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| P. Amedeo Cencini, FDCC El camino del Espíritu en la vida consagrada… IntraText CT - Texto |
1.2- La docibilitas, condición personal fundamental
Si es gracia, es preciso tener una actitud correspondiente (como ocurre siempre en lo tocante a la gracia), una disposición pertinente, humilde, aguda, flexible, receptiva, emprendedora, o sea, la docibilitas3, dado que de ninguna manera hemos dicho que “errando se aprende”. Una actitud de ese tipo debería ser objeto de atención en la primera formación y fruto de la misma. En cierto modo, es más bien el punto de encuentro entre formación inicial y permanente, en torno al cual gira todo nuestro razonamiento y que, de hecho, posibilita continuar la formación de la persona durante toda la vida.
Pues es lo que lo hace libre de dejarse tocar-educar por la vida, por los demás, por toda situación existencial, y de aprender de la vida y de la experiencia (cosa que de ningún modo hay que dar por descontada); docibilitas que no es sólo docilitas, porque es aquella inteligencia del espíritu que conlleva algunos factores precisos, además de la acogida “dócil”, obediente y una pizca pasiva, a saber:
- la plena implicación activa y responsable de la persona, primera protagonista del proceso educativo;
- una actitud fundamentalmente positiva en relación con la realidad: de reconciliación y gratitud hacia la propia historia personal y de confianza hacia los demás, porque de hecho la vida y los demás me han formado, mi formación no es un hecho autónomo, nadie se-ha-hecho-por-sí-solo;
- la libertad interior y el deseo inteligente de dejarse instruir por cualquier fragmento de verdad y belleza del entorno, gozando de lo que es verdadero y hermoso;
- la capacidad de relación con la alteridad, de interacción fecunda, activa y pasiva con la realidad objetiva, ajena y diversa respecto al yo, hasta dejarse formar por ella.
Estas actitudes ponen al sujeto en condiciones de “aprender a aprender”, o sea, de vivir en perenne estado de formación durante toda la existencia. Precisamente este constante estado interior de libertad para aprender en la vida y de la vida es el punto de llegada de la formación inicial; y precisamente en ese punto la formación inicial se “abre” a la formación continua y se suelda con ella.