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| P. Amedeo Cencini, FDCC El camino del Espíritu en la vida consagrada… IntraText CT - Texto |
3- Formación permanente: muchas mediaciones formativas
No es verdad siempre y necesariamente que “la experiencia enseña”, o que errando o, sin más, “pecando se aprende” (“peccando s’impara”) 12, o que “la historia es maestra de la vida”, o que “uno tiene el derecho de cometer sus errores” y otras parecidas sublimes amenidades; hay tanta gente adulta que siempre repite impertérrita los mismos errores (de los que echa regularmente la culpa a los demás) o que confunde la madurez con un título de estudio o con el fruto natural de la ancianidad; en cuanto a la historia, se ha dicho también que lo único que enseña es que algunos o quizá muchos no aprenden jamás nada de ella; y es verdad que hay que respetar el derecho de cada cual a cometer sus equivocaciones, pero aún más digno sería ayudarle a reconocerlo y, en lo posible, a evitarlos ... Si la primera formación no propone un método con el que conocerse y comenzar a liberarse o al menos liberar la percepción, la FP es sólo academia y apariencia, y, en último extremo, forzamiento (por parte de quien debe organizarla) y ficción (por parte de quien la soporta). Pero si la primera educación-formación-acompañamiento ofrecen un auténtico recorrido de conocimiento de sí y de liberación de los propios conflictos, entonces la vida entera se convierte en un recorrido de educación-formación-acompañamiento progresivo y el individuo puede trabajar sobre su propia disponibilidad formativa. Gracias a ésta, toda circunstancia de la vida (personas, compromisos, desafíos, dificultades, tentaciones, crisis, caídas, imprevistos, provocaciones, fracasos, calumnias, peticiones más o menos inéditas, peticiones que van más allá de mis simpatías y capacidades ...), en todo momento y en cualquier contexto, puede resultar mediación formativa, ocasión de FP, como mediación singular a cuyo través el Padre me modela, me plasma, me abre perspectivas, me crea desierto en torno ... para formar en mí los sentimientos del Hijo.
O sea, desde la única mediación formativa de la primera formación hasta las muchas mediaciones formativas de la FP.
Aquí nuestra disertación podría abrirse en muchas direcciones. Elegimos un solo ámbito o ejemplo, el de la oración, pues no siempre se capta la valencia educativo-formativa y de “compañía” de la oración.
Si es el Señor - o, mejor, la Trinidad santísima - quien forma y transforma, el ritmo cotidiano de la FP queda jalonado, sobre todo, por su intervención y por cuanto nos permite entrar en contacto con él, partiendo, fundamentalmente, de aquel espíritu de oración que es mucho más que las así llamadas prácticas de piedad. Queremos decir que esta relación se halla en el origen de la vida, de la vocación, de la identidad, de la formación, de la verdad de la persona ...; de hecho, el Padre-Dios es el educador que, dándonos la vida o sacándonos del caos de la no existencia y de nuestras esclavitudes, nos desvela la verdad; el Hijo es el formador que plasma en nosotros sus sentimientos; el Espíritu es el acompañante, el “dulce huésped de las almas” que nos conduce hacia la vida13. Si “la vida en el Espíritu tiene una primacía obvia” 14, la relación con Dios constituye el respiro secreto de la FP. O sea, la oración nos educa, en cuanto excava y hace emerger15 en nosotros la verdad de nosotros mismos; nos forma, puesto que plasma y modela en lo profundo de nuestra identidad los “sentimientos del Hijo”; finalmente, nos acompaña, porque nos hace cada día partícipes de la paternidad y providencia del Padre, además de hacernos compañeros de viaje de los hombres nuestros hermanos16.
Hago nada más alguna veloz puntualización, reenviando siempre a mi texto Il respiro della vita (100-113).