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| Leo PP. XIII Immortale Dei IntraText - Concordancias (Hapax Legomena) |
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Cap., Párrafo gris = Texto de comentario
1 II, 19(26) | San Agustín, Epist. 105 2,9: PL 33,399.~
2 II, 11 | 11. Es fácil de ver la deplorable
3 I, 8(18) | metropolitanos: Mansi, 4,1114.~
4 II, 12 | 12. Así, en la situación política
5 I, 8(19) | Ecclesiae catholicae 1,30: PL 32,1336.~
6 I, 8(20) | San Agustín, Epist. 138 ad Marcellinum 2,15: PL
7 II, 14 | 14. En materia religiosa, pensar
8 II, 18(25) | in Io. Evang. 26,2: PL 35,1607.~
9 I, 9(21) | Chartres, Epis. 238: PL 162,246.~
10 II, 16(24) | 39,55 y 89: ASS 3 (1867) 167ss.~
11 II, 16(24) | prop.19,39,55 y 89: ASS 3 (1867) 167ss.~
12 II, 16(23) | de agosto de 1832: ASS 4 (1868) 341ss.~
13 III, 24 | Pedro, el 1 de noviembre de 1885, año octavo de nuestro pontificado.~
14 II, 10(22) | de junio de 1888: ASS 20 (1887-1888) 593-613.~
15 III, 23 | 23. Es necesario renovar en
16 I, 9(21) | Vives de Chartres, Epis. 238: PL 162,246.~
17 III, 24 | 24. Estas son, venerables hermanos,
18 I, 9(21) | Chartres, Epis. 238: PL 162,246.~
19 II, 18(25) | Tractatus in Io. Evang. 26,2: PL 35,1607.~
20 I, 5(16) | Hech 5,29.~
21 I, 8(19) | moribus Ecclesiae catholicae 1,30: PL 32,1336.~
22 II, 19(28) | Jn 8,34.~
23 II, 16(23) | agosto de 1832: ASS 4 (1868) 341ss.~
24 II, 18(25) | Tractatus in Io. Evang. 26,2: PL 35,1607.~
25 III, 22(30)| Tertuliano, Apologeticum 37: PL 1,462.~
26 II, 16(24) | Pío IX, Syllabus prop.19,39,55 y 89: ASS 3 (1867) 167ss.~
27 II, 19(26) | Agustín, Epist. 105 2,9: PL 33,399.~
28 III, 22(30)| Tertuliano, Apologeticum 37: PL 1,462.~
29 I, 8(20) | Marcellinum 2,15: PL 33,532.~
30 II, 16(24) | IX, Syllabus prop.19,39,55 y 89: ASS 3 (1867) 167ss.~
31 II, 10(22) | 1888: ASS 20 (1887-1888) 593-613.~
32 II, 10(22) | ASS 20 (1887-1888) 593-613.~
33 II, 16(24) | Syllabus prop.19,39,55 y 89: ASS 3 (1867) 167ss.~
34 II, 11 | porque ello equivaldría al abandono de los más santos y más
35 III, 22 | más amplio, e incluso que abarque el poder supremo del Estado.
36 II, 15 | perfección; por el contrario, abdican de su dignidad natural y
37 III, 21 | que persiga tiránica y abiertamente a la religión cristiana,
38 I, 2 | despeñan voluntariamente en el abismo de su propia perdición. «
39 II, 19 | del hombre a la tiranía abominable de los errores y de las
40 II, 15 | obstáculos. Por último, se abre la puerta a enemistades
41 II, 17 | debe ser considerado en absoluto como un derecho de los ciudadanos,
42 II, 11 | autoridades civiles como árbitros absolutos de todo. Pero como la Iglesia
43 III, 22 | De lo contrario, si se abstienen políticamente, los asuntos
44 II, 14 | consigo mismos y no caer en un absurdo, han de comprender necesariamente
45 I, 3 | conservación y la ínnumerable abundancia de sus bienes. Por esta
46 I, 8 | religión cristiana enriquece abundante y espontáneamente la misma
47 I, 5 | tengan vida, y la tengan abundantemente7, de la misma manera el
48 II, 19 | cultura, produzca frutos abundantes. Estimula todas las artes,
49 I, 8 | constitución del Estado que acabamos de exponer, no menoscaba
50 III, 23 | todo como prueba de supremo acatamiento a la Sede Apostólica. De
51 III, 23 | forma en la esfera pública, acatando la autoridad de la Iglesia
52 II, 19 | desenfreno o a la esclavitud, acepta, por otra parte, con mucho
53 II, 14 | pueden ser todas igualmente aceptables ni igualmente buenas o agradables
54 I, 5 | concordatos, ya con el envío y aceptación de embajadores, ya con el
55 II, 20 | Pero estos principios, tan acertados y razonables, no son aceptados
56 I, 8 | Por último, se provee con acierto a la seguridad, al mantenimiento
57 II, 19 | de aquí que la Iglesia acoja siempre con agrado y alegría
58 I, 2 | majestad del poder se verá acompañada por la reverencia honrosa
59 II, 15 | grandes daños, como los acontecimientos han demostrado con demasiada
60 I, 8 | subrayado con su elocuencia acostumbrada el valor de los bienes,
61 II, 14 | practicar ninguna de ellas. Esta actitud, si nominalmente difiere
62 I, 6 | de composición entre las actividades respectivas de uno y otro
63 III, 22 | política de los pueblos. No acuden ni deben acudir a la vida
64 III, 22 | pueblos. No acuden ni deben acudir a la vida política para
65 II, 18 | tampoco razón justa para acusar a la Iglesia de ser demasiado
66 III, 23 | la injusticia si se les acusara de violación o de sospecha
67 III, 23 | Sede Apostólica, se les acuse de falta grave porque piensen
68 I, 8(20) | San Agustín, Epist. 138 ad Marcellinum 2,15: PL 33,
69 I, 6 | de concurrir con exacta adecuación al fin total al que tiende
70 II, 15 | cosas. Si la inteligencia se adhiere a opiniones falsas, si la
71 I, 5 | tiempo por una filosofia aduladora de los poderes políticos.
72 III, 22 | un niño en la cuna, sino adulta y vigorosa ya en la mayoria
73 I, 9 | corruptora habilidad de los adversarios podrá desvirtuar u oscurecer.
74 I, 8 | bien de los pueblos, tú adviertes a los pueblos que presten
75 III, 24 | en el Señor, con el mayor afecto, nuestra bendición apostólica
76 II, 19 | vana e infundada es la afirmación de algunos que dicen que
77 0, 1 | todas las calamidades que afligían a la república, no echando
78 II, 15 | menos, se disminuye, la afluencia de los bienes que aportaría
79 I, 8 | marido a la mujer, no para afrenta del sexo más débil, sino
80 II, 10 | rechazarlas todas si ninguna le agrada. De aquí nacen una libertad
81 II, 14 | aceptables ni igualmente buenas o agradables a Dios.~
82 II, 19 | Iglesia acoja siempre con agrado y alegría todo lo que contribuye
83 I, 5 | esta autoridad frente a los agresores de ella. Más aún: los mismos
84 0, 1 | de esta calumnia armó y aguzó, no sin motivo, la pluma
85 II, 12 | instituciones cristianas, ahogar la libertad de la Iglesia
86 | ajena
87 II, 11 | la política práctica se ajusta a estas doctrinas, se da
88 III, 22 | principal de cada uno es ajustar perfectamente su vida y
89 II, 11 | fundamentos, hoy día tan alabados. Porque cuando la política
90 I, 8 | Sabe también que tiene a su alcance otros guías y auxiliadores
91 II, 19 | mente divina toda verdad alcanzada por la investigación del
92 II, 15 | inteligencia ni la voluntad alcanzan su perfección; por el contrario,
93 II, 19 | acoja siempre con agrado y alegría todo lo que contribuye al
94 I, 8(18) | II Carta a San Cirilo de Alejandría y a los obispos metropolitanos:
95 II, 20 | sino que parecen pretender alejarse cada día más de ésta. Sin
96 | algunos
97 I, 9 | heroicas instituciones para aliviar las desgracias de los hombres,
98 | allá
99 I, 6 | da en el hombre entre el alma y el cuerpo. Para determinar
100 II, 10 | filosofía, y de ésta pasó a alterar todos los órdenes de la
101 III, 22 | para que sea respetada y amada por aquellos sobre los que
102 III, 23 | estén dispuestos a ser hijos amantes de la Iglesia y aparecer
103 III, 22 | cristiana. Deben, además, todos amar a la Iglesia como a Madre
104 I, 2 | poseído. A los poderosos amenaza poderosa inquisición2. De
105 III, 22 | Iglesia y podrían muy poco sus amigos. Queda, por tanto, bien
106 I, 9 | unidos en mutua concordia y amistoso consorcio de voluntades.
107 I, 8 | para demostración de un amor leal. Tú sometes los hijos
108 I, 8 | para que gobiernen a éstos amorosa y tiernamente. Tú unes a
109 II, 15 | menos lícito favorecer y amparar esas publicaciones y exposiciones
110 III, 22 | estrecho círculo a un campo más amplio, e incluso que abarque el
111 I, 8 | jóvenes, con calma a los ancianos, según la edad de cada uno,
112 I, 5 | con invicta constancia de ánimo, no han cesado jamás de
113 III, 23 | partido, sino que, unidos los ánimos y los deseos, deben todos
114 III, 22 | consigo mismos, se introducían animosamente dondequiera que podían.
115 III, 24 | 1 de noviembre de 1885, año octavo de nuestro pontificado.~
116 I, 8 | para la unión familiar. Tú antepones el marido a la mujer, no
117 II, 15 | perturba el orden de las cosas, anteponiendo lo natural a lo sobrenatural.
118 III, 23 | del Estado. Por tanto, si anteriormente ha habido alguna división,
119 0, 1 | historia. No obstante, una muy antigua y repetida acusación calumniosa
120 II, 10 | quiera y obrar lo que se le antoje en cualquier materia. Nadie
121 III, 23 | amantes de la Iglesia y aparecer como tales. Han de rechazar
122 III, 22 | Evangelio, la fe cristiana apareció no dando vagidos como un
123 III, 21 | peligro de que la honesta apariencia de esas libertades engañe
124 II, 15 | virtuosa. Por lo cual se aparta de la norma enseñada por
125 II, 11 | todas las gentes, se ve apartada de toda intervención en
126 II, 19 | vislumbra el comienzo de un apartamiento voluntario de Dios. Pero
127 III, 23 | consecuente consigo mismo, sin apartarse de la norma de la virtud
128 I, 8 | y frenada para que ni se aparte de la justicia ní degenere
129 II, 19 | la actividad del hombre aparten a éste de Dios y de los
130 0, 1 | que lícita y naturalmente apetece toda sociedad bien constituida.
131 III, 24 | hombres, conduzca al resultado apetecido los deseos que hemos formado
132 III, 22 | 22. En la práctíca, la aplicación de estos principios pueden
133 II, 15 | perfecciona al hombre, debe aplicarse exclusivamente a la verdad
134 I, 8 | de su esfera propia y se aplicase sincera y totalmente al
135 III, 22(30)| Tertuliano, Apologeticum 37: PL 1,462.~
136 0, 1 | no sólo realizó una cabal apología de la cristiandad de su
137 II, 15 | afluencia de los bienes que aportaría la Iglesia a la sociedad
138 II, 19 | libertad de perdición26 y el apóstol San Pedro velo de malicia27.
139 II, 11 | Iglesia si el Estado se apoya sobre estos fundamentos,
140 II, 10 | toda para gobernar no se apoyaran en Dios mismo. De este modo,
141 II, 11 | poderes algún concordato, se apresuran a proclamar que es necesario
142 0, 1 | margen de las doctrinas aprobadas por la Iglesia católica.
143 II, 16 | modo semejante, Pío IX, aprovechando las ocasiones que se le
144 | aquel
145 I, 8 | da a Dios. Entre éste y aquél existe un estrecho e íntimo
146 I, 3 | contrario a la incolumidad de aquélla. Obligación debida por los
147 | aquellas
148 II, 13 | soberanía del pueblo, que, según aquéllas, reside por derecho natural
149 | aquello
150 | aquellos
151 I, 8 | salvando la libertad de aquéllos. Tú colocas a los padres
152 II, 11 | sí mismas una legislación arbitraria y desprecian con soberbia
153 II, 19 | del Estado de toda ajena arbitrariedad. La Iglesia es la primera
154 II, 10 | religiosa todo queda al arbitrio de los particulares y que
155 II, 11 | autoridades civiles como árbitros absolutos de todo. Pero
156 II, 19 | fomentará y favorecerá con ardor todas aquellas ciencias
157 0, 1 | atrocidad de esta calumnia armó y aguzó, no sin motivo,
158 I, 8 | hombres. Tan pronto como arraiga esta convicción en la sociedad,
159 III, 23 | racionalismo, cuyo fin último es arrasar hasta los cimientos la religión
160 II, 17 | Iglesia en su esfera propia, o arrebatarle cualquiera de los derechos
161 III, 21 | provocado el desengaño y el arrepentimiento en todos los hombres honrados
162 II, 19 | abundantes. Estimula todas las artes, todas las industrias, y
163 III, 22 | fortalezas, los municipios, las asambleas, los campamentos, las tribus,
164 I, 8 | mortal de los hombres quedan asegurados a la comunidad y al Estado.
165 I, 6 | género de concordia que asegure la paz y libertad de entrambas
166 I, 5 | consumación del mundo»6. Y asi como Jesucristo vino a la
167 II, 11 | asociación parecida a las demás asociaciones reconocidas por el Estado.
168 II, 10 | hombres, ya aislados, ya asociados, no debiesen nada a Dios,
169 I, 6 | si bien bajo diferentes aspectos, a la competencia y jurisdicción
170 I, 5 | jurídicamente perfecta, atacada desde hace mucho tiempo
171 II, 14 | nominalmente difiere del ateísmo, en realidad se identifica
172 II, 16 | supiesen los católicos a qué atenerse, sin peligro de equivocarse,
173 III, 21 | es menester que todos se atengan al juicio de la Sede Apostólica
174 III, 22 | logrando sobre todo que se atienda a la instrucción pública
175 I, 2 | y los que la resisten se atraen sobre sí la condenación»4.
176 III, 22 | útiles a sus hermanos y atraer a los demás a la sabiduría
177 I, 8 | que nos los hayan dado, atrévanse a decir que tal doctrina
178 0, 1 | aquella época el vulgo solía atribuir al cristianismo la culpa
179 0, 1 | justamente a los pecadores.~La atrocidad de esta calumnia armó y
180 II, 16 | Pontífice: «No podríamos augurar resultados felices para
181 II, 13 | de Dios como de suprema y augusta fuente. La soberanía del
182 III, 24 | todo el género humano. Como auspicio favorable de los beneficios
183 II, 11 | la Iglesia una esfera de autonomía jurídica y existe entre
184 I, 2 | del mismo Dios, que es su autor. De donde se sigue que el
185 I, 9 | grandes empresas y una eficaz auxiliadora en sus realizaciones. Habríamos
186 III, 24 | implorar con intensa oración el auxilio del cielo y rogar a Dios
187 II, 16 | equivocarse, en medio de una avenida tan grande de errores24.~
188 I, 8 | el consuelo, a quién el aviso, a quién la exhortación,
189 III, 22 | corte imperial. «Somos de ayer y ya llenamos todo lo vuestro:
190 III, 22 | reprensible como no querer prestar ayuda alguna al bien común. Tanto
191 III, 23 | excelentes. El primero, ayudar a la Iglesia en la conservación
192 I, 9 | cristiana domó las naciones bárbaras y las hizo pasar de la fiereza
193 III, 21 | los principios en que se basa son tales, como hemos dicho,
194 II, 10 | pasado y propuestos como base y fundamento de un derecho
195 III, 24 | el mayor afecto, nuestra bendición apostólica a vosotros, venerables
196 I, 5 | por sí misma, por voluntad benéfica y gratuita de su Fundador,
197 III, 23 | segundo, procurar el mayor beneficio posible al Estado, cuya
198 II, 16 | que siempre ha sido tan beneficiosa para los intereses religiosos
199 I, 9 | partes gracias a la adhesión benévola de los gobernantes y a la
200 III, 24 | prenda de nuestra paterna benevolencia, os damos en el Señor, con
201 I, 8 | obligatorias la mutua caridad, la benignidad, la liberalidad. No queda
202 0, 1 | calumnias muy parecidas. Blanco del odio y de la malevolencia,
203 II, 16 | habían empezado a estar en boga, reuniéndolas después en
204 I, 3 | cielo, más allá de la frágil brevedad de esta vida. Si, pues,
205 0, 1 | sistema superior al que brota espontáneamente de la doctrina
206 I, 9 | sólo no crecen los pequeños brotes, sino que incluso las mismas
207 I, 2 | reverencia honrosa que de buen grado le prestarán los ciudadanos.
208 II, 18 | no puede creer más que de buena voluntad»25.~
209 III, 22 | Asimismo, por regla general, es bueno y útil que la acción de
210 I, 5 | mutuo intercambio de otros buenos oficios. Y hay que reconocer
211 II, 19 | descubrimientos. Ni es contraria a la búsqueda de nuevos progresos para
212 0, 1 | que no sólo realizó una cabal apología de la cristiandad
213 I, 6 | está referido, todo ello cae bajo el dominio y autoridad
214 II, 14 | consecuentes consigo mismos y no caer en un absurdo, han de comprender
215 III, 22 | políticamente, los asuntos políticos caerán en manos de personas cuya
216 0, 1 | cristianismo la culpa de todas las calamidades que afligían a la república,
217 0, 1 | que ni en número ni en calidad podría procurarlos mayores
218 I, 8 | energía a los jóvenes, con calma a los ancianos, según la
219 0, 1 | cristianos fueron perseguidos con calumnias muy parecidas. Blanco del
220 0, 1 | antigua y repetida acusación calumniosa afirma que la Iglesia es
221 II, 13 | pueblo, es necesario que todo cambie al compás de la voluntad
222 I, 6 | El poder eclesiástico, en cambio, la adquisición de los bienes
223 I, 6 | hombre dudando, como el caminante ante una encrucijada, sin
224 II, 20 | pública discurriera por caminos más seguros y tuviera fundamentos
225 0, 1 | Estado y que es nula su capacidad para promover el bienestar
226 II, 13 | encender innumerables pasiones, carece de todo fundamento sólido
227 I, 8 | gran perfección, de la que carecen los restantes sistemas políticos.
228 II, 15 | pensamiento y de expresión, carente de todo límite, no es por
229 III, 22 | honores, las dignidades y los cargos públicos sin faltar a su
230 I, 8(18) | Teodosio II Carta a San Cirilo de Alejandría
231 III, 22 | rápidamente no sólo en las casas particulares, sino también
232 III, 23 | está permitida en estos casos una honesta díversidad de
233 I, 8 | la mujer a su marido con casta y fiel obediencia, no para
234 0, 1 | vengador de los crímenes, quien castigaba justamente a los pecadores.~
235 I, 8 | la reprensión, a quién el castigo, manifestando al mismo tiempo
236 II, 16 | reuniéndolas después en un catálogo, a fin de que supiesen los
237 I, 8(19) | Agustín, De moribus Ecclesiae catholicae 1,30: PL 32,1336.~
238 III, 23 | halla en grave peligro a causa de nocivas teorías y malvadas
239 II, 15 | enemistades y conflictos, que causan a ambas sociedades grandes
240 I, 5 | hombres hacia la patria celestial. Dios ha dado a la Iglesia
241 I, 9 | musulmanas; si ha conservado el cetro de la civilización y se
242 III, 23 | último es arrasar hasta los cimientos la religión cristiana y
243 III, 22 | extienda desde este estrecho círculo a un campo más amplio, e
244 I, 8(18) | Teodosio II Carta a San Cirilo de Alejandría y a los obispos
245 II, 16 | el Estado, decía así el citado Pontífice: «No podríamos
246 I, 3 | hombres, la consecuencia es clara: la consecución de este
247 III, 22 | Queda, por tanto, bien claro que los católicos tienen
248 III, 21 | prudentes. Si comparamos esta clase de Estado moderno, de que
249 II, 19 | instituciones creadas para coartar la tiranía de los príncipes
250 III, 22 | público que los católicos colaboren acertadamente en la administración
251 I, 9 | fundada por Jesucristo se veia colocada firmemente en el grado de
252 I, 3 | nuestros propósitos, y que colocado en el cielo, más allá de
253 II, 11 | en esta materia. Y así, colocan bajo su jurisdicción el
254 I, 3 | principales obligaciones deben colocar la obligación de favorecer
255 I, 8 | libertad de aquéllos. Tú colocas a los padres sobre los hijos
256 II, 19 | hombre. Nunca ha cesado de combatír para conservarla incólume
257 0, 1 | libertad progresiva, ha comenzado a prevalecer por todas partes.
258 II, 19 | en el que se vislumbra el comienzo de un apartamiento voluntario
259 II, 19 | para el mayor bienestar y comodídad de la vida. Enemiga de la
260 II, 19 | fomenta el progreso y las comodidades de la vida y defiende la
261 III, 23 | no puede en manera alguna compaginarse con las opiniones tocadas
262 I, 8 | los ciudadanos tiene como compañera inseparable una honrosa
263 I, 6 | ordenada relación unitiva, comparable, no sin razón, a la que
264 III, 21 | honrados y prudentes. Si comparamos esta clase de Estado moderno,
265 0, 1 | nuestro oficio apostólico comparar con la doctrina cristiana
266 II, 13 | necesario que todo cambie al compás de la voluntad del pueblo,
267 I, 6 | providencia un orden recto de composición entre las actividades respectivas
268 I, 6 | en cuanto tal, abraza y comprende, es de justicia que queden
269 II, 14 | caer en un absurdo, han de comprender necesariamente que las formas
270 II, 19 | contrario, son muchas las que comprueban esta misma fe; y, además,
271 I, 5 | Esta sociedad, aunque está compuesta por hombres, como la sociedad
272 I, 5 | texto: «Si los desoyere, comunícalo a la Iglesia»13. Y todavía: «
273 II, 10 | principalmente, sino que concederá igualdad de derechos a todas
274 I, 5 | sobre las cosas sagradas, concediéndoles tanto el poder legislativo
275 II, 10 | sí mismo, que por ningún concepto está sometido a la autoridad
276 I, 6 | causas naturales con tan concertada moderación y maravillosa
277 II, 11 | lo debe al favor y a las concesiones de las autoridades del Estado.
278 II, 20 | por esto Nos, obligados en concíencia por el sagrado cargo apostólico
279 I, 5 | por medios de convenios y concordatos, ya con el envío y aceptación
280 I, 6 | otras ni dejan todas de concurrir con exacta adecuación al
281 II, 18 | no por esto, sin embargo, condena a los gobernantes que para
282 II, 20 | tiempos, ni porque juzguemos condenables los adelantos útiles y honestos
283 II, 18 | juzgar rectamente, no queda condenada por sí misma ninguna de
284 II, 16 | Estado, no dejaron de ser condenadas por los Romanos Pontífices,
285 I, 6 | usando la mayor indulgencia y condescendencia posibles.~
286 I, 2 | exigen, como tampoco lo conducente a la perfección de su espíritu.
287 III, 24 | voluntades de los hombres, conduzca al resultado apetecido los
288 I, 2 | acción divinas y para que conduzcan al fin hacia el cual tiende
289 II, 17 | derechos que Jesucristo le ha conferido. Sin embargo, en las cuestiones
290 II, 14 | todas iguales, equivale a confesar que no se quiere aprobar
291 III, 24 | clero y a todo el pueblo confiado a la vigilancia de vuestra
292 0, 1 | sociales acerca del Estado. Nos confiamos que la verdad disipará con
293 I, 8 | autoridad del marido se configura según el modelo de la autoridad
294 I, 4 | Jesucristo en persona instituyó y confió a su Iglesia para conservarla
295 I, 5 | autoridad que el Señor me confirió para edificar, no para destruir»15.~
296 I, 7 | más exactos principios, confirmados por la misma razón natural.~
297 II, 17 | separación ni mucho menos el conflicto entre ambos poderes, sino
298 III, 23 | evitar dos peligros: la connivencia con las opiniones falsas
299 III, 23 | piedad es por otra parte conocida y que están dispuestas a
300 II, 15 | Estado bien ordenado. Son ya conocidos, tal vez más de lo que convendría,
301 II, 19 | verdad puede llevar, ya al conocimiento, ya a la glorificación de
302 I, 5 | Los Santos Padres se consagraron a defender esta misma autoridad,
303 I, 3 | consecuencia es clara: la consecución de este bien importa tanto
304 III, 23 | esta manera, los católicos conseguirán dos resultados excelentes.
305 I, 9 | autoridad, al magisterio y a los consejos de la Iglesia. Las palabras
306 I, 2 | ninguna sociedad puede conservarse sin un jefe supremo que
307 I, 9 | papa Pascual II merecen ser consideradas como formulación de una
308 I, 3 | principal de todas ellas consiste en procurar una inviolable
309 I, 8 | contrario, los engrandece y consolida.~Si se examina a fondo el
310 I, 9 | mutua concordia y amistoso consorcio de voluntades. Organizado
311 I, 3 | sino la que Dios manda y consta por argumentos ciertos e
312 I, 5 | por su parte, con invicta constancia de ánimo, no han cesado
313 I, 8 | gobernantes, la obediencia constante y leal a la autoridad pública,
314 I, 3 | 3. Constituido sobre estos principios,
315 0, 1 | no se ha encontrado para constituir y gobernar el Estado un
316 I, 8 | quién el temor, a quién el consuelo, a quién el aviso, a quién
317 I, 5 | vosotros siempre hasta la consumación del mundo»6. Y asi como
318 II, 19 | descubrimientos del genio contemporáneo. La Iglesia rechaza, sin
319 II, 18 | formas de gobierno, pues nada contienen contrario a la doctrina
320 I, 5 | A ésta transmitió, para continuarla a través de toda la Historia,
321 I, 8 | mismo tiempo, con preceptos contradictorios entre sí. En resumen: todos
322 II, 19 | instituciones que pueden contribuir al bienestar común en el
323 II, 19 | agrado y alegría todo lo que contribuye al verdadero progreso de
324 II, 15 | conocidos, tal vez más de lo que convendría, la esencia, los fines y
325 III, 22 | graves y muy justas, no convenga en modo alguno intervenir
326 II, 11 | impunemente contra el pacto convenido, y, eliminados así todos
327 I, 5 | soberano, ya por medios de convenios y concordatos, ya con el
328 I, 6 | circunstancias en las que puede convenir otro género de concordia
329 I, 8 | pronto como arraiga esta convicción en la sociedad, entienden
330 III, 22 | buenas costumbres, como conviene a personas cristianas: de
331 II, 11 | incluso acerca del vínculo conyugal, de su unidad y estabilidad;
332 I, 8 | derechos y los deberes de los cónyuges son regulados con toda justicia
333 I, 3 | cuales es abrazar con el corazón y con las obras la religión,
334 I, 5 | cielos»9. «Apacienta mis corderos..., apacienta mis ovejas»10. «
335 I, 2 | y la utilidad de la vida corporal exigen, como tampoco lo
336 I, 8 | exhortación, a quién la corrección, a quién la reprensión,
337 I, 9 | el grado de honor que le corresponde y florecía en todas partes
338 I, 8 | obligación y de la misión que le corresponden. De hecho, en la constitución
339 II, 15 | dignidad natural y quedan corrompidas. Por consiguiente, no es
340 I, 9 | monumentos históricos que ninguna corruptora habilidad de los adversarios
341 III, 22 | tribunales y en la misma corte imperial. «Somos de ayer
342 II, 18 | Estado. Es, por otra parte, costumbre de la Iglesia vigilar con
343 II, 19 | las eficaces instituciones creadas para coartar la tiranía
344 I, 3 | tal forma que, lejos de crear obstáculos, dé todas las
345 I, 9 | la discordia, no sólo no crecen los pequeños brotes, sino
346 II, 14 | identifica con él. Los que creen en la existencia de Dios,
347 II, 18 | Agustín, «el hombre no puede creer más que de buena voluntad»25.~
348 I, 3 | hemos nacido y hemos sido criados para alcanzar un fin último
349 I, 5 | Predicad el Evangelio a toda criatura8.~Dios mismo ha dado a esta
350 I, 2 | las masas constituye un crimen de lesa majestad, no solamente
351 0, 1 | era Dios, vengador de los crímenes, quien castigaba justamente
352 I, 5 | cristiandad, según su propio criterio, con libertad y sin trabas.
353 II | Crítica de este derecho constitucional
354 I, 4 | prudente ve con facilidad cuál es la religión verdadera.
355 III, 21 | entenderán con facilidad cuáles son los deberes de cada
356 | cualquier
357 | cualquiera
358 | cuantas
359 0, 1 | atribuir al cristianismo la culpa de todas las calamidades
360 III, 23 | quienquiera que sea el culpable, hay que recuperarla con
361 II, 11 | exige que el concordato se cumpla con entera fidelidad, surgen
362 III, 23 | Tengan siempre presente y cumplan esta norma los escritores
363 III, 22 | vagidos como un niño en la cuna, sino adulta y vigorosa
364 I, 8 | ciudadano sabe que, durante el curso incierto y trabajoso de
365 III, 24 | paterna benevolencia, os damos en el Señor, con el mayor
366 III, 22 | fe cristiana apareció no dando vagidos como un niño en
367 III, 22 | redundaría también en no pequeño daño de la religión cristiana.
368 II, 15 | ambas sociedades grandes daños, como los acontecimientos
369 I, 5 | reino de los cielos. «Yo te daré las llaves del reino de
370 I, 3 | último y supremo, al que debemos referir todos nuestros propósitos,
371 II, 10 | públicamente religión alguna, ni deberá buscar entre tantas religiones
372 I, 2 | intereses del pueblo, sepan que deberán dar estrecha cuenta a Dios.
373 II, 10 | aislados, ya asociados, no debiesen nada a Dios, o como si fuera
374 II, 16 | la Iglesia y el Estado, decía así el citado Pontífice: «
375 III, 22 | poder supremo del Estado. Decimos por regla general porque
376 I, 8 | hayan dado, atrévanse a decir que tal doctrina se opone
377 II, 17 | 17. De estas declaraciones pontificias, lo que debe
378 II, 20 | para con todos los pueblos, declaramos la verdad con toda libertad,
379 III, 22 | campamentos, las tribus, las decurias, el palacio, el Senado,
380 I, 8 | derechos inviolables y quedan defendidos bajo el patrocinio de las
381 III, 21 | intenciones de los que las defienden. La experiencia ha demostrado
382 I, 5 | Iglesia el encargo de juzgar y definir en las cosas tocantes a
383 0, 1 | obtuvo también un triunfo definitivo sobre las acusaciones falsas.
384 I, 2 | social. Si las autoridades degeneran en un gobierno injusto,
385 I, 8 | aparte de la justicia ní degenere en abusos del poder. La
386 II, 11 | Estado la legislación civil deja a la Iglesia una esfera
387 I, 7 | 7. Esta que sumariamente dejamos trazada es la concepción
388 I, 6 | unas impiden a las otras ni dejan todas de concurrir con exacta
389 III, 23 | la verdad, pero siempre dejando a un lado toda sospecha
390 | dejar
391 II, 16 | bien público del Estado, no dejaron de ser condenadas por los
392 II, 10 | derecho de mandar cuanto una delegación para mandar, y aun ésta
393 II, 13 | siendo los gobernantes meros delegadas, encargados de ejecutar
394 | demasiada
395 | demasiado
396 I, 8 | sexo más débil, sino para demostración de un amor leal. Tú sometes
397 0, 1 | especialmente en La ciudad de Dios, demostró con tanta claridad la eficacia
398 II, 13 | 13. La sola razón natural demuestra el grave error de estas
399 I, 8 | de Cristo manda; que nos den asimismo inspectores del
400 II, 19 | licencia. Y con razón la denomina San Agustín libertad de
401 I, 3 | santamente, porque de El dependemos, y porque, habiendo salido
402 II, 15 | verdadera de la virtud y la depositaria de la moral es la Iglesia
403 I, 2 | misma sociedad, surge y deriva de la Naturaleza, y, por
404 I, 5 | legislativo como el doble poder, derivado de éste, de juzgar y castigar. «
405 II, 19 | locura de ciertas opiniones. Desaprueba el pernicíoso afán de revoluciones
406 I, 8 | constitución del Estado que hemos desarrollado, lo divino y lo humano quedan
407 0, 1 | las acusaciones falsas. No descansó, sin embargo, la fiebre
408 0, 1 | costumbres con virtudes desconocidas hasta entonces y ha implantado
409 II, 10 | fundamento de un derecho nuevo, desconocido hasta entonces y contrario
410 I, 3 | como no es lícito a nadie descuidar los propios deberes para
411 I, 8 | exponer, no menoscaba ni desdora la verdadera dignidad de
412 II, 19 | de la inercia perezosa, desea en gran manera que el ingenio
413 II, 19 | es libertad auténtica y deseable aquella que en la esfera
414 I, 3 | inconmutable que naturalmente desean. La primera y principal
415 II, 10 | modernos de una libertad desenfrenada, inventados en la gran revolución
416 II, 19 | indivíduos y a los pueblos al desenfreno o a la esclavitud, acepta,
417 III, 21 | con razón han provocado el desengaño y el arrepentimiento en
418 III, 23 | toda discusión moderada con deseo de alcanzar la verdad, pero
419 I, 5 | rogado por ti, para que no desfallezca tu fe»11. Esta sociedad,
420 III, 23 | la fe católica, cosa que desgraciadamente ha sucedido más de una vez.
421 I, 9 | instituciones para aliviar las desgracias de los hombres, no hay que
422 II, 17 | a la naturaleza y a los designios de Dios no la separación
423 III, 23 | circunstancias de tiempo y lugar muy desiguales entre sí. Sin embargo, hay
424 II, 10 | pensamiento y una libertad desmedida de expresión22.~
425 I, 5 | Prontos a castigar toda desobediencia y a reduciros a perfecta
426 I, 5 | Y en otro texto: «Si los desoyere, comunícalo a la Iglesia»13.
427 I, 2 | a la voluntad divina se despeñan voluntariamente en el abismo
428 II, 12 | laica de la juventud, el despojo y la supresión de las Órdenes
429 I, 2 | poder debe ser justo, no despótico, sino paterno, porque el
430 II, 11 | legislación arbitraria y desprecian con soberbia la sagrada
431 I, 2 | autoridades superiores»3. Despreciar el poder legítimo, sea el
432 II, 19 | una líbertad que lleva al desprecio de las leyes santísimas
433 I, 8 | y al Estado. De donde se desprende la evidencia de aquella
434 II, 19 | la Iglesia reconoce como destello de la mente divina toda
435 I, 8 | de aquella sentencia: «El destino del Estado depende del culto
436 II, 12 | las Órdenes religiosas, la destrucción del poder temporal de los
437 III, 23 | de los espíritus no quede destruida con temerarias acusaciones,
438 I, 5 | confirió para edificar, no para destruir»15.~Por tanto, no es el
439 II, 16 | fautores de una libertad desvergonzada»23. De modo semejante, Pío
440 I, 9 | de los adversarios podrá desvirtuar u oscurecer. Si la Europa
441 I, 6 | solución para un asunto determinado. En estas ocasiones, la
442 I, 9 | por todo ello una enorme deuda de gratitud con la religión,
443 I, 8 | la Iglesia católica, le dice: «Tú instruyes y enseñas
444 II, 19 | afirmación de algunos que dicen que la Iglesia mira con
445 II, 18 | práctica la existencia de dichos cultos en el Estado. Es,
446 I, 8 | al bien común, y no son dictadas por el voto y el juicio
447 II, 14 | usuales de culto divino, cuya diferencia, disparidad y contradicción
448 I, 6 | pertenezca, si bien bajo diferentes aspectos, a la competencia
449 I, 2 | 2. No es dificil determinar el carácter y
450 III, 21 | 21. Si, pues, en estas dificiles circunstancias, los católicos
451 III, 23 | propósitos. Se obtendrá sin dificultad este doble resultado si
452 II, 19 | aprobar esta libertad justa y digna del hombre. Nunca ha cesado
453 III, 22 | retener los honores, las dignidades y los cargos públicos sin
454 III, 23 | lugar que los católicos dignos de este nombre estén dispuestos
455 III, 22 | tal punto que, cuando se dio libertad de profesar públicamente
456 I, 8 | al interés común. No lo dirán; antes bien, habrán de reconocer
457 III, 23 | señalar en estas materias directrices únicas y uniformes, porque
458 II, 12 | al Estado. A este fin va dirigida la mayor parte de las medidas
459 II, 19 | todas las industrias, y dirigiendo con su eficacia propia todas
460 I, 2 | humana una autoridad que la dirija. Autoridad que, como la
461 II, 10 | religiones, con tal que la disciplina del Estado no quede por
462 II, 19 | la naturaleza. En estas disciplinas, la Iglesia no rechaza los
463 I, 9 | cuando surge entre ellos la discordia, no sólo no crecen los pequeños
464 II, 20 | querríamos que la vida pública discurriera por caminos más seguros
465 III, 23 | opinables es lícita toda discusión moderada con deseo de alcanzar
466 0, 1 | confiamos que la verdad disipará con su resplandor todos
467 II, 15 | suprime, o, por lo menos, se disminuye, la afluencia de los bienes
468 II, 14 | divino, cuya diferencia, disparidad y contradicción aun en cosas
469 I, 2 | la autoridad resiste a la disposición de Dios, y los que la resisten
470 III, 23 | parte conocida y que están dispuestas a aceptar dócilmente las
471 I, 2 | la providencia de Dios ha dispuesto que el hombre nazca inclinado
472 III, 22 | Las costumbres paganas distaban inmensamente de la moral
473 II, 18 | Iglesia juzga ilícito que las diversas clases de culto divino gocen
474 III, 23 | estos casos una honesta díversidad de opiniones. Por lo cual
475 I, 8 | la liberalidad. No queda dividido el hombre, que es ciudadano
476 III, 23 | unir el bien con el mal y a dividir al hombre dentro de sí,
477 III, 23 | anteriormente ha habido alguna división, es necesario sepultarla
478 II, 16 | que ya entonces se iban divulgando, esto es, el indiferentismo
479 I, 2 | en justicia a aceptar con docilidad los mandatos de los gobernantes
480 III, 23 | están dispuestas a aceptar dócilmente las enseñanzas de la Sede
481 I, 8 | En otro pasaje el santo Doctor refuta el error de ciertos
482 II, 16 | condenó con gran autoridad doctrinal los principios que ya entonces
483 II, 15 | acción mala, sino también domar las pasiones contrarias
484 I, 9 | Si la Europa cristiana domó las naciones bárbaras y
485 I, 6 | veces quedaría el hombre dudando, como el caminante ante
486 I, 9 | los hombres, no hay que dudarlo: Europa tiene por todo ello
487 II, 10 | otra cosa que la multitud dueña y gobernadora de sí misma.
488 I, 8 | Cada ciudadano sabe que, durante el curso incierto y trabajoso
489 I, 8(19) | San Agustín, De moribus Ecclesiae catholicae 1,30: PL 32,1336.~
490 0, 1 | afligían a la república, no echando de ver que era Dios, vengador
491 II, 11 | cuenta para nada las leyes eclesiásticas, y la Iglesia, que por mandato
492 I, 8 | a los ancianos, según la edad de cada uno, no sólo del
493 II, 19 | monumentos históricos de las edades precedentes demuestran que
494 I, 5 | el Señor me confirió para edificar, no para destruir»15.~Por
495 I, 8 | al mantenimiento y a la educacíón de la prole.~En la esfera
496 I, 2 | que esta forma garantice efecazmente el bien común y la utilidad
497 I, 8 | debido el honor, a quién el efecto, a quién la reverencia,
498 II, 13 | delegadas, encargados de ejecutar la voluntad del pueblo,
499 III, 22 | dondequiera que podían. Ejemplares en la lealtad a los emperadores
500 I, 6 | entrambas potestades; por ejemplo, cuando los gobernantes
501 III, 23 | en nuestros tiempos los ejemplos de nuestros mayores. Es