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Hambre en el mundo

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Aumentar la ayuda pública para el desarrollo

43. El proyecto de la UNCTAD para la segunda década del desarrollo, se proponia que la ayuda a los países en desarrollo ascendiera al 0,7% del PNB de los países industrializados. Sólo unos pocos países han logrado este objetivo (65) que ha sido reiterato por la Cumbre de Copenhague (66). El promedio de la ayuda a los países en desarrollo representa, actualmente, el 0,33%, es decir, menos de la mitad del objetivo indicado.

El hecho de que algunos países alcancen dicho objetivo y otros no, demuestra claramente que la solidaridad es fruto de la determinación de los pueblos y de los Estados, y no de automatismos técnicos. Conviene, igualmente, reservar una suma mayor de esa ayuda para la financiación de proyectos en cuya elaboración hayan participado los mismos pobres. Puesto que en la democracia los responsables políticos dependen de la opinión pública, es preciso infundir en ella una conciencia más clara acerca de lo que supone el presupuesto de ayuda para el desarrollo. « Todos somos solidariamente responsables de las poblaciones subalimentadas [...] igualmente, hay que formar las conciencias al sentido de responsabilidad que incumbe a todos y a cada uno, especialmente a los más favorecidos »(67).

La ayuda pública plantea numerosos problemas de orden ético, tanto a los países donantes como a los países destinatarios. En todas partes, la moralización de los circuitos de dinero nuevo es un problema difícil, y la falta de ética puede beneficiar a grupos privilegiados. Se corre así el riesgo de estabilizar situaciones de poder que se podrían describir en términos de « estructuras de pecado », favoreciendo por todos lados el clientelismo.

Se trata de potentes mecanismos inhibidores de las verdaderas reformas y del desarrollo del bien común que pueden tener consecuencias temibles como, por ejemplo, desórdenes locales y contiendas entre tribus en los países que son frágiles en este campo.

La lucha contra esas « estructuras de pecado » da una gran esperanza a los países menos favorecidos.




65) 3 Cf. PNUD, Rapport mondial sur le développement humain 1992, Economica, Paris 1992, p. 49; cf. también ONU, Informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, Río de Janeiro 1992, párr. 33.13: « Los países desarrollados reafirman sus compromisos de alcanzar la meta aceptada por las Naciones Unidas del 0,7% de su PNB para la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) y, en la medida en que aún no hayan alcanzado esa meta, están de acuerdo en aumentar sus programas de asistencia a fin de alcanzar esa meta lo antes posible... Algunos países han convenido en alcanzar la meta para el año 2000... Se debe encomiar a los países que han alcanzado ya la meta y se les debe alentar a continuar contribuyendo al esfuerzo común para facilitar los sustanciales recursos adicionales que han de movilizarse ».



66) Cf. ONU, Informe de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social (Copenhague, 6-12 de marzo, 1995), Declaración y Programa de Acción, párr. 88b.



67) Juan XXIII, Carta Encíclica Mater et magistra (1961), cap. III, AAS 53 (1961) 8, 440.






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