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| Paulus PP. VI Populorum progressio IntraText CT - Texto |
81. Nos conjuramos, ante todo, a nuestros hijos. En los
países en vías de desarrollo, no menos
que en los otros, los seglares deben tomar como su tarea propia la renovación
del orden
temporal. Si es oficio de la Jerarquía enseñar e interpretar en modo auténtico
los principios
morales que en este terreno hayan de seguirse, a los seglares les corresponde,
por su libre
iniciativa y sin esperar pasivamente consignas o directrices, penetrar con
espíritu cristiano la
mentalidad y las costumbres, las leyes y las estructuras de sus comunidades de
vida69.
Necesarios son los cambios, indispensables las reformas profundas: deben
emplearse en
infundirles resueltamente el soplo del espíritu evangélico. A nuestros hijos
católicos
pertenecientes a los países más favorecidos, Nos les pedimos que aporten su
activa
participación en las organizaciones oficiales o privadas, civiles o religiosas,
que se dedican a
vencer las dificultades de las naciones en vía de desarrollo. Estamos muy
seguros de que tendrán
empeño en hallarse en la primera fila entre los que trabajan para traducir en hechos
una moral
internacional de justicia y de equidad.
82. Todos los cristianos, nuestros hermanos, Nos estamos
seguros de ello, querrán ampliar su
esfuerzo común y concertado a fin de ayudar al mundo a triunfar sobre el
egoísmo, el orgullo y
las rivalidades, a superar las ambiciones y las injusticias, a abrir a todos
los caminos para una
vida más humana, en la que cada uno sea amado y ayudado como su prójimo y su
hermano. Y,
todavía conmovidos por el recuerdo del inolvidable encuentro de Bombay con
nuestros
hermanos no cristianos, Nos les invitamos de nuevo a laborar con todo su
corazón y toda su
inteligencia, a fin de que todos los hijos de los hombres puedan llevar una
vida digna de los hijos
de Dios.
83. Finalmente, Nos nos dirigimos a todos los hombres de
buena voluntad, conscientes de que
el camino de la paz pasa por el desarrollo. Delegados en las instituciones
internacionales,
hombres de Estado, publicistas, educadores, todos, cada uno en vuestro sitio,
vosotros sois los
constructores de un mundo nuevo. Nos suplicamos al Dios Todopoderoso que
ilumine vuestras
inteligencias y os dé nuevas fuerzas y aliento para poner en estado de alerta a
la opinión pública
y comunicar entusiasmo a los pueblos. Educadores, a vosotros os pertenece
despertar ya desde
la infancia el amor a los pueblos que se encuentran en la miseria. Publicistas,
os corresponde
poner ante nuestros ojos el esfuerzo realizado para promover la mutua ayuda
entre los pueblos,
así como también el espectáculo de las miserias que los hombres tienen
tendencia a olvidar para
tranquilizar sus conciencias: que los ricos sepan, por lo menos, que los pobres
estan junto a su
puerta y que esperan las migajas de sus banquetes.
84. Hombres de Estado: os incumbe movilizar vuestras
comunidades en una solidaridad mundial
más eficaz, y, ante todo, hacerles aceptar las necesarias disminuciones de sus
lujos y de sus
dispendios para promover el desarrollo y salvar la paz. Delegados de las
organizaciones
internacionales, de vosotros depende que el peligroso y estéril enfrentamiento
de fuerzas deje
paso a la colaboración amistosa, pacífica y desinteresada para lograr un
progreso solidario de la
humanidad: una humanidad, en la que todos los hombres puedan desarrollarse.
85. Y si es verdad que el mundo se encuentra en un lamentable
vacío de ideas, Nos hacemos un
llamamiento a los pensadores y a los sabios, católicos, cristianos, adoradores
de Dios, ávidos de
lo absoluto, de la justicia y de la verdad, y a todos los hombres de buena
voluntad. A ejemplo
de Cristo, Nos nos atrevemos a rogaros con insistencia: Buscad y
encontraréis70, emprended
los caminos que conducen a través de la mutua ayuda, de la profundización del
saber, de la
grandeza del corazón, a una vida más fraterna en una comunidad humana
verdaderamente
universal.
86. Vosotros todos, los que habéis oído la llamada de los
pueblos que sufren; vosotros, los que
trabajáis para darles una respuesta; vosotros sois los apóstoles del desarrollo
auténtico y
verdadero que no consiste en la riqueza egoísta y deseada por sí misma, sino en
la economía al
servicio del hombre, el pan de cada día distribuido a todos, como fuente de
fraternidad y signo
de la Providencia.
87. De todo corazón Nos os bendecimos y hacemos un
llamamiento a todos los hombres
para que se unan fraternalmente a vosotros. Porque si el desarrollo es el nuevo nombre de la
paz, ¿quién no querrá trabajar con todas sus fuerzas para lograrlo? Sí, Nos os
invitamos a todos
para que respondáis a Nuestro grito de angustia, en el nombre del Señor.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 26 de marzo, fiesta de la Resurrección
de Nuestro
Señor Jesucristo, año cuarto de nuestro pontificado.