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| Pontificio Consejo «Cor Unum» Hambre en el mundo IntraText CT - Texto |
II
DESAFÍOS DE TIPO ÉTICO
QUE SE HAN DE RESOLVER ENTRE TODOS
Dimensión ética del fenómeno
22. Si se quieren encontrar soluciones durables para el problema del hambre y la malnutrición en el mundo, es indispensable entender bien la naturaleza ética de lo que está en juego.
Si la causa del hambre es de orden moral, que supera todas las causas físicas, estructurales y culturales, los desafíos son de esa misma naturaleza, moral. Esto puede motivar al hombre de buena voluntad, que cree en los valores universales en las distintas culturas, y en particular al cristiano que experimenta la relación preferencial que el Señor todopoderoso quiere establecer con todo hombre, sea quien fuere.
Este desafío incluye una mejor comprensión de los fenómenos. Creer en la capacidad de los hombres de prestarse servicio mutuamente —lo que se puede hacer interpretando correctamente las fuerzas económicas— y hasta en el retroceso de las corrupciones de todo tipo. Pero, aún más, se sitúa en el ámbito de la libertad de cada hombre de cooperar, en su actividad diaria, en la promoción de todo hombre y de todos los hombres, es decir, en el desarrollo del bien común (34). Ese desarrollo implica la justicia social y el respeto a la destinación universal de los bienes de la tierra, la práctica de la solidaridad y de la subsidiariedad, la paz y el respeto por la creación. He aquí la dirección que se debe tomar para volver a dar esperanza y edificar un mundo más acogedor a las generaciones futuras.
Para que ese progreso sea posible, la búsqueda orgánica del bien común debe ser protegida, promovida y, si fuere el caso, reactivada como elemento necesario de las motivaciones fundamentales de los protagonistas políticos y económicos —en su reflexión y en su acción— en todos los niveles y en todos los países.
Las motivaciones personales e institucionales de los hombres son necesarias para el buen funcionamiento de la sociedad, partiendo de las familias. Pero cada cual por su cuenta, y todos juntos, los hombres deben aceptar esta conversión que consiste en no sacrificar la búsqueda del bien común en aras del interés estrictamente personal o de grupo, por legítimos que puedan ser.
Los principios que la Iglesia ha dado poco a poco en su enseñanza social constituyen, por tanto, una guía preciosa para la acción de los hombres contra el hambre. La prosecución del bien común es el punto de convergencia de:
– la búsqueda de la mayor eficiencia en la gestión de los bienes terrenos;
– una mayor aplicación de la justicia social, exigida por la destinación universal de los bienes;
– una aplicación competente y permanente de la subsidiariedad que evite la tentación de apropiarse del poder;
– el ejercicio de la solidaridad a todos los niveles que impida a los más favorecidos acaparar los medios económicos, que ayudará a que ningún hombre quede excluído del cuerpo social y económico, ni privado de su dignidad fundamental.
La enseñanza social de la Iglesia, por consiguiente, debe impregnar la filosofía de la acción de los dirigentes, ya sea que lo hagan conscientemente o no.
Se corre el peligro de acoger estas afirmaciones con escepticismo e incluso con cinismo. La actividad de los responsables en general se lleva a cabo en un ambiente duro, a veces cruel y angustioso que los puede inducir a buscar el poder para mantenerlo. Esas personas pueden inclinarse a estimar las consideraciones éticas como trabas. Sin embargo, la experiencia diaria, en lugares muy distintos, indica que la realidad es diferente; sólo un desarrollo equilibrado encaminado hacia el bien común, será auténtico y contribuirá, incluso a largo plazo, a la estabilidad social. Ya en todos los niveles y en todos los países, algunas personas trabajan juntas y discretamente teniendo en cuenta los intereses legítimos de sus semejantes.
Los cristianos están llamados a la tarea inmensa de promover, en todas partes, esos comportamientos obrando como levadura en una dura masa; es difícil pero posible, gracias a la vivencia del amor del Señor por todos los hombres que ellos mismos experimentan en lo más profundo de su ser.
Esa titánica tarea consiste en proporcionar un ejemplo en todos los niveles: técnico, empresarial, moral y espiritual. Se trata de ayudarse mutuamente en todos los grados de responsabilidad sin excepción.