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Leo PP. XIII
Libertas praestantissimus

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)
10-ensen | enten-prefe | prego-yendo

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1 I, 10 | 10. Es, además, una obligación 2 II, 11 | 11. Si los que a cada paso 3 II, 12 | 12. El naturalismo o racionalismo 4 IV, 23(13) | libero arbitrio 1,6,14: PL 32,1228.~ 5 I, 7(5) | libero arbitrio 1,6,15: PL 32,1229.~ 6 III, 16 | 16. Considerada desde el punto 7 III, 17 | 17. Ya en otras ocasiones hemos 8 VI, 35 | Pedro, el día 20 de junio de 1888, año undécimo de nuestro 9 III, 21 | 21. Mucho se habla también 10 III, 22 | 22. Por el contrario, los partidarios 11 IV, 23 | 23. La Iglesia desea ardientemente 12 V, 24 | 24. Para mayor claridad, recapitularemos 13 V, 25 | 25. La perversión mayor de 14 V, 26 | 26. La segunda clase es el 15 V, 27 | 27. Dos opiniones específicamente 16 V, 29 | 29. Por último, son muchos 17 VI, 30 | 30. De las consideraciones 18 VI, 31 | 31. Donde exista ya o donde 19 VI, 33 | 33. Es bueno participar en 20 VI, 35 | 35. Estas enseñanzas, venerables 21 III, 20(11)| Jn 6,45.~ 22 I, 5 | 5. La libertad es, por tanto, 23 I, 7 | 7. Lo dicho acerca de la libertad 24 III, 15(9) | Tomás, Sum. Theol. II-II q.81 a.6 c.~ 25 III, 20 | con autoridad legítima. A1 mismo tiempo, ha ordenado 26 III, 15 | y de ser infiel a ella, abandonando el bien para entregarse 27 II, 12 | y consiguientemente el abandono más absoluto en todo la 28 V, 29 | decadencia de la moral y por la aberración intelectual de los espíritus. 29 III, 20 | que queda un campo inmenso abierto a los hombres; en el que 30 I, 9 | vergüenza del paganismo, abolida principalmente por la feliz 31 0, 1 | auxilios de su gracia y abriéndole, por otra parte, la perspectiva 32 V, 27 | pretenden la separación total y absoluta entre la Iglesia y el Estado, 33 II, 12 | consiguientemente el abandono más absoluto en todo la referente a la 34 I, 10 | puerta a la tiranía, no lo absorberá todo el Estado. Quedarán 35 III, 20 | contrario, en todos estos campos abundante luz y segura garantía. Y 36 II, 14 | a los ciudadanos medios abundantes y facilidades para vivir 37 I, 5 | defecto radical de corromper y abusar de la libertad. Y ésta es 38 V, 24 | aceptarlo no es libertad, sino abuso de la libertad y rebelión 39 II, 11 | libertad buena y legítima que acabamos de describir, nadie osaría 40 I, 7 | y una perturbación, que acabarían destruyendo al propio Estado; 41 II, 13 | indubitables. Necesidad acentuada por el hecho de que esta 42 V, 24 | dominio supremo o negarse a aceptarlo no es libertad, sino abuso 43 I, 9 | desconocida en la antigüedad, y, acercándolo más a Dios, le pone en posesión 44 II, 14 | acuerdo en la práctica. Acertadamente ha sido comparado este acuerdo 45 III, 16 | estas pretensiones fuesen acertadas haría falta que los deberes 46 V, 29 | los tiempos, cediendo y acomodándose a las exigencias de la moderna 47 0, 1 | que vino para restaurar y acrecentar la dignidad antigua de la 48 III, 20 | estímulo constante de la actividad de los ingenios, fomentando 49 I, 5 | juicio es, sin duda alguna, acto de la razón, no de la voluntad. 50 III, 16 | aunque el fin próximo de su actuación es proporcionar a los ciudadanos 51 IV, 23 | no escasos ni leves males actuales, nacidos en gran parte de 52 I, 6 | de obrar o no obrar, de actuar de esta o de aquella manera, 53 IV, 23 | desordenada, es entonces acusada por los liberales de falta 54 II, 11 | describir, nadie osaría acusar a la Iglesia, con el injusto 55 IV, 23(14) | Sum. Theol. 1 q.19 a.9 ad 3.~ 56 III, 20 | fambién el fomento y el adelanto de todas las ciencias humanas. 57 I, 5 | imperfecto, así tambien adherirse a un bien engañoso y fingido, 58 V, 29 | moderna prudencia en la administración pública del Estado. Esta 59 I | Creador de la Naturaleza, está admirablemente capacitada para defender 60 I, 6 | instinto natural y no pueden adoptar por sí mismos otra manera 61 III, 16 | Padre y autor y reverencie y adore su poder y su dominio. La 62 0, 1 | de los bienes que hemos adquirido por medio de Jesucristo. 63 IV, 23 | evitar un mal mayor o para adquirir o conservar un mayor bien. 64 0, 1 | reside en una errónea y adulterada idea de la libertad. Porque, 65 III, 17 | sólo queremos hacer una advertencia: la libertad de cultos es 66 I | naturaleza de cada uno. Como advierte el Doctor Angélico, la gracia 67 IV, 23 | paciencia y mansedumbre. No advierten que al hablar así califican 68 VI, 35 | gobernáis, damos con todo afecto en el Señor la bendición 69 I, 5 | cuando es movido por un agente exterior, no obra por su 70 IV, 23 | hechos. En lugar de frutos agradables y sanos hemos recogido frutos 71 V, 27 | Iglesia y el Estado, con el agravante de que es un completo absurdo 72 I, 5 | del pecado3, escribe con agudeza: «Todo ser es lo que le 73 II, 13 | norma de nuestra vida se ajuste continua y religiosamente 74 IV, 23 | tantos ditirambos, parecían albergar dentro de sí las semillas 75 I | influencia de la gracia divina alcanza las profundidades más íntimas 76 I, 8 | tender a su propio fin y alcanzarlo. Ahora bien: el fin supremo 77 I, 9 | 9. La Iglesia, aleccionada con las enseñanzas y con 78 I, 9 | de los hombres perversos, alejando otras veces de los inocentes 79 I, 6 | mueve al hombre, con el aliciente del premio y con el temor 80 VI, 31 | inmoderada y viciosa; se busca un alivio para el bien común de todos; 81 I, 4 | Iglesia contra los intentos alocados de los maniqueos y otros 82 0, 1 | la libertad. Porque, al alterar su contenido, o al darle 83 I, 7 | incluyen un poder mucho más alto y augusto que proviene de 84 VI, 35 | con humildad de corazón, alzamos a Dios nuestros ojos suplicantes 85 I, 9 | política que se hiciera amar de los ciudadanos por su 86 IV, 23 | sanos hemos recogido frutos amargos y corrompidos. Si se busca 87 V, 26 | contrario, es evidente que ambas potestades, aunque diferentes 88 VI, 31 | Donde exista ya o donde amenace la existencia de un gobierno 89 III, 20 | Iglesia igual que a El mismo, amenazando con la ruina eterna a todos 90 V, 29 | juzgan que la Iglesia debe amoldarse a los tiempos, cediendo 91 II, 13 | entrambos benignamente con su amorosa dirección. Manténgase, pues, 92 III, 17 | sino también con un respeto amoroso, prohibiendo toda revolución 93 I, 10 | Estado, y todos tendrán amplia participación en la libertad 94 III, 17 | ocasiones hemos hablado ampliamente de este punto10. Ahora sólo 95 VI, 34 | ciudadanos gocen de medios más amplios para aumentar su bienestar. 96 0, 2 | diaria de su vida. La novedad añadida modernamente, si hemos de 97 I | pecado, la bondad divina ha añadido ciertos auxilios especiales, 98 I, 7 | bueno o malo por naturaleza, añadiendo al precepto de practicar 99 III, 15 | supremo, que es Dios. Hay que añadir, además, que sin la virtud 100 II, 12 | mismos cimientos del Estado. Analicen, pues, y determinen los 101 II, 12 | fácilmente degenera en la anarquía y en la revolución, y suprimidos 102 I, 6 | es esencial a la libertad andar en desacuerdo con la razón, 103 I, 5 | entonces Dios, Jesucristo, los ángeles y los bienaventurados, todos 104 VI, 35 | día 20 de junio de 1888, año undécimo de nuestro pontificado.~ 105 | ante 106 III, 20 | la doctrina revelada, ha antepuesto, de hecho, a todo el cumplimiento 107 I, 7 | contrario. Estas leyes son anteriores a la misma sociedad, y su 108 | antes 109 I, 9 | santidad desconocida en la antigüedad, y, acercándolo más a Dios, 110 0, 2 | libertades presentan es tan antiguo como la misma verdad, y 111 I, 5 | precede iluminándola como una antorcha, o sea, que el bien deseado 112 III, 16 | católicos, puesto que en ella aparecen como grabados los caracteres 113 0, 1 | espejismo de unas ilusorias apariencias, perturbar el orden debido 114 II, 12 | moral independiente, que, apartando a la voluntad, bajo pretexto 115 I, 6 | la voluntad humana no se aparte de la recta razón. No hay 116 I, 5 | dependencia de la razón, cuando apetece un objeto que se aparta 117 I, 5 | por su misma naturaleza un apetito obediente a la razón, síguese 118 I, 7 | individuo es fácilmente aplicable a los hombres unidos en 119 VI | VI. APLICACIONES PRÁCTICAS~DE CARÁCTER GENERAL~ 120 II, 12 | seguidores del liberalismo aplican a la moral y a la práctica 121 I, 5 | apariencia de bien, y que a él se aplique la voluntad. Pero así como 122 V, 28 | error de esta teoría. La apologética demuestra que por voluntad 123 VI, 35 | en el Señor la bendición apostólica.~Dado en Roma, junto a San 124 VI, 35 | cumplimiento de nuestro oficio apostólico, confiamos que habrán de 125 I, 6 | atribuir derechos, la ley se apoya por entero en la autoridad, 126 III, 20 | firme fundamento en que se apoyan la moral, la justicia, la 127 III, 20 | otra parte, la Iglesia, apoyándose en el firme fundamento de 128 I, 5 | sabido, aquel que había aprendido a vivir según la naturaleza, 129 0, 2 | y que la Iglesia lo ha aprobado siempre de buena voluntad 130 IV, 23 | sin embargo, ni debe jamás aprobarlo ni quererlo en sí mismo. 131 VI, 33 | Más todavía: la Iglesia aprueba la colaboración personal 132 V, 29 | último, son muchos los que no aprueban la separación entre la Iglesia 133 VI, 32 | gobierno, con tal que sea apta por sí misma la utilidad 134 I | ciertos auxilios especiales, aptísimos para dirigir y confirmar 135 I, 5 | entre los medios que son aptos para alcanzar un fin determinado, 136 III, 18 | sobre todo cuando éstas y aquéllos son utilizados para halagar 137 IV, 23 | 23. La Iglesia desea ardientemente que en todos los órdenes 138 I, 5 | hecho es un defecto que arguye un entendimiento imperfecto, 139 II, 12 | referente a la vida religiosa. Armada la multitud con la idea 140 I | íntimas del hombre y se armoniza con las tendencias naturales 141 I, 4 | permitir que el fatalismo arraigue en tiempo o en lugar alguno.~ 142 II, 12 | hombre y sobre el Estado arrastra consigo como consecuencia 143 III, 20 | con todo empeño las mismas artes que embellecen la variada 144 III, 18 | dificultad, prevenirse contra los artificios del estilo y las sutilezas 145 I | el bien moral, facilita y asegura al mismo tiempo, con saludable 146 II, 12 | lugar y en el grado que les asigna el orden natural; esto es, 147 V, 28 | Estado como si fuera una mera asociación civil. Los argumentos usados 148 I, 7 | esto mismo hace en los asociados la ley humana, promulgada 149 0, 2 | obstinan en ver, aun en los aspectos viciosos de estas libertades, 150 I, 8 | fin supremo al que debe aspirar la libertad humana no es 151 I, 4 | sólo esto. Frente a los ataques de los herejes y de los 152 0, 2 | todos, tratar con particular atención este asunto.~ 153 III, 16 | gobernantes, si quieren atender con prudente utilidad, como 154 III, 22 | partidarios del liberalismo, que atribuyen al Estado un poder despótico 155 V, 26 | por otra parte, rechazan audazmente las normas de dogma y de 156 I, 7 | un poder mucho más alto y augusto que proviene de la misma 157 III, 19 | Prohibición cuyo rigor aumenta por dos razones: porque 158 II, 12 | consecuencia inevitable la ausencia de toda religión en el Estado, 159 I, 5 | ponían San Agustín y otros autores contra los pelagianos. Si 160 III, 16 | a Dios culto alguno o no autorice culto público alguno, que 161 I, 7 | no está en que manden al azar y a su capricho, proceder 162 I, 9 | entre judíos y griegos, bárbaros y escitas6, y proclamaba 163 I, 5 | Es lo que había visto con bastante claridad la filosofia antigua, 164 III, 20 | y loables y deseables la belleza y la elegancia del estilo. 165 VI, 35 | todo afecto en el Señor la bendición apostólica.~Dado en Roma, 166 0, 1 | Iglesia ha sido y será siempre benemérita de este preciado don de 167 VI, 35 | y testimonio de nuestra benevolencia, a vosotros, venerables 168 III, 17 | gobernar a los pueblos con benignidad y con un amor casi paterno. 169 III, 16 | en que está la sempiterna bienaventuranza del hombre, y al cual no 170 III, 19 | de los entendimientos y bloquear con eficacia el camino a 171 I, 9 | perfecta. De esta manera ha brillado siempre la maravillosa eficacia 172 II, 14 | De esta noble afirmación brota la perniciosa consecuencia 173 I, 9 | de las costumbres. A la brutalidad sucede rápidamente la dulzura; 174 III, 20 | todas las ciencias humanas. Buenos son en sí mismos y loables 175 IV, 23 | repetido varias veces, debe ser buscada por sí misma, porque es 176 I, 3 | exclusivo de la naturaleza buscan lo que les es útil y huyen 177 I, 7 | sociedad, y su origen hay que buscarlo en la ley natural y, por 178 I, 6 | ley para el hombre ha de buscarse primera y radicalmente en 179 IV, 23 | Si se busca el remedio, búsquese en el restablecimiento de 180 III, 15(9) | Sum. Theol. II-II q.81 a.6 c.~ 181 V, 27 | específicamente distintas caben dentro de este error genérico. 182 III, 20 | que es la Iglesia, cuya cabeza es El mismo, y con la cual 183 III, 17 | tranquilidad pública, y que al cabo son causa de que se vea 184 II, 13 | entendimiento y nuestra voluntad no caigan en error, rige a entrambos 185 III, 20 | mundo entero, liberado de la calamidad de las supersticiones, ha 186 II, 12 | impotente para refrenar y calmar las pasiones desordenadas 187 V, 29 | su misión. Pero la cosa cambia por completo cuando se trata 188 III, 20 | contrario, en todos estos campos abundante luz y segura garantía. 189 I, 6 | protección y un auxilio capaces de dirigir todos sus movimientos 190 I, 9 | abiertamente al hombre y le capacita para una santidad desconocida 191 I | Naturaleza, está admirablemente capacitada para defender todas las 192 III, 20 | revelación. Los principales capítulos de esta revelación se demuestran 193 VI | APLICACIONES PRÁCTICAS~DE CARÁCTER GENERAL~ 194 V, 28 | y afirman que la Iglesia carece del poder legislativo, judicial 195 I, 5 | bienaventurados, todos los cuales carecen de ese poder, o no serían 196 V, 27 | costumbres, las leyes, los cargos del Estado, la educación 197 IV, 23 | cosas que son, sin embargo, castigadas justamente por la divina 198 I, 7 | obediencia de los ciudadanos, castigando a los perversos y viciosos, 199 I, 6 | premio y con el temor del castigo, a obrar el bien y a evitar 200 I, 6 | por medio de premios y castigos, las órdenes dadas; cosas 201 IV, 23 | intolerantes cuando se trata del catolicismo. Los que son pródigos en 202 III, 16 | singularmente en los pueblos católicos, puesto que en ella aparecen 203 VI, 30 | estas libertades, si existen causas justas, pueden ser toleradas, 204 V, 29 | amoldarse a los tiempos, cediendo y acomodándose a las exigencias 205 VI, 35 | constancia.~Como prenda de estos celestiales dones y testimonio de nuestra 206 I, 10 | hombres para obedecer a Dios. Cerrada así la puerta a la tiranía, 207 I, 3 | la verdad, descubra con certeza que estos bienes particulares 208 I, 9 | luz de la razón. Nunca ha cesado la Iglesia de medir con 209 I, 5 | los bienaventurados del cielo, a causa de la contemplación 210 0, 1 | eterna felicidad en los cielos. De modo semejante, la Iglesia 211 III, 20 | se indigne o la verdadera ciencia lleve a mal las justas y 212 III, 20 | partes de universidades científicas; el estímulo constante de 213 III, 20 | estilo. Y todo conocimiento científico que provenga de un recto 214 | ciertas 215 | cierto 216 II, 12 | esfuerzan por sacudir los mismos cimientos del Estado. Analicen, pues, 217 I, 3 | de estos bienes que hemos citado, porque tiene un alma de 218 VI, 34 | demuestran sobre todo las ciudades de Italia, que lograron, 219 VI, 34 | defensora de las libertades cívicas moderadas. Lo demuestran 220 I, 7 | por medio de las leyes civiles, pueda cada cual fácilmente 221 III, 20 | manera el progreso de la civilización, ofrece, por el contrario, 222 I, 9 | beneficios en los pueblos civilizados, resistiendo unas veces 223 II, 13 | seguridad por medio de señales claras e indubitables. Necesidad 224 VI, 35 | venerables hermanos, y al clero y pueblo que gobernáis, 225 V, 28 | legislativo, judicial y coactivo, y que sólo le corresponde 226 II, 12 | racionalismo en la filosofia coincide con el liberalismo en la 227 II, 12 | la misma manera la razón colectiva debe ser para todos la única 228 III, 16 | él por sí solo no puede colmar las vea satisfechas dentro 229 III, 17 | para esa libertad, porque coloca en Dios el origen primero 230 III, 16 | hombre sociable y quien le ha colocado en medio de sus semejantes, 231 IV, 23 | vicio. Y cuando ia Iglesia, columna y firmamento de la verdad, 232 II, 14 | práctica. Acertadamente ha sido comparado este acuerdo a la unión 233 III, 19 | naturaleza a la pervesión más completa de los espíritus. El poder 234 V, 26 | colaborar una con otra y completarse mutuamente.~ 235 II, 14 | y el Estado. Es fácil de comprender el absurdo error de estas 236 I, 7 | San Agustín: «Pienso que comprendes que nada hay justo y legítimo 237 V, 29 | Iglesia, con la esperanza comprobada de un bien muy notable, 238 I, 9 | establecida la experiencia ha comprobado que desaparece en poco tiempo 239 V, 26 | superando la naturaleza, son comunicadas por el mismo Dios, o pretenden 240 II, 13 | que le ha parecido, nos ha comunicado; leyes que podemos conocer 241 III, 17 | prohibiendo toda revolución y todo conato que pueda turbar el orden 242 0, 2 | como si fuera imposible concebir sin estas libertades el 243 V, 29 | se muestre indulgente y conceda a las circunstancias lo 244 III, 15 | estamos hablando equivale a concederle el derecho de desnaturalizar 245 V, 29 | circunstancias lo que puede concederles sin violar la santidad de 246 III, 20 | magisterio divino y le ha concedido el privilegio divino de 247 IV, 23 | tiempos. Por esta causa, aun concediendo derechos sola y exclusivamente 248 0, 1 | levantado a un estado mejor, concediéndole, por una parte, los auxilios 249 0, 1 | cosas que quedan fuera del concepto exacto de libertad.~ 250 V, 29 | condescendencia razonable que pueda conciliarse con la verdad y con la justicia; 251 I, 4 | Iglesia realizó, primero en el concilio de Trento y después contra 252 I, 7 | la sociedad y dañen a sus conciudadanos.~Existen otras disposiciones 253 I, 5 | sus exposiciones se puede concluir que la posibilidad de pecar 254 I, 3 | existir que no existir; y concluyendo, por esto mismo, que ninguno 255 I, 7 | es fuente tampoco de la concordancia del bien y de la discordancia 256 II, 13 | autor que la ley eterna, concuerdan enteramente con la razón, 257 V, 29 | recta si se refiere a una condescendencia razonable que pueda conciliarse 258 III, 20 | de materias que no tienen conexión necesaria con la fe y con 259 III, 20 | esta misión que Dios le ha confiado. Superior a las dificultades 260 VI, 35 | nuestro oficio apostólico, confiamos que habrán de ser fructuosas 261 IV, 23 | exclusivamente puede esperarse con confianza la conservación del orden 262 0, 1 | de los seres racionales, confiere al hombre la dignidad de 263 III, 17 | demuestra y la historia confirma este hecho: la libertad, 264 I | aptísimos para dirigir y confirmar la voluntad del hombre. 265 III, 21 | ésta es la libertad que confirmaron con sus escritos los apologistas, 266 I, 7 | mientras sigue sumisa y se conforma con los preceptos de la 267 I, 5 | tiene por objeto un bien conforme a la razón. No obstante, 268 I, 7 | esto provocaría una extrema confusión y una perturbación, que 269 V, 29 | injusticia o favorezca con su connivencia lo que perjudica a la religión.~ 270 I, 4 | tiempos más recientes, todos conocen el vigoroso esfuerzo que 271 III, 20 | hace libre por la verdad: conoceréis la verdad, y la verdad os 272 I, 5 | necesariamente bien en cuanto conocido previamente por la razón. 273 I, 9 | profunda y verdadera doctrina, conocidos incluso por la sola luz 274 III, 21 | ésta es la libertad que consagraron con su sangre los innumerables 275 III, 16 | ciudadano las facilidades para conseguir el sumo y último bien, en 276 VI, 35 | de su sabiduría y de su consejo, para que, fortalecidos 277 III, 20 | menor reverencia debe ser conservado el precioso y sagrado tesoro 278 III, 15 | lo que nos lleva a Dios, considerado como supremo y último bien 279 III, 16 | voluntad de Dios, ya se considere esta sociedad en sus miembros, 280 I, 8 | que sea el campo en que la consideremos, en los particulares o en 281 III, 20 | desobedezcan este mandato.~Consta, pues, claramente que el 282 III, 21 | libertad que reivindicaron constantemente para sí los apóstoles, ésta 283 III, 16 | el poder político ha sido constituido para utilidad de los gobernados. 284 III, 20 | prometió estar hasta la consumación de los siglos. A esta sociedad 285 I, 5 | del cielo, a causa de la contemplación del bien supremo. Esta era 286 I, 3 | hombre puede juzgar de la contingencia de estos bienes que hemos 287 II, 13 | de nuestra vida se ajuste continua y religiosamente no sólo 288 IV, 23 | libertades sin cuento, niegan continuamente a la Iglesia su libertad.~ 289 I, 6 | afirmación verdadera es la contradictoria, o sea, que el hombre, precisamente 290 II, 14 | legislación positiva que las contradiga. Pero, además, los gobernantes 291 II, 14 | razones distintas. En esta convergencia de poderes, el conflicto 292 II, 12 | misma independiente, se convierte en sumo principio, fuente 293 II, 12 | multitudes. Tenemos pruebas convincentes de todas estas consecuencias 294 I, 7 | reglas peculiares de la convivencia social, determinadas según 295 I, 7 | ordena que los ciudadanos cooperen con su trabajo a la tranquilidad 296 III, 16 | ya en su causa, ya en los copiosos beneficios que proporciona 297 I, 3 | no proviene de las cosas corporales ni depende de éstas en su 298 0, 1 | perturbar el orden debido y correr a su perdición voluntaria.~ 299 V, 28 | coactivo, y que sólo le corresponde la función exhortativa, 300 I, 5 | en el defecto radical de corromper y abusar de la libertad. 301 IV, 23 | recogido frutos amargos y corrompidos. Si se busca el remedio, 302 II, 12 | la puerta a toda clase de corrupciones. En cuanto a la vida pública, 303 II, 12 | si es más bien una teoría corruptora y destructora de esta libertad.~ 304 III, 18 | entendimiento humano, y los vicios corruptores del espíritu y de la moral 305 II, 12 | Porque todas las cosas creadas tienen que estar forzosamente 306 I, 8 | perfección verdadera de todo ser creado consiste en tender a su 307 II, 12 | decisiva y la mayoría como creadora exclusiva del derecho y 308 I, 10 | de la injusticia de los criminales gracias a la eficacia vigilante 309 V | V. JUICIO CRÍTICO SOBRE LAS DISTINTAS~FORMAS 310 III, 15 | virtudes. Y si se pregunta cuál es la religión que hay que 311 I, 4 | ruina a esta tan excelsa cualidad del hombre. La historia 312 | cualquiera 313 | cuán 314 IV, 23 | repartir a todos libertades sin cuento, niegan continuamente a 315 I, 3 | la común condición de los cuerpos, tiene un modo propio de 316 I, 5 | ocupado con frecuencia de esta cuestión, y de sus exposiciones se 317 III, 20 | beneficios: la conservación cuidadosa de los monumentos de la 318 III, 20 | que embellecen la variada cultura de nuestro siglo.~Por último, 319 III, 15 | moral es aquella virtud cuyos actos tienen por objeto 320 III, 19 | esta razón, la doctrina dada tanto a los ignorantes como 321 I, 6 | y castigos, las órdenes dadas; cosas todas que evidentemente 322 VI, 30 | como otros tantos derechos dados por la naturaleza al hombre. 323 VI, 35 | y pueblo que gobernáis, damos con todo afecto en el Señor 324 IV, 23 | motivo, si la tolerancia daña al bien público o causa 325 I, 7 | perjudiquen a la sociedad y dañen a sus conciudadanos.~Existen 326 III, 20 | Iglesia no hay que temer daño alguno, sino que, por el 327 I, 7 | al mismo tiempo, grandes daños para el Estado, sino que 328 III, 18 | su paulatina propagación, dañosa en extremo para la misma 329 0, 1 | alterar su contenido, o al darle una extensión excesiva, 330 I, 6 | sentido propio, no puede darse en los animales, que obran 331 II, 13 | niegan que el hombre libre deba someterse a las leyes que 332 III, 20 | nuestro siglo.~Por último, no debemos olvidar que queda un campo 333 III, 20 | lleve a mal las justas y debidas leyes que la Iglesia y la 334 IV, 23 | maternalmente del grave peso de las debilidades humanas. No ignora la Iglesia 335 V, 28 | de esta sociedad divina, debilita y restringe su autoridad, 336 I, 8 | tan lejos de suprimir o debilitar siquiera la libertad humana, 337 V, 29 | contra todo derecho por la decadencia de la moral y por la aberración 338 II, 12 | aquí el número como fuerza decisiva y la mayoría como creadora 339 I, 9 | de los dos apóstoles que declaraba suprimidas las diferencias 340 II, 12 | divina y eterna razón y declarándose a sí misma independiente, 341 V, 24 | brevemente la exposición hecha y deduciremos las consecuencias prácticas. 342 I, 8 | precisamente todo lo contrario: defenderla y perfeccionarla; porque 343 III, 20 | el encargo de guardarlas, defenderlas y enseñarlas con autoridad 344 I, 9 | de su divino Fundador, ha defendido y propagado por todas partes 345 I, 10 | quedando así los ciudadanos defendidos de la injusticia de los 346 I, 4 | estas dos realidades y las defiende como dogmas de fe. Y no 347 III, 21 | cristiana un testimonio definitivo. Nada tiene de común esta 348 IV, 23 | Estas esperanzas han quedado defraudadas por los hechos. En lugar 349 VI, 30 | ciertos límites para que no degeneren en un insolente desorden. 350 III, 18 | las materias opinables, dejadas por Dios a la libre discusión 351 III, 17 | libertad de los ciudadanos. Dejamos a un lado la influencia 352 | dejar 353 | demás 354 VI, 32 | moderada por el elemento democrático, salva siempre la doctrina 355 V, 28 | más que suficientes para demostrar el error de esta teoría. 356 II, 12 | mismo. De aquí nace esa denominada moral independiente, que, 357 I, 5 | pertenece al género del denomínado bien útil, y el bien por 358 I, 3 | las cosas corporales ni depende de éstas en su conservación, 359 III, 15 | no es libertad, es una depravación de la libertad y una esclavitud 360 III, 18 | errores de los intelectuales depravados ejercen sobre las masas 361 I, 7 | consiste en su reconocida derivación de la ley eterna y en la 362 III, 20 | conclusiones inmediatas derivadas de éstos por la razón, constituyen 363 I, 3 | principio de donde nacen y derivan espontáneamente todas las 364 II, 12 | libre voluntad de cada uno; derivar el poder político de la 365 III, 21 | desobediencia. Ni pretende derogar el respeto debido al poder 366 I, 9 | ha dejado la Iglesia de derramar beneficios en los pueblos 367 I, 6 | esencial a la libertad andar en desacuerdo con la razón, siendo así 368 III, 20 | obstaculizar el deseo de saber y el desarrollo en las ciencias o de retardar 369 III, 15 | trascendencia, implicaría desastrosas consecuencias. Por esto, 370 II, 12 | por sí solas las pasiones desatadas de las multitudes. Tenemos 371 IV, 23 | obligación protestar sin descanso contra una tolerancia tan 372 I, 9 | capacita para una santidad desconocida en la antigüedad, y, acercándolo 373 IV, 23 | Iglesia la trayectoria que describe la historia espiritual y 374 II, 11 | legítima que acabamos de describir, nadie osaría acusar a la 375 I, 3 | del bien y de la verdad, descubra con certeza que estos bienes 376 III, 16 | puede éste llegar si se descuida la religión.~ 377 IV, 23 | 23. La Iglesia desea ardientemente que en todos 378 III, 20 | en sí mismos y loables y deseables la belleza y la elegancia 379 I, 5 | antorcha, o sea, que el bien deseado por la voluntad es necesariamente 380 II, 14 | gobierno de Estado pretenden desentenderse de las leyes divinas desvían 381 III, 20 | sumamente provechoso para el desenvolvimiento de la libertad humana, porque 382 III, 21 | siempre el objeto de los deseos y del amor de la Iglesia. 383 I, 7 | se propone y les prohíbe desertar de este servicio; y mientras 384 V, 26 | aunque diferentes en misión y desiguales por su dignidad, deben colaborar 385 III, 20 | impunemente la violación y la desintegración de este patrimonio. Con 386 I, 6 | naturalmente libre, debe vivir desligado de toda ley. Porque si esta 387 III, 15 | concederle el derecho de desnaturalizar impunemente una obligación 388 I, 10 | Dios, es justo entonces desobedecer a los hombres para obedecer 389 III, 20 | ruina eterna a todos los que desobedezcan este mandato.~Consta, pues, 390 III, 21 | espíritu de sedición y de desobediencia. Ni pretende derogar el 391 VI, 30 | degeneren en un insolente desorden. Donde estas libertades 392 IV, 23 | tolerancia tan licenciosa y desordenada, es entonces acusada por 393 II, 12 | refrenar y calmar las pasiones desordenadas del alma, quedará espontáneamente 394 III, 22 | atribuyen al Estado un poder despótico e ilimitado y afirman que 395 V, 27 | ciudadano y al mismo tiempo despreciada por el Estado.~ 396 II, 13 | reparar en exceso alguno y con desprecio de la verdad y de la justicia, 397 III, 20 | estas consideraciones se desprende la naturaleza de la libertad 398 II, 14 | pueda lícitamente el Estado despreocuparse de esas leyes divinas o 399 | después 400 II, 12 | una teoría corruptora y destructora de esta libertad.~ 401 I, 7 | perturbación, que acabarían destruyendo al propio Estado; sino que 402 II, 14 | provechosa para ambos, y cuya desunión, por el contrario, es perniciosa 403 II, 14 | desentenderse de las leyes divinas desvían el poder político de su 404 I, 7 | de la convivencia social, determinadas según la razón y promulgadas 405 I, 5 | aptos para alcanzar un fin determinado, en el sentido de que el 406 I, 7 | esta colaboración no están determinados por el derecho natural, 407 I, 7 | remota e indirectamente, determinando una variedad de cosas que 408 II, 12 | Estado. Analicen, pues, y determinen los rectos enjuiciadores 409 III, 20 | reveladas. De hecho, el mundo es deudor a la Iglesia de estos insignes 410 I, 7 | para apartarlos del mal y devolverlos al bien, o para impedir, 411 III, 18 | estilo y las sutilezas de la dialéctica, sobre todo cuando éstas 412 II, 11 | libertad, se llaman a sí mismos diberales.~ 413 I, 7 | la ley humana propiamente dicha. Esta ley ordena a todos 414 VI, 35 | venerables hermanos, que, dictadas por la fe y la razón al 415 I, 6 | como supremo legislador se diera a sí mismo la regla normativa 416 II, 12 | sí sola, desaparece toda diferencia objetiva entre el bien y 417 I, 9 | declaraba suprimidas las diferencias entre judíos y griegos, 418 V, 26 | ambas potestades, aunque diferentes en misión y desiguales por 419 III, 18 | alguno, o a lo sumo con mucha dificultad, prevenirse contra los artificios 420 III, 20 | confiado. Superior a las dificultades que por todas partes la 421 III, 18 | 18. Digamos ahora algunas palabras sobre 422 VI, 35 | fervor le pedimos que se digne conceder benignamente a 423 I, 10 | manera, la obediencia queda dignificada de un modo extraordinario, 424 V, 26 | expusimos anteriormente las dimensiones de este error y la gran 425 V, 26 | necesidad de someterse a Díos, creador, señor del mundo 426 II, 13 | tanto, la libertad debe ser dirigida y gobernada por la recta 427 I, 7 | lograr, por medio de una disciplina común, la obediencia de 428 I, 7 | concordancia del bien y de la discordancia del mal con la naturaleza. 429 III, 18 | dejadas por Dios a la libre discusión de los hombres, está permitido 430 V, 29 | pretender de ella que tolere con disimulo el error y la injusticia 431 III, 16 | terrena, sin embargo, no debe disminuir, sino aumentar, al ciudadano 432 I, 7 | conciudadanos.~Existen otras disposiciones del poder civil que no proceden 433 II, 14 | para evitar los motivos de disputas y luchas y para establecer 434 IV, 23 | Estado, tanto mayor es la distancia que separa a este Estado 435 II, 12 | vicio y la virtud no se distinguen ya en el orden de la realidad, 436 III, 15 | divina Providencia ha querido distinguirla, para evitar un error, que, 437 I, 3 | bien ésta es totalmente distinta de la libertad moral, es, 438 III, 16 | grabados los caracteres distintivos de la verdad. Esta es la 439 II, 13 | imponerle por un camino distinto al de la razón natural. 440 II, 14 | y medios específicamente distintos, deben, sin embargo, necesariamente, 441 IV, 23 | que, pregonadas con tantos ditirambos, parecían albergar dentro 442 III, 15 | examinar por separado las diversas clases de libertad, que 443 V, 24 | muchas formas y en grados muy diversos.~ 444 II, 12 | observancia de los mandamientos divinos, concede al hombre una licencia 445 III, 20 | prestarse todos los hombres dócilmente: "y serán todos enseñados 446 V, 29 | se trata de prácticas y doctrinas introducidas contra todo 447 V, 26 | audazmente las normas de dogma y de moral que, superando 448 I, 4 | realidades y las defiende como dogmas de fe. Y no sólo esto. Frente 449 III, 18 | opiniones falsas, máxima dolencia mortal del entendimiento 450 I, 5 | y estuviese sometido al domimo ajeno; y por esto, el que 451 VI, 34 | deseo de liberarse de la dominación de una potencia extranjera 452 II, 12 | radicalmente incapaz para dominar por sí solas las pasiones 453 I, 9 | honda y tan evidente, que dondequiera que la Iglesia quedó establecida 454 VI, 35 | prenda de estos celestiales dones y testimonio de nuestra 455 V, 25 | como en la vida privada y dosméstica. Todo lo que Nos hemos expuesto 456 I, 3 | de todo elemento mortal y dotada de la facultad de pensar, 457 I, 5 | patrimonio exclusivo de los seres dotados de inteligencia o razón. 458 III, 20 | libertad tan grande, que no dudan dar paso libre a los errores 459 III, 16 | falsos. Porque nadie puede dudar que la existencia de la 460 III, 18 | muchas veces sucede, se hace dueña del campo una numerosa plaga 461 I, 9 | brutalidad sucede rápidamente la dulzura; a las tinieblas de la barbarie, 462 III, 17 | mandar con injusticia o dureza y de gobernar a los pueblos 463 III, 20 | misma razón el magisterio eclesiástico es sumamente provechoso 464 0, 1(1) | Eclo 15,14.~ 465 I, 9 | fraternidad de todos los hombres. Eco fiel de esta enseñanza fue 466 V, 27 | los cargos del Estado, la educación de la juventud, queden al 467 I, 9 | con ellos su misión y de educar en ellos a los pueblos cristianos. 468 V, 24 | entero bajo la dependencia efectiva y constante de Dios. Por 469 II, 14 | estos liberales afirman que, efectivamente, las leyes divinas deben 470 I | hombre. El principal y más eficaz auxilio de todos estos socorros 471 II, 12 | inmediata es colocar la causa eficiente de la comunidad civil y 472 I, 7 | y en conjunto. Así, por ejemplo, la naturaleza ordena que 473 I, 9 | las enseñanzas y con los ejemplos de su divino Fundador, ha 474 III, 18 | esta libertad cuando se ejerce sin moderación alguna, traspasando 475 II, 13 | que la libertad, cuando es ejercida sin reparar en exceso alguno 476 III, 20 | deseables la belleza y la elegancia del estilo. Y todo conocimiento 477 I, 10 | obediencia a la más justa y elevada autoridad. Pero cuando no 478 I, 5 | bien: como todo lo que uno elige como medio para obtener 479 IV, 23 | la existencia del mal en elmundo, «ni quiere que se haga 480 III, 20 | empeño las mismas artes que embellecen la variada cultura de nuestro 481 III, 17(10)| Véase la Enc. Immortale Dei: ASS 18 ( 482 III, 20 | por El enseñadas, con el encargo de guardarlas, defenderlas 483 III, 20 | de algunas verdades, la encarnación del Hijo unigénito de Dios 484 IV, 23 | del Doctor Angélico, que encierra en pocas palabras toda la 485 III, 21 | persona humana, está por encima de toda violencia y de toda 486 V, 29 | realidades sagradas han sido encomendadas por el mismo Dios a la tutela 487 IV, 23 | la misión que Dios le ha encomendado de procurar la salvación 488 III, 20 | esta sociedad ha querido encomendar todas las verdades por El 489 III, 20 | de las supersticiones, ha encontrado en la sabiduría cristiana 490 II, 14 | sus respectivas funciones, encontrarse algunas veces. Ambos poderes 491 IV, 23 | condiciones particulares en que se encuentra la Iglesia permite ésta 492 III, 18 | por la ley con la misma energía que otro cualquier delito 493 I, 4 | la teología demuestra la enérgica reacción de la Iglesia contra 494 I, 5 | libre albedrío, como la enfermedad es señal de la vida, constituye, 495 I, 5 | realidad malo, presenta una engañosa apariencia de bien, y que 496 I, 5 | tambien adherirse a un bien engañoso y fingido, aun siendo indicio 497 II, 12 | y determinen los rectos enjuiciadores de la realidad si esta doctrina 498 I, 5 | antigua, especialmente los que enseñaban que sólo el sabio era libre, 499 III, 20 | todas las verdades por El enseñadas, con el encargo de guardarlas, 500 I, 4 | libertad. La Iglesia ha enseñado siempre estas dos realidades 501 III, 20 | dócilmente: "y serán todos enseñados por Dios"11. Ahora bien: 502 III, 19 | obligación principal de los que enseñan: extirpar el error de los 503 III, 20 | guardarlas, defenderlas y enseñarlas con autoridad legítima. 504 III, 19 | arrogarse el derecho de enseñarlo todo a su capricho, está


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