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| Pontificio Consejo «Cor Unum» Hambre en el mundo IntraText CT - Texto |
La voluntad política de los países industrializados
40. Los poderes públicos de los países globalmente ricos deben influir en la opinión pública local para sensibilizarla respecto a la situación de los pobres, cercanos o lejanos; es su deber, igualmente, sostener con fuerza la acción de las instituciones internacionales para aliviar esos mismos sufrimientos, y ayudarles a emprender iniciativas inmediatas y perseverantes con el fin de detener el hambre en el mundo. En esta línea la Iglesia está insistiendo con gran empeño, desde hace más de cien años, contra viento y marea, y solicita que los derechos de los más débiles sean protegidos, entre otras cosas, mediante intervenciones del poder público (59).
Para sensibilizar y movilizar a la comunidad internacional, en particular por lo que se refiere a la dimensión ética del asunto, se encuentran referencias enérgicas y precisas en numerosos textos procedentes, por ejemplo, del Consejo Económico y Social ECOSOC (en particular, de su Comisión de Derechos Humanos) y del UNICEF. En los trabajos de la FAO —bien conocida al respecto— la convergencia ya recordada entre la enseñanza de la Iglesia y los esfuerzos de movilización creciente emprendidos por la comunidad internacional se presenta con gran evidencia en varios instrumentos, como la Carta del Campesino, que se encuentra en la Declaración mundial sobre reforma agraria y desarrollo rural (1979) (60); el Pacto mundial de seguridad alimentaria (61); la Declaración mundial sobre nutrición y el Plan de acción adoptado por la Conferencia internacional sobre nutrición (1992) (62), sin olvidar diversos códigos de comportamiento o compromisos internacionales —política o moralmente obligatorios— sobre plaguicidas, recursos fitogenéticos, etc. Es importante observar que esa perspectiva ética ha sido adoptada recientemente por el Banco Mundial (63). El desarrollo humano no será el fruto de mecanismos económicos que funcionan por sí mismos y que bastaría promover. La economía se hará más humana gracias a toda una serie de reformas, en todos los niveles, orientadas hacia el mejor servicio del verdadero bien común, es decir, guiadas por una visión ética fundada en el valor infinito de cada hombre y de todos los hombres; es necesaria una economía que se inspire en « la necesidad de entablar relaciones entre los pueblos sobre la base de un constante intercambio de dones, de una verdadera "cultura del dar " que debería preparar a todos los países para afrontar las necesidades de los menos favorecidos » (64).