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| Paulus PP. VI Populorum progressio IntraText CT - Texto |
PRIMERA PARTE
6. Verse libres de la miseria, hallar con mayor seguridad la
propia subsistencia, la salud, una
estable ocupación; participar con más plenitud en las responsabilidades, mas
fuera de toda
opresión y lejos de situaciones ofensivas para la dignidad del hombre; tener
una cultura más
perfecta —en una palabra, hacer, conocer y tener más para ser también más—, tal
es la aspiración
de los hombres de hoy, cuando un gran número de ellos se ven condenados a vivir
en tales
condiciones que convierten casi en ilusorio deseo tan legítimo. Por otra parte,
pueblos
recientemente transformados en naciones independientes sienten la necesidad de
añadir a la
libertad política un crecimiento autónomo y digno, social no menos que
económico, con el cual
puedan asegurar a sus propios ciudadanos un pleno desarrollo humano y ocupar el
puesto que
en el concierto de las naciones les corresponde.
7. Ante la amplitud y urgencia de la labor que precisa llevar
a cabo, disponemos de medios
heredados del pasado, aunque sean insuficientes. Ciertamente se ha de reconocer
que las
potencias coloniales con frecuencia no se han fijado sino en su propio interés,
su poderío o su
gloria; y, al retirarse, a veces han dejado una situación económica vulnerable,
ligada, por
ejemplo, al monocultivo, cuyos valores hállanse sometidos a tan bruscas como
desproporcionadas variaciones. Pero aun reconociendo objetivamente los errores
de un cierto
tipo de colonialismo y sus consecuencias, necesario es, al mismo tiempo, rendir
homenaje a las
cualidades y a las realizaciones de los colonizadores, que en tantas regiones
abandonadas han
aportado su ciencia y su técnica, dejando en ellas preciosas señales de su
presencia. Aun siendo
incompletas, ciertas estructuras establecidas permanecen y han cumplido su
papel, por ejemplo,
logrando hacer retroceder la ignorancia y la enfermedad o habiendo establecido
comunicaciones
beneficiosas y mejorado las condiciones de vida.
8. Mas, aun reconociendo todo esto, es muy cierto que tal
organización es notoriamente
insuficiente para enfrentarse con la dura realidad de la economía moderna.
Dejado a sí mismo,
su mecanismo conduce al mundo hacia una agravación, y no hacia una atenuación,
en la
disparidad de los niveles de vida: los pueblos ricos gozan de un rápido
crecimiento, mientras los
pobres no logran sino un lento desarrollo. Crece el desequilibrio: unos
producen excesivamente
géneros alimenticios de los que otros carecen con grave daño, y estos últimos
experimentan cuán
inciertas resultan sus exportaciones.
9. Y al mismo tiempo los conflictos sociales se han ampliado
hasta alcanzar dimensiones
exactamente mundiales. La viva inquietud que se ha adueñado de las clases
pobres en los países
que se van industrializando alcanza ahora a aquellas cuya economía es casi
exclusivamente
agraria: los campesinos han llegado —ellos también— a adquirir la conciencia de
su inmerecida
miseria10. A eso se añade el escándalo de las irritantes disparidades
no sólo en el goce de los
bienes, sino, aún más, en el ejercicio del poder. Mientras en algunas regiones
una oligarquía
goza con una refinada civilización, el resto de la población, pobre y dispersa,
se halla "casi
privada de toda iniciativa y de toda responsabilidad propias, por vivir
frecuentemente en
condiciones de vida y de trabajo indignas de la persona humana"11.
10. Por otra parte, el choque entre las civilizaciones
tradicionales y las novedades traídas por la
civilización industrial tiene un efecto destructor en las estructuras que no se
adaptan a las nuevas
condiciones. Dentro del ámbito, a veces rígido, de tales estructuras se encuadraba
la vida
personal y familiar, que encontraba en ellas indispensable apoyo, y a ellas
continúan aferrados
los ancianos, mientras los jóvenes tienden a liberarse de ellas como de un
obstáculo inútil,
volviéndose ávidamente hacia las nuevas formas de la vida social. Así sucede
que el conflicto de
las generaciones se agrava con un trágico dilema: o conservar instituciones y
creencias
ancestrales, renunciando al progreso, o entregarse a las técnicas y formas de
vida venidas de
fuera, pero rechazando, junto con las tradiciones del pasado, la riqueza de
valores humanos que
contenían. De hecho sucede con frecuencia que van faltando los apoyos morales,
espirituales y
religiosos del pasado, sin que la inserción en el mundo nuevo quede asegurada
por otros.
CONCLUSIÓN
11. Ante tan variable situación, cada vez se hace más violenta la tentación
que obliga a dejarse
arrastrar hacia mesianismos tan prometedores como forjadores de ilusiones.
¿Quién no ve los
peligros que de ello pueden derivarse, como reacciones populares violentas,
agitaciones
insurreccionales y propensión gradual hacia ideologías totalitarias? Estos son los datos del
problema, cuya gravedad no puede escapar a nadie.