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P. Amedeo Cencini, FDCC
El camino del Espíritu en la vida consagrada…

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1.1- La idea en general

 

La FP es aquel camino de educación-formación-acompañamiento progresivo y cotidiano, llevado adelante en el propio contexto habitual de vida, con los instrumentos y las “herramientas” de la existencia de cada día, gracias a las personas que están a mi lado (que yo no   he elegido y que no me han elegido). Ellas son, rigurosamente hablando, mismaestras de formación”, o las mediaciones formativas a través de las cuales el Padre plasma en mí los sentimientos del Hijo, o es la comunidad el lugar donde Dios me ha puesto y donde me hace crecer, donde sigue alcanzándome con sus dones e incluso con sus provocaciones. Hablamos de la comunidad ante todo religiosa; pero también, si bien en un nivel ulterior aunque siempre real, de la comunidad civil, eclesial, donde me encuentro ejerciendo el apostolado (45). Conlleva, pues, aquella constante disponibilidad para aprender (=docibilitas) que se expresa en un conjunto de actividades ordinarias, y hasta extraordinarias, de vigilancia y discernimiento, de ascesis y oración, de estudio y apostolado, de comprobación personal y comunitaria, etc., que ayudan cotidianamente a madurar en la identidad creyente y en la fidelidad creativa a la propia vocación en las diversas circunstancias y fases de la vida. Hasta el último día.

La FP es exactamente este proceso humano-divino en acto; es el sujeto que de hecho se deja provocar y plasmar por la existencia de todos los días, no simplemente en las ocasiones especiales y a través de intervenciones excepcionales, sino a través de los que podríamos denominarinstrumentos (o agentes) cotidianos” de la FP misma, desde las mediaciones más humildes y ordinarias hasta aquellas más intrínseca y explícitamente formativas: la relación con Dios y con los hermanos, la Palabra-del-día y las palabras de todo día, la parroquia y el ambiente de trabajo, la comunidad religiosa y la gente de todo tipo, los acontecimientos y hasta los incidentes, los superiores y la gente humilde, los signos de los tiempos y el carisma del Instituto, lo cotidiano más ordinario y aun los imprevistos, etc. 2

Por tanto, la FP:

 

            - no es lo que viene después, sino lo que viene antes,

 

es regazo, idea-madre (25), comienza mientras el sujeto va adquiriendo aquella disponibilidad para aprender de la vida y de los demás.

 

            - no es proyecto humano (más o menos soportado), sino obra del Padre

 

por consiguiente, gracia que en la vida y a través de la vida consagrada forma el corazón del Hijo-Siervo (27.14), gracia ya presente en la vocación, que es una llamada cotidiana (“matutina”), en la Palabra-del-día, en la Eucaristía-del-día, en la Liturgia y en el año litúrgico, en algo que el Padre-Dios pone ya en acto continuamente para mí.

Por lo cual la formación inicial prepara para la consagración; pero es la FP la que forma al consagrado (29-30);

 

            - no es realidad extraordinaria ni eventual, sino ordinaria y cotidiana

 

gestionada a través de las cosas y las personas que viven a mi lado, santas y no tan santas (cf. 87 nota 9), y que, en todo caso, son mediación, por misteriosa que sea, de la acción formativa del Padre, a través del horario y las ocupaciones y las rupturas de siempre. La FP es don ya dado (37-38).

¡”Todo es gracia” porque todo es FP!

 

- no es realidad universal ni dada por supuesto, sino fruto de la decisión del individuo

 

la formación es permanente sólo y cuando la persona ha dado una perspectiva definitiva o consumada a su propia vida y a partir de ese momento; no necesariamente cuando ha terminado ni porque se ha concluido la fase denominada inicial. Cuando el consagrado toma en su corazón la decisión de seguir al Señor, ya en aquel mismo momento y sólo desde aquel momento inicia y se hace realidad la FP. Por este motivo, para alguno la FP ha comenzado muy pronto, para otros no ha comenzado nunca.

 

- no está terminada jamás,  porque en nosotros hay siempre una parte del yo menos “docible

 

De hecho, nadie es entera e interiormente libre de dejarse formar durante toda la vida; hay en cada uno de nosotros una parte, un aspecto, alguna faceta del yo, una tendencia o una pulsión instintiva, una actitud o una espera inconsciente ... que queda o corre el riesgo de quedar fuera de este camino, donde somos rígidos, cerrados, no aceptamos provocaciones, y que nos vuelve sordos y mudos e insensibles ante la realidad externa (y a la Palabra misma de Dios), como una especie de zona anestesiada o paralizada que ya no responde. A veces, por desgracia, no está circunscrita a sí misma, sino que, como una célula cancerígena, tiende a extenderse e infectar el resto de nuestro mundo interior. Es menester mucha atención y vigilancia en ese sentido. La FP es, sobre todo, cura de esta área. Esta “zona salvaje

-         normalmente es menos conocida, menos conocible en sus consecuencias (en ese sentido, no está e-ducada),

-         no ha recibido y no está disponible para asumir como norma de vida la forma de los sentimientos del Hijo (en ese sentido, no está formada),

-         ni sabe aprovecharse de las diversas mediaciones de la vida, no es libre para dejarse condicionar, instruir y llevar por ellas (en ese sentido, no se deja acompañar).

 




2 Cf Vita consecrata, 65.71.






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