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| Guy de Maupassant La tía sauvage IntraText - Concordancias (Hapax Legomena) |
Párrafo
1 I| estuve allí, que fue hacia 1869, limpia, con parras en su 2 II| Soldado de 2ª clase del~ 29 de Infantería."~ La carta 3 II| Cesóreo Rivot~ Soldado de 2ª clase del~ 29 de Infantería."~ 4 II| que caía con los ojos muy abiertos, mientras se mordía el borde 5 II| cuatro paredes de forraje, abrigada y bienoliente; allí se dormiría 6 II| quitó la vieja la escalera, abrió sin hacer ruido la puerta 7 II| pobres y toda carga nueva los abruma; los que se hacen matar 8 II| se mordía el borde de su abultado bigote, como solía hacerlo 9 II| de nieve mojaban en agua abundante su carne blanca y sonrosada 10 I| prusianos echaron abajo y que él acababa de reconstruir.~ Me gustaba 11 II| con el techo de bálago, acabando por formar de este modo 12 II| Cuando salía la conversación acerca de los alemanes hospedados 13 II| El oficial prusiano se acercó. La tía Sauvage estaba como 14 I| han enternecido, como un acontecimiento feliz. Hasta en ocasiones 15 II| horribles, martirizadoras, acudían las ideas a su cabeza. De 16 II| las casas del pueblo, de acuerdo con la riqueza y posibilidades 17 II| La vieja no cayó hacia adelante. Se desplomó verticalmente, 18 II| en su casa:~ -¿Sabéis adónde ha ido el regimiento francés 19 II| decir que ella había tomado afecto a aquellos cuatro enemigos. 20 II| crudos de nieve mojaban en agua abundante su carne blanca 21 | Ahí 22 II| de atenciones con ella, ahorrándole hasta donde les fue posible 23 II| completamente sola en aquella casa aislada y muy lejos del pueblo, 24 II| notifiquen a sus familias -alargó tranquilamente la hoja al 25 II| lo lejos, empezó a dar la alarma.~ La tía Sauvage permanecía 26 II| de menos resistencia, no alcanzan a comprender estos ardores 27 II| en la taberna un poco de alegría bulliciosa; pero su compañera 28 I| de distancia, ojeando un alfalfar. Al dar vuelta a los arbustos 29 | algo 30 | algún 31 | alguna 32 | alguno 33 | allá 34 II| cada uno de los soldados alojados en su casa:~ -¿Sabéis 35 II| los que se dio boleta de alojamiento para todas las casas del 36 I| minúsculas corrientes crecían altas hierbas de las que solían 37 II| suyo propio, en aquel hijo alto y enjuto, de nariz corva, 38 II| la guerra.~ "La saludo amistosamente,~ Cesóreo Rivot~ Soldado 39 II| pusieron a ayudarla. Iban amontonando los haces de heno, hasta 40 I| nuestros ojos. Los queremos con amor carnal. Cuantos sentimos 41 I| Qué cangrejos, truchas y anguilas se pescaban en ellos! Era 42 II| socorro en que vibraban la angustia y el espanto. Al hundirse 43 I| el alma y en la carne un anhelo insatisfecho e inolvidable, 44 II| combinaciones políticas que aniquilaban en seis meses a dos naciones, 45 II| la llama de una inmensa antorcha. Toda la casa ardió.~ 46 I| Y súbitamente se me apareció en la imaginación tal y 47 I| trataba de un mote o de un apellido.~ Llamé a gritos a Serval, 48 II| daba órdenes en alemán. Se apoderaron de ella, la empujaron hacia 49 II| músculos de su rostro no han aprendido los movimientos de la risa.~ 50 II| cofia negra que se le ceñía apretadamente a la cabeza, aprisionando 51 II| apretadamente a la cabeza, aprisionando sus cabellos blancos, que 52 | aquí 53 II| sentada en el tronco de un árbol, tranquila y satisfecha.~ 54 I| alfalfar. Al dar vuelta a los arbustos que sirven de límite al 55 II| inmensa antorcha. Toda la casa ardió.~ Ya no se oía más que 56 II| alcanzan a comprender estos ardores belicosos, nuestro excitable 57 II| estaba consumido, arrojó el arma a las brasas. Resonó un 58 II| abajo todo el techo, y la armazón en llamas de la casa lanzó 59 II| por la estrecha ventana, arrojando su luz sobre la nieve.~ 60 II| ya todo estaba consumido, arrojó el arma a las brasas. Resonó 61 I| bosquecillos y surcado por arroyuelos que parecen venas que corren 62 II| Por la mañana hacían su aseo los cuatro alrededor del 63 | así 64 II| les contestó que se sentía atacada de cólicos. Encendió después 65 I| ciertas figuras de mujeres ataviadas de vestidos claros y trasparentes, 66 II| lo comieron sin prestarle atención. La vieja los miraba de 67 II| se mostraron llenos de atenciones con ella, ahorrándole hasta 68 II| estaba fechada tres semanas atrás.~ No lloró. Se quedó 69 II| más cruelmente sienten las atroces desdichas de la guerra, 70 II| dentro de la casa, y en el atroz heroísmo de aquella otra 71 II| inmóvil, tan sobrecogida y aturdida, que aún no llegaba a sentir 72 II| chillido siguió un coro de aullidos humanos, de gritos de socorro 73 I| observando a mis dos perros, que avanzaban en descubierta delante de 74 I| Entonces Serval me contó su aventura.~ 75 II| darle una noticia triste. Ayer una bala de cañón ha matado 76 II| menos frío, y se pusieron a ayudarla. Iban amontonando los haces 77 II| sonrosadas, barbas rubias y ojos azules; a pesar de las grandes 78 II| devolvieron a su marido, con el balazo en mitad de la frente!~ 79 I| con profundidad para poder bañarme, y en las orillas de las 80 II| mocetones de carnes sonrosadas, barbas rubias y ojos azules; a 81 I| una buena mujer me dio a beber un vaso de vino. Serval, 82 I| solían levantarse algunas becadas.~ Iba yo caminando con 83 II| comprender estos ardores belicosos, nuestro excitable sentido 84 II| nunca más podría dar un beso a su hijo, a su muchachote. 85 II| paredes de forraje, abrigada y bienoliente; allí se dormiría a maravilla.~ 86 II| el borde de su abultado bigote, como solía hacerlo en los 87 II| nariz corva, ojos pardos y bigotes tupidos, que formaban sobre 88 II| agua abundante su carne blanca y sonrosada de hombres del 89 II| prusianos, a los que se dio boleta de alojamiento para todas 90 II| abiertos, mientras se mordía el borde de su abultado bigote, como 91 I| de Virelogne, sembrado de bosquecillos y surcado por arroyuelos 92 II| consumido, arrojó el arma a las brasas. Resonó un disparo.~ 93 II| convertida en un espantoso brasero, en un horno encendido, 94 II| mujer extendió su delgado brazo hacia el rojo montón del 95 II| el resplandor del fuego, brillaban lo mismo que un mantel de 96 II| los cuatro alrededor del brocal del pozo, en mangas de camisa, 97 II| reír y jamás gastaba una broma. Conviene hacer constar 98 II| gigantesco, cuyos resplandores brotaban por la estrecha ventana, 99 II| taberna un poco de alegría bulliciosa; pero su compañera no pierde 100 II| formaban sobre sus labios un burlete de pelo negro. Y todos los 101 II| semana acudía al pueblo en busca de pan y un poco de carne, 102 II| puerta exterior y salió a buscar gavillas de paja, llenando 103 II| cabeza, aprisionando sus cabellos blancos, que jamás había 104 I| caminando con la soltura de una cabra, observando a mis dos perros, 105 II| habrían hecho después de su cadáver? ¡Si, al menos, le hubiesen 106 II| realidad: su cabeza, que caía con los ojos muy abiertos, 107 II| crujir de las paredes, la caída de las vigas. De repente 108 II| resplandores del incendio, volvió a calarse las gafas, y exclamó, mostrando 109 II| después una buena fogata para calentarse. Los cuatro alemanes subieron 110 II| empujaron hacia el muro, caliente todavía, de su casa. Doce 111 I| las que nos cruzamos en la calle una mañana de primavera 112 II| dentro de la casa. No se calló un solo detalle de las sensaciones 113 II| direcciones de sus familiares; se caló a continuación las gafas 114 II| llenando con ellas la cocina. Caminaba sobre la nieve con los pies 115 II| brocal del pozo, en mangas de camisa, y en los días más crudos 116 II| teñido de rojo.~ Una campana, a lo lejos, empezó a dar 117 I| Saudres, distinguí una casucha campesina en ruinas.~ Y súbitamente 118 II| Conviene hacer constar que las campesinas se ríen muy poco. ¡Eso queda 119 II| cólica y limitada. El campesino se contagia en la taberna 120 II| penacho de chispas.~ Los campos blancos, iluminados por 121 I| sangre a la tierra. ¡Qué cangrejos, truchas y anguilas se pescaban 122 II| porque con ellos se forma la cantidad; los que más cruelmente 123 II| recibió tranquila, con su cara de siempre, después de enjugarse 124 II| porque son pobres y toda carga nueva los abruma; los que 125 I| ojos. Los queremos con amor carnal. Cuantos sentimos la seducción 126 II| Eran cuatro mocetones de carnes sonrosadas, barbas rubias 127 II| alojamiento para todas las casas del pueblo, de acuerdo con 128 II| los demás.~ La vieja no cayó hacia adelante. Se desplomó 129 I| implacable destructor de la caza. Los conocía todo el mundo 130 I| padre había sido un viejo cazador furtivo y fue muerto por 131 I| fui durante el otoño, para cazar, y me hospedé en el palacio 132 II| maravilla.~ A la hora de la cena, uno de los soldados se 133 II| la cofia negra que se le ceñía apretadamente a la cabeza, 134 | cerca 135 II| las noches.~ En cuanto cerraron la trampa del granero, quitó 136 II| saludo amistosamente,~ Cesóreo Rivot~ Soldado de 2ª 137 II| humo, un enorme penacho de chispas.~ Los campos blancos, 138 II| Ya no se oía más que el chisporroteo del incendio, el crujir 139 II| regresaba en seguida a su choza. Oyendo hablar de que merodeaban 140 II| tardó en subir hacia el cielo como la llama de una inmensa 141 I| Serval iba por mi derecha, a cien metros de distancia, ojeando 142 | cierta 143 | ciertas 144 | cierto 145 II| contestó con voz firme y clara:~ -¡Ahí dentro!~ Todos 146 II| mirando.~ Una violenta claridad iluminó en pocos segundos 147 I| mujeres ataviadas de vestidos claros y trasparentes, con las 148 II| esto se queda para las clases superiores. Los humildes, 149 II| tibia que se iba enfriando y coagulando, tembló de pies a cabeza, 150 II| sobresalía por encima de la cofia negra que se le ceñía apretadamente 151 II| melan cólica y limitada. El campesino 152 II| que se sentía atacada de cólicos. Encendió después una buena 153 I| de algunas lagunas, de colinas determinadas, que hemos 154 II| honor y las pretendidas combinaciones políticas que aniquilaban 155 II| siquiera un bocado. Ellos se lo comieron sin prestarle atención. 156 II| alegría bulliciosa; pero su compañera no pierde nunca la seriedad 157 II| cerca de allí, porque en la compañía formamos uno al lado del 158 II| Siguió, pues, viviendo completamente sola en aquella casa aislada 159 II| resistencia, no alcanzan a comprender estos ardores belicosos, 160 II| habían dejado allá lejos, comprendían el dolor y la inquietud 161 II| Sauvage no se movió. Había comprendido y esperó.~ Se oyó una 162 II| les costó algún trabajo, comprendieron lo que quería, y se lo dijeron. 163 II| pliegue de la carta en que le comunicaban la muerte de su hijo.~ 164 II| ocurría alguna desgracia se lo comunicase a usted sin tardar un solo 165 II| gordos, y aunque en país conquistado, eran buenos muchachos. 166 II| estaba como cortada en dos y conservaba en su mano crispada la carta, 167 I| la seducción del campo, conservamos un recuerdo emocionado de 168 II| cada familia. A la vieja, considerada como rica, le enviaron cuatro.~ 169 II| una broma. Conviene hacer constar que las campesinas se ríen 170 II| hacen matar en masa; los que constituyen la verdadera carne de cañón, 171 II| Cuando vio que ya todo estaba consumido, arrojó el arma a las brasas. 172 II| limitada. El campesino se contagia en la taberna un poco de 173 II| hecho.~ Cuando acabó de contarlo todo, sacó del bolsillo 174 II| sirve mi muchacho.~ Ellos contestaban:~ -No, nosotros no safemos; 175 II| sus familiares; se caló a continuación las gafas en su prominente 176 II| vencida.~ Cuando salía la conversación acerca de los alemanes hospedados 177 II| que quedó inmediatamente convertida en un espantoso brasero, 178 II| jamás gastaba una broma. Conviene hacer constar que las campesinas 179 II| y al chillido siguió un coro de aullidos humanos, de 180 I| conocía de vista, era un mozo corpulento, que tenía también fama 181 I| arroyuelos que parecen venas que corren por el suelo llevando la 182 II| peatón que distribuía el correo. Este entregó a la tía Sauvage 183 I| orillas de las minúsculas corrientes crecían altas hierbas de 184 II| tía Sauvage estaba como cortada en dos y conservaba en su 185 II| representaba a su muchacho cortado en dos, rojo también de 186 II| matado a su hijo Víctor, cortándole en dos pedazos. Yo estaba 187 II| cocina, frotar los cristales, cortar leña, mondar las patatas, 188 II| alto y enjuto, de nariz corva, ojos pardos y bigotes tupidos, 189 II| gafas que empleaba para coser, y leyó:~ "Señora Sauvage: 190 II| nombres.~ Aunque les costó algún trabajo, comprendieron 191 I| las minúsculas corrientes crecían altas hierbas de las que 192 II| fuego a la casa.~ Nadie creyó lo que decía, y se imaginaron 193 II| y conservaba en su mano crispada la carta, tinta en sangre.~ 194 II| limpiar la cocina, frotar los cristales, cortar leña, mondar las 195 II| camisa, y en los días más crudos de nieve mojaban en agua 196 II| la cantidad; los que más cruelmente sienten las atroces desdichas 197 II| chisporroteo del incendio, el crujir de las paredes, la caída 198 I| trasparentes, con las que nos cruzamos en la calle una mañana de 199 II| una especie de habitación cuadrada con sus cuatro paredes de 200 | cuanto 201 | Cuantos 202 II| casucha, que se vio muy pronto cubierta por las nieves. Una vez 203 II| dedos, al ver sus manos cubiertas de aquella sangre tibia 204 II| los prusianos no se dieron cuenta de nada.~ De improviso 205 II| lo despellejó, sacando el cuerpo rojo de sangre; al manipularlo 206 II| llena de herrumbre y con la culata desgastada por el roce de 207 II| mano. Era un espectáculo curioso el de aquella mujer alta 208 II| horno encendido, gigantesco, cuyos resplandores brotaban por 209 II| se olvide!~ El oficial daba órdenes en alemán. Se apoderaron 210 II| sin duda, habían robado dando a entender por gestos a 211 II| Señora Sauvage: Esta es para darle una noticia triste. Ayer 212 II| guerra, porque son los más débiles y de menos resistencia, 213 II| Nadie creyó lo que decía, y se imaginaron que el 214 II| tenía treinta y tres años al declararse la guerra, sentó plaza, 215 II| al manipularlo con sus dedos, al ver sus manos cubiertas 216 II| madre.~ Pero la vieja no dejaba un momento de pensar en 217 II| en las madres que habían dejado allá lejos, comprendían 218 I| mañana de primavera y que nos dejan en el alma y en la carne 219 II| La mujer extendió su delgado brazo hacia el rojo montón 220 I| encantadores que proporcionan una delicia sensual a nuestros ojos. 221 | demás 222 I| de mí. Serval iba por mi derecha, a cien metros de distancia, 223 II| y se imaginaron que el desastre la había enloquecido. Ella, 224 II| sobre la nieve con los pies descalzos, tan silenciosamente que 225 II| contemplando aquella clase de letra desconocida para ella; dobló después 226 I| perros, que avanzaban en descubierta delante de mí. Serval iba 227 II| cruelmente sienten las atroces desdichas de la guerra, porque son 228 II| patatas, lavar la ropa y desempeñar todas las tareas de la casa 229 II| momento de matar el conejo, desfalleció. ¡A pesar de que no era, 230 II| pronto estalló un chillido desgarrador en la parte superior de 231 II| herrumbre y con la culata desgastada por el roce de la mano. 232 II| que si le ocurría alguna desgracia se lo comunicase a usted 233 II| los ronquidos sonoros y desiguales de los cuatro soldados dormidos.~ 234 II| verla ya bien encendida fue desparramándola por encima de las otras. 235 II| Muerto el animal, lo despellejó, sacando el cuerpo rojo 236 II| cayó hacia adelante. Se desplomó verticalmente, como si le 237 II| en pie, contemplando la destrucción de su casa, y empuñando 238 I| también fama de implacable destructor de la caza. Los conocía 239 II| este hecho, los alemanes destruyeron el palacio del pueblo, que 240 II| casa. No se calló un solo detalle de las sensaciones que había 241 I| algunas lagunas, de colinas determinadas, que hemos tenido ocasión 242 II| la que siguió una larga detonación. Luego un tiro, distanciado 243 II| acabó con él de un golpe detrás de las orejas.~ Muerto 244 II| devuelto al hijo tal cual le devolvieron a su marido, con el balazo 245 II| Si, al menos, le hubiesen devuelto al hijo tal cual le devolvieron 246 I| la sensación de que la dicha se ha rozado con nosotros.~ 247 II| por los hombros, y siguió diciendo -: Escríbales usted todo 248 II| solía hablarme de usted diciéndome que si le ocurría alguna 249 II| que los prusianos no se dieron cuenta de nada.~ De improviso 250 II| usted todo lo ocurrido, y dígales a sus padres que soy yo 251 II| comprendieron lo que quería, y se lo dijeron. Pero no se dio por satisfecha; 252 II| sabía que la vieja guardaba dinero, nadie tuvo lástima de ella.~ 253 II| a un hombre que venía en dirección a su casa. No tardó en ver 254 II| escribiesen en un papel, con las direcciones de sus familiares; se caló 255 II| a las brasas. Resonó un disparo.~ Acudía la gente: campesinos, 256 II| detonación. Luego un tiro, distanciado de los demás.~ La vieja 257 I| límite al bosque de Saudres, distinguí una casucha campesina en 258 II| encontraba sola en su casa, distinguió a lo lejos en la llanura 259 II| bolsillo dos papeles, y para distinguirlos bien, a los últimos resplandores 260 II| se trataba del peatón que distribuía el correo. Este entregó 261 II| la tía Sauvage un papel doblado, y ella sacó del estuche 262 II| letra desconocida para ella; dobló después la hoja de papel 263 II| caliente todavía, de su casa. Doce hombres formaron rápidamente 264 | donde 265 | Dónde 266 II| subir heno al granero en que dormían.~ Se sorprendieron al 267 II| desiguales de los cuatro soldados dormidos.~Cuando le pareció que ya 268 II| abrigada y bienoliente; allí se dormiría a maravilla.~ A la hora 269 II| cuatro alemanes subieron a su dormitorio por la escalera portátil 270 II| hermoso conejo, que, sin duda, habían robado dando a entender 271 II| prusianos.~ Encontraron a la dueña de la casa sentada en el 272 I| Virelogne. Esta vez fui durante el otoño, para cazar, y 273 | e 274 I| Serval, que los prusianos echaron abajo y que él acababa de 275 II| ya todo estaba a punto, echó en el hogar una de las gavillas, 276 | ellas 277 I| conservamos un recuerdo emocionado de tal o cual fuente, de 278 II| del estuche las gafas que empleaba para coser, y leyó:~ " 279 II| Se apoderaron de ella, la empujaron hacia el muro, caliente 280 II| destrucción de su casa, y empuñando una escopeta, la de su hijo, 281 I| Existen en el mundo rincones encantadores que proporcionan una delicia 282 II| gavillas, y al verla ya bien encendida fue desparramándola por 283 II| espantoso brasero, en un horno encendido, gigantesco, cuyos resplandores 284 II| sentía atacada de cólicos. Encendió después una buena fogata 285 II| mañana en que la vieja se encontraba sola en su casa, distinguió 286 II| Esos cuatro ya han encontrado su nido.~ Pues bien: 287 II| campesinos, prusianos.~ Encontraron a la dueña de la casa sentada 288 II| alta de estatura, pero algo encorvada, caminando a grandes zancadas 289 II| afecto a aquellos cuatro enemigos. Los campesinos no sienten 290 II| sangre tibia que se iba enfriando y coagulando, tembló de 291 II| cara de siempre, después de enjugarse bien los ojos.~ Los cuatro 292 II| temple que sus hombres: alta, enjuta y ruda; pocas veces se la 293 II| propio, en aquel hijo alto y enjuto, de nariz corva, ojos pardos 294 II| que el desastre la había enloquecido. Ella, entonces, viéndose 295 II| Recogí una piedrecilla, ennegrecida todavía por el fuego.~FIN~ ~ 296 II| entre una nube de humo, un enorme penacho de chispas.~ 297 II| de la muerte de Víctor -enseñó después el otro, y señalando 298 II| duda, habían robado dando a entender por gestos a la vieja que 299 I| veces y que siempre nos han enternecido, como un acontecimiento 300 II| solos y en casa de una mujer entrada en años, se mostraron llenos 301 | entre 302 I| que yo iba muy fatigado entré en ella y una buena mujer 303 II| distribuía el correo. Este entregó a la tía Sauvage un papel 304 II| considerada como rica, le enviaron cuatro.~ Eran cuatro 305 | esa 306 II| si alguno de los hombres escapaba con vida.~ Cuando vio 307 II| hombros, y siguió diciendo -: Escríbales usted todo lo ocurrido, 308 II| satisfecha; hizo que se los escribiesen en un papel, con las direcciones 309 II| vez en cuando se ponía a escuchar los ronquidos sonoros y 310 | Eso 311 | Esos 312 II| otra madre, fusilada de espaldas a la pared.~ Recogí una 313 II| vibraban la angustia y el espanto. Al hundirse la trampa, 314 II| inmediatamente convertida en un espantoso brasero, en un horno encendido, 315 II| formar de este modo una especie de habitación cuadrada con 316 II| movió. Había comprendido y esperó.~ Se oyó una voz de mando, 317 I| una casa muerta, con su esqueleto en pie, siniestro y ruinoso?~ 318 II| Pensaba solamente: "Ya está; han matado a Víctor".~ 319 | ésta 320 II| rodeada de todos y que todos estaban pendientes de sus palabras, 321 II| la nieve.~ Y de pronto estalló un chillido desgarrador 322 II| llamáis? Va para un mes que estamos juntos, y aún no sé vuestros 323 | están 324 II| de aquella mujer alta de estatura, pero algo encorvada, caminando 325 | éste 326 | esto 327 | estos 328 II| resplandores brotaban por la estrecha ventana, arrojando su luz 329 II| doblado, y ella sacó del estuche las gafas que empleaba para 330 I| visto la última vez que estuve allí, que fue hacia 1869, 331 II| en su prominente nariz y estuvo contemplando aquella clase 332 II| ardores belicosos, nuestro excitable sentido del honor y las 333 II| volvió a calarse las gafas, y exclamó, mostrando uno de ellos:~ - 334 I| extraordinariamente aquel lugar. Existen en el mundo rincones encantadores 335 II| las sensaciones que había experimentado, ni de lo que había hecho.~ 336 II| principio; pero ella les explicó que así tendrían menos frío, 337 II| seriedad y mantiene siempre una expresión severa. Los músculos de 338 II| vuestros soldados?~ La mujer extendió su delgado brazo hacia el 339 II| sin hacer ruido la puerta exterior y salió a buscar gavillas 340 II| del incendio, que se iba extinguiendo, y les contestó con voz 341 I| reconstruir.~ Me gustaba extraordinariamente aquel lugar. Existen en 342 I| limpia, con parras en su fachada y gallinas delante de la 343 I| corpulento, que tenía también fama de implacable destructor 344 II| y posibilidades de cada familia. A la vieja, considerada 345 II| con las direcciones de sus familiares; se caló a continuación 346 II| que se lo notifiquen a sus familias -alargó tranquilamente la 347 I| cierto día que yo iba muy fatigado entré en ella y una buena 348 II| a pesar de las grandes fatigas que habían sufrido hasta 349 II| Infantería."~ La carta estaba fechada tres semanas atrás.~ 350 I| en ellos! Era una suprema felicidad. Había sitios con profundidad 351 I| como un acontecimiento feliz. Hasta en ocasiones vuela 352 I| nuestro corazón como ciertas figuras de mujeres ataviadas de 353 II| y les contestó con voz firme y clara:~ -¡Ahí dentro!~ 354 I| o un vergel salpicado de flores, que hemos visto una sola 355 II| Encendió después una buena fogata para calentarse. Los cuatro 356 II| cañón, porque con ellos se forma la cantidad; los que más 357 II| pardos y bigotes tupidos, que formaban sobre sus labios un burlete 358 II| allí, porque en la compañía formamos uno al lado del otro, y 359 II| de bálago, acabando por formar de este modo una especie 360 II| de su casa. Doce hombres formaron rápidamente en línea frente 361 II| con sus cuatro paredes de forraje, abrigada y bienoliente; 362 II| tan bien como un hijo de Francia, le preguntó:~ -¿Dónde 363 II| explicó que así tendrían menos frío, y se pusieron a ayudarla. 364 II| ocupaban en limpiar la cocina, frotar los cristales, cortar leña, 365 I| emocionado de tal o cual fuente, de este o el otro bosque, 366 II| los momentos en que estaba furioso.~ ¿Y qué habrían hecho 367 I| había sido un viejo cazador furtivo y fue muerto por los gendarmes. 368 II| heroísmo de aquella otra madre, fusilada de espaldas a la pared.~ 369 I| con parras en su fachada y gallinas delante de la puerta. ¿Hay 370 II| se la veía reír y jamás gastaba una broma. Conviene hacer 371 II| les fue posible trabajo y gastos. Por la mañana hacían su 372 II| Sauvage, solían decir las gentes del pueblo:~ -Esos cuatro 373 Ded| A Georges Pouchet.~ 374 II| las rojas ruinas con un gesto de su cabeza, agregó - : 375 II| robado dando a entender por gestos a la vieja que iban a comer 376 II| en un horno encendido, gigantesco, cuyos resplandores brotaban 377 II| soldados acabó con él de un golpe detrás de las orejas.~ 378 II| entonces, seguían siendo gordos, y aunque en país conquistado, 379 I| visto una sola vez en un día gozoso y que se grabaron en nuestro 380 I| en un día gozoso y que se grabaron en nuestro corazón como 381 II| la carta hasta el último grito de los hombres cuando ya 382 II| gente sabía que la vieja guardaba dinero, nadie tuvo lástima 383 II| este modo una especie de habitación cuadrada con sus cuatro 384 II| Un oficial alemán, que hablaba el francés tan bien como 385 II| al lado del otro, y solía hablarme de usted diciéndome que 386 II| estaba furioso.~ ¿Y qué habrían hecho después de su cadáver? ¡ 387 II| nueva los abruma; los que se hacen matar en masa; los que constituyen 388 II| abultado bigote, como solía hacerlo en los momentos en que estaba 389 | haces 390 II| y gastos. Por la mañana hacían su aseo los cuatro alrededor 391 II| La tía Sauvage siguió haciendo la vida ordinaria en su 392 II| de su cabeza, agregó - : He aquí sus nombres, para que 393 II| satisfacción, porque traían un hermoso conejo, que, sin duda, habían 394 II| de la casa, y en el atroz heroísmo de aquella otra madre, fusilada 395 II| escopeta del hijo, llena de herrumbre y con la culata desgastada 396 I| corrientes crecían altas hierbas de las que solían levantarse 397 II| casa como cuatro buenos hijos alrededor de su madre.~ 398 II| no se dio por satisfecha; hizo que se los escribiesen en 399 II| estaba a punto, echó en el hogar una de las gavillas, y al 400 II| lejos en la llanura a un hombre que venía en dirección a 401 II| que la sujetaba por los hombros, y siguió diciendo -: Escríbales 402 II| nuestro excitable sentido del honor y las pretendidas combinaciones 403 II| dormiría a maravilla.~ A la hora de la cena, uno de los soldados 404 II| espantoso brasero, en un horno encendido, gigantesco, cuyos 405 II| Parecíale ver la realidad, la horrenda realidad: su cabeza, que 406 II| corazón. Una después de otra, horribles, martirizadoras, acudían 407 II| conversación acerca de los alemanes hospedados en casa de la tía Sauvage, 408 I| otoño, para cazar, y me hospedé en el palacio de mi amigo 409 II| siguió un coro de aullidos humanos, de gritos de socorro en 410 II| las clases superiores. Los humildes, los que pagan más que nadie 411 II| aire, entre una nube de humo, un enorme penacho de chispas.~ 412 II| angustia y el espanto. Al hundirse la trampa, penetró en el 413 I| I~ Quince años habían pasado 414 II| porque estaba madurando una idea, aunque había tal impasibilidad 415 II| martirizadoras, acudían las ideas a su cabeza. De modo que 416 II| Sabéis adónde ha ido el regimiento francés número 417 I| nombre de los Sauvages. Ignoro si se trataba de un mote 418 II| II~ El mozo Sauvage, que 419 II| Los campos blancos, iluminados por el resplandor del fuego, 420 II| Una violenta claridad iluminó en pocos segundos todo el 421 I| súbitamente se me apareció en la imaginación tal y como yo la había visto 422 II| creyó lo que decía, y se imaginaron que el desastre la había 423 II| una idea, aunque había tal impasibilidad en su semblante, que los 424 I| que tenía también fama de implacable destructor de la caza. Los 425 II| dieron cuenta de nada.~ De improviso les preguntó:~ -¿Cómo 426 II| cielo como la llama de una inmensa antorcha. Toda la casa ardió.~ 427 II| No lloró. Se quedó inmóvil, tan sobrecogida y aturdida, 428 I| un anhelo insatisfecho e inolvidable, la sensación de que la 429 II| comprendían el dolor y la inquietud de ésta, prestándole mil 430 I| y en la carne un anhelo insatisfecho e inolvidable, la sensación 431 II| frente!~ Oyó en aquel instante rumor de voces. Eran los 432 II| en pocos segundos todo el interior de la casucha, que quedó 433 II| los soldados se manifestó intranquilo viendo que la tía Sauvage 434 II| lágrimas a los ojos y el dolor invadió su corazón. Una después 435 | juntos 436 II| que formaban sobre sus labios un burlete de pelo negro. 437 II| compañía formamos uno al lado del otro, y solía hablarme 438 II| poco, se le vinieron las lágrimas a los ojos y el dolor invadió 439 I| otro bosque, de algunas lagunas, de colinas determinadas, 440 II| armazón en llamas de la casa lanzó al aire, entre una nube 441 II| mando, a la que siguió una larga detonación. Luego un tiro, 442 II| guardaba dinero, nadie tuvo lástima de ella.~ Siguió, pues, 443 II| leña, mondar las patatas, lavar la ropa y desempeñar todas 444 II| frotar los cristales, cortar leña, mondar las patatas, lavar 445 II| contemplando aquella clase de letra desconocida para ella; dobló 446 I| hierbas de las que solían levantarse algunas becadas.~ Iba 447 II| que empleaba para coser, y leyó:~ "Señora Sauvage: Esta 448 II| cólica y limitada. El campesino se contagia 449 I| los arbustos que sirven de límite al bosque de Saudres, distinguí 450 I| allí, que fue hacia 1869, limpia, con parras en su fachada 451 II| Después se ocupaban en limpiar la cocina, frotar los cristales, 452 II| lejos del pueblo, en la linde del bosque. Hay que decir 453 II| formaron rápidamente en línea frente a ella, a veinte 454 II| subir hacia el cielo como la llama de una inmensa antorcha. 455 II| preguntó:~ -¿Cómo os llamáis? Va para un mes que estamos 456 II| el techo, y la armazón en llamas de la casa lanzó al aire, 457 I| mote o de un apellido.~ Llamé a gritos a Serval, y éste 458 II| distinguió a lo lejos en la llanura a un hombre que venía en 459 II| sobrecogida y aturdida, que aún no llegaba a sentir dolor. Pensaba 460 II| fin lo sucedido; desde la llegada de la carta hasta el último 461 II| visto nadie.~ Y un día llegaron los prusianos, a los que 462 II| con la escopeta del hijo, llena de herrumbre y con la culata 463 II| buscar gavillas de paja, llenando con ellas la cocina. Caminaba 464 II| entrada en años, se mostraron llenos de atenciones con ella, 465 I| que corren por el suelo llevando la sangre a la tierra. ¡ 466 II| del bolsillo el reloj para llevárselo a usted cuando termine la 467 II| tres semanas atrás.~ No lloró. Se quedó inmóvil, tan sobrecogida 468 II| hablar de que merodeaban lobos, empezó a salir de casa 469 II| siguió una larga detonación. Luego un tiro, distanciado de 470 I| extraordinariamente aquel lugar. Existen en el mundo rincones 471 II| Como su vida es triste y lúgubre, su alma es también melan 472 II| estrecha ventana, arrojando su luz sobre la nieve.~ Y de 473 II| hablar palabra, porque estaba madurando una idea, aunque había tal 474 II| esperó.~ Se oyó una voz de mando, a la que siguió una larga 475 II| del brocal del pozo, en mangas de camisa, y en los días 476 II| uno de los soldados se manifestó intranquilo viendo que la 477 II| cuerpo rojo de sangre; al manipularlo con sus dedos, al ver sus 478 II| brillaban lo mismo que un mantel de plata teñido de rojo.~ 479 II| pierde nunca la seriedad y mantiene siempre una expresión severa. 480 II| bienoliente; allí se dormiría a maravilla.~ A la hora de la cena, 481 II| cual le devolvieron a su marido, con el balazo en mitad 482 II| después de otra, horribles, martirizadoras, acudían las ideas a su 483 II| los que se hacen matar en masa; los que constituyen la 484 II| lúgubre, su alma es también melan cólica 485 II| choza. Oyendo hablar de que merodeaban lobos, empezó a salir de 486 II| Cómo os llamáis? Va para un mes que estamos juntos, y aún 487 II| palpitaba.~ Se sentó a la mesa con sus prusianos, pero 488 II| que aniquilaban en seis meses a dos naciones, lo mismo 489 II| la hoja de papel y se la metió en el bolsillo, puesta dentro 490 II| Hay que decir que no tenía miedo a nada, porque era del mismo 491 II| inquietud de ésta, prestándole mil pequeños servicios. Hay 492 I| y en las orillas de las minúsculas corrientes crecían altas 493 II| prestarle atención. La vieja los miraba de soslayo, sin hablar palabra, 494 II| salió a la puerta y se quedó mirando.~ Una violenta claridad 495 I| una cabra, observando a mis dos perros, que avanzaban 496 II| marido, con el balazo en mitad de la frente!~ Oyó en 497 II| cuatro.~ Eran cuatro mocetones de carnes sonrosadas, barbas 498 II| días más crudos de nieve mojaban en agua abundante su carne 499 II| como solía hacerlo en los momentos en que estaba furioso.~ ¿ 500 II| cristales, cortar leña, mondar las patatas, lavar la ropa