo necesario, reside precisamente en que se ve obligado a buscar esos bienes materiales por encima de todo.

El corazón del pobre Lázaro es más libre que el del rico malvado, y Dios a través de la voz de Abrahán, no sólo pide al rico que comparta el banquete con Lázaro, sino que cambie su corazón,que acepte la ley del amor para hacerse hermano del pobre (cf. Lc 16, 19ss.).

Al librarnos de los ídolos, Dios permitirá que nuestro trabajo transforme el mundo, no sólo aumentando las riquezas de todo tipo, sino sobre todo orientando el trabajo humano al servicio de todos. El mundo podrá entonces recobrar su belleza original, que no es únicamente la de la naturaleza en el día de la Creación, sino la del jardín admirablemente cultivado y hecho fértil por el hombre, al servicio de sus hermanos, en la presencia amorosa de Dios y por amor a Él.

« "Contra el hambre cambia de vida", es el lema surgido en ambientes eclesiales, que indica a los pueblos ricos el camino para convertirse en hermanos de los pobres... »(93).




93) Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Redemptoris Missio (1990), n. 59, AAS 83 (1991) 4, 307-308.






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