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| Paulus PP. VI Humanae vitae IntraText CT - Texto |
Licitud del recurso a los periodos
infecundos
16. A estas
enseñanzas de la Iglesia sobre la moral conyugal se objeta hoy, como
observábamos
antes (n. 3), que es prerrogativa de la inteligencia humana dominar las
energías de la naturaleza
irracional y orientarlas hacia un fin en conformidad con el bien del hombre. Algunos se
preguntan: actualmente, ¿no es quizás racional recurrir en muchas
circunstancias al control
artificial de los nacimientos, si con ello se obtienen la armonía y la
tranquilidad de la familia y
mejores condiciones para la educación de los hijos ya nacidos? A esta pregunta hay que
responder con claridad: la Iglesia es la primera en elogiar y en recomendar la
intervención de la
inteligencia en una obra que tan de cerca asocia la creatura racional a su
Creador, pero afirma
que esto debe hacerse respetando el orden establecido por Dios.
Por consiguiente, si para espaciar los nacimientos existen serios motivos,
derivados de las
condiciones físicas o psicológicas de los cónyuges, o de circunstancias
exteriores, la Iglesia
enseña que entonces es lícito tener en cuenta los ritmos naturales inmanentes a
las funciones
generadoras para usar del matrimonio sólo en los periodos infecundos y así
regular la natalidad
sin ofender los principios morales que acabamos de recordar 20.
La Iglesia es coherente consigo misma cuando juzga lícito el recurso a los
periodos infecundos,
mientras condena siempre como ilícito el uso de medios directamente contrarios
a la
fecundación, aunque se haga por razones aparentemente honestas y serias. En realidad, entre
ambos casos existe una diferencia esencial: en el primero los cónyuges se
sirven legítimamente de
una disposición natural; en el segundo impiden el desarrollo de los
procesos naturales. Es verdad
que tanto en uno como en otro caso, los cónyuges están
de acuerdo en la voluntad positiva de
evitar la prole por razones plausibles, buscando la seguridad de que no se
seguirá; pero es
igualmente verdad que solamente en el primer caso renuncian conscientemente al
uso del
matrimonio en los periodos fecundos cuando por justos motivos la procreación no
es deseable,
y hacen uso después en los periodos agenésicos para manifestarse el afecto y
para salvaguardar
la mutua fidelidad. Obrando así ellos dan prueba de amor verdadero e
integralmente honesto.