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Pontificio Consejo «Cor Unum»
Hambre en el mundo

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Tanto el pobre como el rico están llamados a la libertad

63. Dios no quiere la indigencia de su pueblo, es decir, de los hombres, ya que a través de cada uno de ellos nos interpela. Nos dice simplemente que el indigente, así como el rico enceguecido por su riqueza, son hombres mutilados; el primero, por circunstancias que no puede superar a pesar suyo; el segundo, por tener las manos demasiado llenas. Uno y otro se ven, por tanto, impedidos para acceder a la libertad interior, a la que Dios llama sin cesar a todos los hombres.

El pobre, « colmado de bienes » no encuentra en ello una revancha egoísta a la mala suerte, sino una situación que le permite, por fin, no quedar disminuido en sus capacidades fundamentales. El rico, « despedido sin nada », no es castigado por ser rico, más bien se ve liberado del peso y de la oscuridad inherentes a su apego demasiado exclusivo a toda clase de bienes. El canto del Magníficat no es una condena, sino un llamamiento a la libertad y al amor.

En este proceso de doble curación, el pobre está llamado a sanar su corazón herido por la injusticia que puede llevarle hasta a odiarse a sí mismo y a los demás. El rico en cambio está llamado a liberarse de su carga de pacotilla, que le tapa ojos y oídos. Esa carga oculta el fondo de su corazón bajo los efímeros bienes del dinero, el poder y los placeres; esa carga limita la visión de sí mismo y de los demás.




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