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| Paulus PP. VI Humanae vitae IntraText CT - Texto |
La Iglesia,
garantía de los auténticos valores humanos
18. Se puede prever que estas enseñanzas no serán quizá
fácilmente aceptadas por todos: son
demasiadas las voces —ampliadas por los modernos medios de propaganda— que
están en
contraste con la Iglesia. A decir verdad, ésta no se maravilla de ser, a semejanza de
su divino
Fundador, "signo de contradicción" 22, pero no
deja por esto de proclamar con humilde
firmeza toda la ley moral, natural y evangélica. La Iglesia
no ha sido la autora de éstas, ni puede
por tanto ser su árbitro, sino solamente su depositaria e intérprete, sin poder
jamás declarar lícito
lo que no lo es por su íntima e inmutable oposición al verdadero bien del
hombre.
Al defender la moral conyugal en su integridad, la Iglesia sabe que contribuye
a la instauración
de una civilización verdaderamente humana; ella compromete al hombre a no
abdicar la propia
responsabilidad para someterse a los medios técnicos; defiende con esto mismo
la dignidad de
los cónyuges. Fiel a las enseñanzas y al ejemplo del
Salvador, ella se demuestra amiga sincera y
desinteresada de los hombres a quienes quiere ayudar, ya desde su camino
terreno, "a participar
como hijos a la vida del Dios vivo, Padre de todos los hombres" 23.