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| Pontificio Consejo «Cor Unum» Hambre en el mundo IntraText CT - Texto |
Todo cristiano está en misión en todas sus actividades
71. El cristiano está al servicio de sus hermanos en todos los aspectos de su actividad y de su vida. El amor cristiano compromete a todos los creyentes en su trabajo diario y en sus iniciativas personales. El compromiso del cristiano, así como sus acciones humanitarias y caritativas, son respuesta a esa llamada misionera.
En el trabajo remunerado, así como en el voluntariado o en el trabajo del hogar, a menudo considerable, el hombre y la mujer están llamados a vivir una misma misión: anunciar la Buena Noticia y ponerse a su servicio en los gozos y sufrimientos diarios, y en toda situación. La calidad del trabajo, la participación en reformas justas, el ejemplo modesto del comportamiento, la preocupación por los demás, más allá de los objetivos personales e institucionales legítimos, con todo esto el hombre y la mujer están desempeñando un apostolado. Con la fuerza del Señor progresarán en la lucha contra el desorden y la injusticia.
El cristiano tratará de dirigir su acción, sea la que fuere, hacia Aquél que habla directamente al corazón a través de la boca del pobre. El cristiano, en su tarea de « luz » de los demás hombres de buena voluntad con quienes comparte los valores humanos fundamentales, deberá velar porque su acción personal, así como la de sus hermanos en la fé, se inspire siempre en la Palabra de Dios y sigua con docilidad las enseñanzas de la Iglesia y de sus pastores. La comunidad de acción debe ser una comunidad con el Señor, El mismo velará porque esta acción se piense y se realice en el Espíritu Santo y no pierda su calidad de misión; de esa misión que se inspira y tiene su fuente en el mismo Jesucristo, quien se define a sí mismo como « Servidor de los hombres ».
El cristiano encontrará apoyo, en todo momento, en la oración de la bienaventurada Virgen María, orante y actuante en su servicio sin reservas, a Dios y a los hombres. La Madre de Dios suplicará al Espíritu Santo que inspire la inteligencia y el corazón del cristiano para que éste se transforme en libre colaborador responsable y confiado, cuya acción dará testimonio por sí misma del amor de Dios y tendrá la característica de eternidad.
Ciudad del Vaticano, Palacio
San Calixto.
4 de octubre de 1996, fiesta de San Francisco de Asís.
Arzob. Paul Josef Cordes
Presidente Pontificio Consejo « Cor Unum »
Mons. Iván Marín
Secretario Pontificipo Consejo « Cor Unum »