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| Paulus PP. VI Humanae vitae IntraText CT - Texto |
Dominio de sí mismo
21. Una práctica honesta
de la regulación de la natalidad exige sobre todo a los esposos adquirir
y poseer sólidas convicciones sobre los verdaderos valores de la vida y de la
familia, y también
una tendencia a procurarse un perfecto dominio de sí mismos. El dominio del
instinto, mediante
la razón y la voluntad libre, impone sin ningún género de duda una ascética,
para que las
manifestaciones afectivas de la vida conyugal estén en conformidad con el orden
recto y
particularmente para observar la continencia periódica. Esta disciplina, propia
de la pureza de
los esposos, lejos de perjudicar el amor conyugal, le confiere un valor humano
más sublime.
Exige un esfuerzo continuo, pero, en virtud de su influjo beneficioso, los
cónyuges desarrollan
íntegramente su personalidad, enriqueciéndose de valores espirituales:
aportando a la vida
familiar frutos de serenidad y de paz y facilitando la solución de otros
problemas; favoreciendo la
atención hacia el otro cónyuge; ayudando a superar el egoísmo, enemigo del
verdadero amor, y
enraizando más su sentido de responsabilidad. Los padres adquieren así la
capacidad de un
influjo más profundo y eficaz para educar a los hijos; los niños y los jóvenes
crecen en la justa
estima de los valores humanos y en el desarrollo sereno y armónico de sus
facultades espirituales
y sensibles.