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| Paulus PP. VI Humanae vitae IntraText CT - Texto |
A los sacerdotes
28. Amados hijos sacerdotes, que sois por vocación los
consejeros y los directores espirituales
de las personas y de las familias, a vosotros queremos dirigirnos ahora con
toda confianza.
Vuestra primera incumbencia —en especial la de aquellos que enseñan la teología
moral— es
exponer sin ambigüedades la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio. Sed los primeros en dar
ejemplo de obsequio leal, interna y externamente, al Magisterio de la Iglesia en
el ejercicio de
vuestro ministerio.
Tal obsequio, bien lo sabéis, es obligatorio no sólo
por las razones aducidas,
sino sobre todo por razón de la luz del Espíritu Santo, de la cual están
particularmente asistidos
los pastores de la Iglesia para ilustrar la verdad 39. Conocéis también
la suma importancia que
tiene para la paz de las conciencias y para la unidad
del pueblo cristiano, que en el campo de la
moral y del dogma se atengan todos al Magisterio de la Iglesia y hablen del
mismo modo. Por
esto renovamos con todo nuestro ánimo el angustioso llamamiento del Apóstol Pablo: "Os
ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos habléis
igualmente, y
no haya entre vosotros cismas, antes seáis concordes en el mismo pensar y en el
mismo sentir"
40.
29. No menoscabar en nada la saludable doctrina de Cristo es
una forma de caridad eminente
hacia las almas. Pero esto debe ir acompañado siempre de la paciencia y de la bondad de que el
mismo Señor dio ejemplo en su trato con los hombres. Venido no para juzgar sino
para salvar
41, El fue ciertamente intransigente con el mal, pero misericordioso
con las personas.
Que en medio de sus dificultades encuentren siempre los cónyuges en las
palabras y en el
corazón del sacerdote el eco de la voz y del amor del
Redentor.
Hablad, además, con confianza, amados hijos, seguros de que el Espíritu de Dios
que asiste al
Magisterio en el proponer la doctrina, ilumina internamente los corazones de
los fieles,
invitándolos a prestar su asentimiento. Enseñad a los esposos el camino
necesario de la oración,
preparadlos a que acudan con frecuencia y con fe a los sacramentos de la
Eucaristía y de la
Penitencia, sin que se dejen nunca desalentar por su debilidad.