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Guy de Maupassant
La tía sauvage

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)


1869-monda | monto-vuelt

    Párrafo
501 II| delgado brazo hacia el rojo montón del incendio, que se iba 502 I| me contó las vidas de sus moradores. El padre había sido un 503 II| muy abiertos, mientras se mordía el borde de su abultado 504 II| calarse las gafas, y exclamó, mostrando uno de ellos:~    -Este 505 II| mujer entrada en años, se mostraron llenos de atenciones con 506 I| Ignoro si se trataba de un mote o de un apellido.~    Llamé 507 II| rostro no han aprendido los movimientos de la risa.~    La tía Sauvage 508 II| distancia. La tía Sauvage no se movió. Había comprendido y esperó.~    509 II| un beso a su hijo, a su muchachote. Los gendarmes habían matado 510 | muchas 511 | mucho 512 I| espectáculo de una casa muerta, con su esqueleto en pie, 513 I| como ciertas figuras de mujeres ataviadas de vestidos claros 514 II| ella, la empujaron hacia el muro, caliente todavía, de su 515 II| una expresión severa. Los músculos de su rostro no han aprendido 516 II| aniquilaban en seis meses a dos naciones, lo mismo a la vencedora 517 II| sobresalía por encima de la cofia negra que se le ceñía apretadamente 518 II| labios un burlete de pelo negro. Y todos los días iba preguntando 519 II| cuatro ya han encontrado su nido.~    Pues bien: cierta mañana 520 II| pronto cubierta por las nieves. Una vez por semana acudía 521 II| que se servían todas las noches.~    En cuanto cerraron 522 I| conocía todo el mundo con el nombre de los Sauvages. Ignoro 523 II| sonrosada de hombres del Norte, mientras la tía Sauvage 524 II| Esta es para darle una noticia triste. Ayer una bala de 525 II| nombres, para que se lo notifiquen a sus familias -alargó tranquilamente 526 II| lanzó al aire, entre una nube de humo, un enorme penacho 527 | nuestros 528 II| son pobres y toda carga nueva los abruma; los que se hacen 529 II| ido el regimiento francés número veintinueve de Infantería? 530 II| inmediatamente manos a la obra para preparar la comida; 531 I| la soltura de una cabra, observando a mis dos perros, que avanzaban 532 I| determinadas, que hemos tenido ocasión de ver muchas veces y que 533 I| acontecimiento feliz. Hasta en ocasiones vuela nuestro pensamiento 534 II| que regresaban del pueblo. Ocultó rápidamente la carta y los 535 II| preparando sopa. Después se ocupaban en limpiar la cocina, frotar 536 II| los soldados:~    -Voy a ocuparme de vosotros.~    Y empezó 537 II| usted diciéndome que si le ocurría alguna desgracia se lo comunicase 538 II| Escríbales usted todo lo ocurrido, y dígales a sus padres 539 II| campesinos no sienten los odios patrióticos; esto se queda 540 II| casa ardió.~    Ya no se oía más que el chisporroteo 541 II| silenciosamente que nadie podía oírla. De vez en cuando se ponía 542 I| cien metros de distancia, ojeando un alfalfar. Al dar vuelta 543 II| Simón, la Sauvage. ¡No se olvide!~    El oficial daba órdenes 544 II| olvide!~    El oficial daba órdenes en alemán. Se apoderaron 545 II| siguió haciendo la vida ordinaria en su casucha, que se vio 546 II| de un golpe detrás de las orejas.~    Muerto el animal, lo 547 I| poder bañarme, y en las orillas de las minúsculas corrientes 548 | os 549 I| Esta vez fui durante el otoño, para cazar, y me hospedé 550 | otras 551 II| regresaba en seguida a su choza. Oyendo hablar de que merodeaban 552 II| ocurrido, y dígales a sus padres que soy yo quien lo ha hecho; 553 II| superiores. Los humildes, los que pagan más que nadie porque son 554 II| siendo gordos, y aunque en país conquistado, eran buenos 555 II| salió a buscar gavillas de paja, llenando con ellas la cocina. 556 II| miraba de soslayo, sin hablar palabra, porque estaba madurando 557 II| estaban pendientes de sus palabras, contó desde el principio 558 II| como aquel animal que aún palpitaba.~    Se sentó a la mesa 559 II| acudía al pueblo en busca de pan y un poco de carne, pero 560 II| todo, sacó del bolsillo dos papeles, y para distinguirlos bien, 561 II| enjuto, de nariz corva, ojos pardos y bigotes tupidos, que formaban 562 I| surcado por arroyuelos que parecen venas que corren por el 563 II| lo había partido en dos. Parecíale ver la realidad, la horrenda 564 II| soldados dormidos.~Cuando le pareció que ya todo estaba a punto, 565 II| fusilada de espaldas a la pared.~    Recogí una piedrecilla, 566 I| hacia 1869, limpia, con parras en su fachada y gallinas 567 II| chillido desgarrador en la parte superior de la casa, y al 568 II| Una bala de cañón lo había partido en dos. Parecíale ver la 569 I| I~    Quince años habían pasado desde mi última visita a 570 II| cortar leña, mondar las patatas, lavar la ropa y desempeñar 571 II| campesinos no sienten los odios patrióticos; esto se queda para las 572 II| en ver que se trataba del peatón que distribuía el correo. 573 II| Víctor, cortándole en dos pedazos. Yo estaba muy cerca de 574 II| sus labios un burlete de pelo negro. Y todos los días 575 II| nube de humo, un enorme penacho de chispas.~    Los campos 576 II| todos y que todos estaban pendientes de sus palabras, contó desde 577 II| Al hundirse la trampa, penetró en el granero un torbellino 578 II| llegaba a sentir dolor. Pensaba solamente: "Ya está; han 579 I| ocasiones vuela nuestro pensamiento hacia un trozo de bosque, 580 II| nosotros no safemos nada.~    Y pensando en las madres que habían 581 II| de ésta, prestándole mil pequeños servicios. Hay que decir 582 II| cuatro buenos muchachos que perecieron quemados dentro de la casa, 583 II| alarma.~    La tía Sauvage permanecía en pie, contemplando la 584 I| cabra, observando a mis dos perros, que avanzaban en descubierta 585 I| cangrejos, truchas y anguilas se pescaban en ellos! Era una suprema 586 II| la pared.~    Recogí una piedrecilla, ennegrecida todavía por 587 II| bulliciosa; pero su compañera no pierde nunca la seriedad y mantiene 588 II| si le hubiesen segado las piernas.~    El oficial prusiano 589 II| lo mismo que un mantel de plata teñido de rojo.~    Una 590 II| declararse la guerra, sentó plaza, quedando su madre sola 591 II| bolsillo, puesta dentro del pliegue de la carta en que le comunicaban 592 II| más que nadie porque son pobres y toda carga nueva los abruma; 593 | pocas 594 | pocos 595 I| sitios con profundidad para poder bañarme, y en las orillas 596 II| De modo que ya nunca más podría dar un beso a su hijo, a 597 II| pretendidas combinaciones políticas que aniquilaban en seis 598 II| oírla. De vez en cuando se ponía a escuchar los ronquidos 599 II| dormitorio por la escalera portátil de que se servían todas 600 II| acuerdo con la riqueza y posibilidades de cada familia. A la vieja, 601 II| ahorrándole hasta donde les fue posible trabajo y gastos. Por la 602 Ded| A Georges Pouchet.~ 603 II| alrededor del brocal del pozo, en mangas de camisa, y 604 II| negro. Y todos los días iba preguntando a cada uno de los soldados 605 I| a grandes zancadas. Y le pregunté:~    -¿Qué ha sido de la 606 II| tía Sauvage iba y venía, preparando sopa. Después se ocupaban 607 II| inmediatamente manos a la obra para preparar la comida; pero, en el momento 608 II| y la inquietud de ésta, prestándole mil pequeños servicios. 609 II| Ellos se lo comieron sin prestarle atención. La vieja los miraba 610 II| sentido del honor y las pretendidas combinaciones políticas 611 I| en la calle una mañana de primavera y que nos dejan en el alma 612 II| no era, ni mucho menos el primero! Uno de los soldados acabó 613 II| viendo que la tía Sauvage no probaba tampoco bocado. Ella les 614 I| felicidad. Había sitios con profundidad para poder bañarme, y en 615 II| continuación las gafas en su prominente nariz y estuvo contemplando 616 II| del pueblo, que era de mi propiedad.~    Pero yo sólo podía 617 II| momento de pensar en el suyo propio, en aquel hijo alto y enjuto, 618 I| rincones encantadores que proporcionan una delicia sensual a nuestros 619 II| con sus prusianos, pero no pudo comer ni siquiera un bocado. 620 II| la metió en el bolsillo, puesta dentro del pliegue de la 621 II| pareció que ya todo estaba a punto, echó en el hogar una de 622 II| tendrían menos frío, y se pusieron a ayudarla. Iban amontonando 623 II| buena.~    La señora Sauvage puso inmediatamente manos a la 624 II| la guerra, sentó plaza, quedando su madre sola en casa. Como 625 II| los hombres cuando ya se quemaban dentro de la casa. No se 626 II| muchachos que perecieron quemados dentro de la casa, y en 627 I| sensual a nuestros ojos. Los queremos con amor carnal. Cuantos 628 II| trabajo, comprendieron lo que quería, y se lo dijeron. Pero no 629 I| I~    Quince años habían pasado desde 630 II| cerraron la trampa del granero, quitó la vieja la escalera, abrió 631 II| rápidamente la carta y los recibió tranquila, con su cara de 632 II| espaldas a la pared.~    Recogí una piedrecilla, ennegrecida 633 I| abajo y que él acababa de reconstruir.~    Me gustaba extraordinariamente 634 I| siniestro y ruinoso?~    Recordé también que cierto día que 635 I| del campo, conservamos un recuerdo emocionado de tal o cual 636 II| Sabéis adónde ha ido el regimiento francés número veintinueve 637 II| y un poco de carne, pero regresaba en seguida a su choza. Oyendo 638 II| los cuatro prusianos que regresaban del pueblo. Ocultó rápidamente 639 II| ojos.~    Los cuatro se reían con aire de satisfacción, 640 II| pocas veces se la veía reír y jamás gastaba una broma. 641 II| Le retiré del bolsillo el reloj para llevárselo a usted 642 II| la caída de las vigas. De repente se vino abajo todo el techo, 643 II| amigo Serval agregó:~    -En represalia de este hecho, los alemanes 644 II| pies a cabeza, porque se le representaba a su muchacho cortado en 645 II| los más débiles y de menos resistencia, no alcanzan a comprender 646 II| arrojó el arma a las brasas. Resonó un disparo.~    Acudía la 647 II| blancos, iluminados por el resplandor del fuego, brillaban lo 648 II| tardar un solo día.~    "Le retiré del bolsillo el reloj para 649 I| hacia un trozo de bosque, un ribazo o un vergel salpicado de 650 II| vieja, considerada como rica, le enviaron cuatro.~    651 II| constar que las campesinas se ríen muy poco. ¡Eso queda para 652 I| lugar. Existen en el mundo rincones encantadores que proporcionan 653 II| pueblo, de acuerdo con la riqueza y posibilidades de cada 654 II| aprendido los movimientos de la risa.~    La tía Sauvage siguió 655 II| amistosamente,~    Cesóreo Rivot~    Soldado de 2ª clase 656 II| conejo, que, sin duda, habían robado dando a entender por gestos 657 II| culata desgastada por el roce de la mano. Era un espectáculo 658 II| Ella, entonces, viéndose rodeada de todos y que todos estaban 659 II| Ahí dentro!~    Todos la rodearon. El prusiano preguntó:~    -¿ 660 II| el otro, y señalando las rojas ruinas con un gesto de su 661 II| se ponía a escuchar los ronquidos sonoros y desiguales de 662 II| mondar las patatas, lavar la ropa y desempeñar todas las tareas 663 II| severa. Los músculos de su rostro no han aprendido los movimientos 664 I| sensación de que la dicha se ha rozado con nosotros.~    Me gustaba 665 II| carnes sonrosadas, barbas rubias y ojos azules; a pesar de 666 II| hombres: alta, enjuta y ruda; pocas veces se la veía 667 II| escalera, abrió sin hacer ruido la puerta exterior y salió 668 I| esqueleto en pie, siniestro y ruinoso?~    Recordé también que 669 II| Oyó en aquel instante rumor de voces. Eran los cuatro 670 II| alojados en su casa:~    -¿Sabéis adónde ha ido el regimiento 671 II| sola en casa. Como la gente sabía que la vieja guardaba dinero, 672 II| el animal, lo despellejó, sacando el cuerpo rojo de sangre; 673 II| a la vencida.~    Cuando salía la conversación acerca de 674 II| merodeaban lobos, empezó a salir de casa con la escopeta 675 I| bosque, un ribazo o un vergel salpicado de flores, que hemos visto 676 II| termine la guerra.~    "La saludo amistosamente,~    Cesóreo 677 II| cuatro se reían con aire de satisfacción, porque traían un hermoso 678 I| sirven de límite al bosque de Saudres, distinguí una casucha campesina 679 I| mundo con el nombre de los Sauvages. Ignoro si se trataba de 680 II| estamos juntos, y aún no vuestros nombres.~    Aunque 681 I| carnal. Cuantos sentimos la seducción del campo, conservamos un 682 II| verticalmente, como si le hubiesen segado las piernas.~    El oficial 683 II| sufrido hasta entonces, seguían siendo gordos, y aunque 684 II| carne, pero regresaba en seguida a su choza. Oyendo hablar 685 II| claridad iluminó en pocos segundos todo el interior de la casucha, 686 II| políticas que aniquilaban en seis meses a dos naciones, lo 687 II| las nieves. Una vez por semana acudía al pueblo en busca 688 II| carta estaba fechada tres semanas atrás.~    No lloró. Se 689 II| tal impasibilidad en su semblante, que los prusianos no se 690 I| todo el campo de Virelogne, sembrado de bosquecillos y surcado 691 II| enseñó después el otro, y señalando las rojas ruinas con un 692 I| insatisfecho e inolvidable, la sensación de que la dicha se ha rozado 693 II| calló un solo detalle de las sensaciones que había experimentado, 694 I| proporcionan una delicia sensual a nuestros ojos. Los queremos 695 II| Encontraron a la dueña de la casa sentada en el tronco de un árbol, 696 II| Ella les contestó que se sentía atacada de cólicos. Encendió 697 II| belicosos, nuestro excitable sentido del honor y las pretendidas 698 I| con amor carnal. Cuantos sentimos la seducción del campo, 699 II| aturdida, que aún no llegaba a sentir dolor. Pensaba solamente: " 700 II| compañera no pierde nunca la seriedad y mantiene siempre una expresión 701 II| escalera portátil de que se servían todas las noches.~    En 702 II| prestándole mil pequeños servicios. Hay que decir que ella 703 II| mantiene siempre una expresión severa. Los músculos de su rostro 704 II| hasta entonces, seguían siendo gordos, y aunque en país 705 II| los pies descalzos, tan silenciosamente que nadie podía oírla. De 706 II| lo ha hecho; yo, Victoria Simón, la Sauvage. ¡No se olvide!~    707 I| con su esqueleto en pie, siniestro y ruinoso?~    Recordé también 708 II| prusianos, pero no pudo comer ni siquiera un bocado. Ellos se lo comieron 709 II| veintinueve de Infantería? En él sirve mi muchacho.~    Ellos contestaban:~    - 710 I| vuelta a los arbustos que sirven de límite al bosque de Saudres, 711 I| suprema felicidad. Había sitios con profundidad para poder 712 II| lloró. Se quedó inmóvil, tan sobrecogida y aturdida, que aún no llegaba 713 II| cañón de la escopeta que sobresalía por encima de la cofia negra 714 II| aullidos humanos, de gritos de socorro en que vibraban la angustia 715 II| a sentir dolor. Pensaba solamente: "Ya está; han matado a 716 II| amistosamente,~    Cesóreo Rivot~    Soldado de 2ª clase del~    29 de 717 II| incendio?~    Ella dijo solemnemente:~    -Fui yo quien prendió 718 II| mi propiedad.~    Pero yo sólo podía pensar en las madres 719 II| buenos muchachos. Al verse solos y en casa de una mujer entrada 720 I| Iba yo caminando con la soltura de una cabra, observando 721 II| a escuchar los ronquidos sonoros y desiguales de los cuatro 722 II| abundante su carne blanca y sonrosada de hombres del Norte, mientras 723 II| cuatro mocetones de carnes sonrosadas, barbas rubias y ojos azules; 724 II| iba y venía, preparando sopa. Después se ocupaban en 725 II| granero en que dormían.~    Se sorprendieron al principio; pero ella 726 II| La vieja los miraba de soslayo, sin hablar palabra, porque 727 II| dígales a sus padres que soy yo quien lo ha hecho; yo, 728 II| calentarse. Los cuatro alemanes subieron a su dormitorio por la escalera 729 I| campesina en ruinas.~    Y súbitamente se me apareció en la imaginación 730 II| principio hasta el fin lo sucedido; desde la llegada de la 731 I| venas que corren por el suelo llevando la sangre a la 732 II| grandes fatigas que habían sufrido hasta entonces, seguían 733 II| hoja al oficial, que la sujetaba por los hombros, y siguió 734 II| desgarrador en la parte superior de la casa, y al chillido 735 II| se queda para las clases superiores. Los humildes, los que pagan 736 I| pescaban en ellos! Era una suprema felicidad. Había sitios 737 I| sembrado de bosquecillos y surcado por arroyuelos que parecen 738 | suyo 739 II| campesino se contagia en la taberna un poco de alegría bulliciosa; 740 | tampoco 741 II| lo comunicase a usted sin tardar un solo día.~    "Le retiré 742 II| ropa y desempeñar todas las tareas de la casa como cuatro buenos 743 II| fuego, que prendió en el tejado de bálago y no tardó en 744 II| enfriando y coagulando, tembló de pies a cabeza, porque 745 II| nada, porque era del mismo temple que sus hombres: alta, enjuta 746 II| ella les explicó que así tendrían menos frío, y se pusieron 747 I| determinadas, que hemos tenido ocasión de ver muchas veces 748 II| mismo que un mantel de plata teñido de rojo.~    Una campana, 749 II| la muerte de su hijo.~    Terminada la comida, dijo a los soldados:~    - 750 II| llevárselo a usted cuando termine la guerra.~    "La saludo 751 II| cubiertas de aquella sangre tibia que se iba enfriando y coagulando, 752 I| llevando la sangre a la tierra. ¡Qué cangrejos, truchas 753 II| mano crispada la carta, tinta en sangre.~    Mi amigo 754 II| larga detonación. Luego un tiro, distanciado de los demás.~    755 II| haces de heno, hasta que tocaban con el techo de bálago, 756 II| que decir que ella había tomado afecto a aquellos cuatro 757 II| penetró en el granero un torbellino de fuego, que prendió en 758 II| de satisfacción, porque traían un hermoso conejo, que, 759 II| notifiquen a sus familias -alargó tranquilamente la hoja al oficial, que 760 I| ataviadas de vestidos claros y trasparentes, con las que nos cruzamos 761 II| mozo Sauvage, que tenía treinta y tres años al declararse 762 II| de la casa sentada en el tronco de un árbol, tranquila y 763 I| nuestro pensamiento hacia un trozo de bosque, un ribazo o un 764 I| tierra. ¡Qué cangrejos, truchas y anguilas se pescaban en 765 II| corva, ojos pardos y bigotes tupidos, que formaban sobre sus 766 II| vieja guardaba dinero, nadie tuvo lástima de ella.~    Siguió, 767 II| llegada de la carta hasta el último grito de los hombres cuando 768 II| distinguirlos bien, a los últimos resplandores del incendio, 769 II| Cómo os llamáis? Va para un mes que estamos 770 I| mujer me dio a beber un vaso de vino. Serval, entonces, 771 II| ruda; pocas veces se la veía reír y jamás gastaba una 772 II| en línea frente a ella, a veinte metros de distancia. La 773 II| regimiento francés número veintinueve de Infantería? En él sirve 774 I| por arroyuelos que parecen venas que corren por el suelo 775 II| naciones, lo mismo a la vencedora que a la vencida.~    Cuando 776 II| a la vencedora que a la vencida.~    Cuando salía la conversación 777 II| brotaban por la estrecha ventana, arrojando su luz sobre 778 II| los que constituyen la verdadera carne de cañón, porque con 779 I| de bosque, un ribazo o un vergel salpicado de flores, que 780 II| una de las gavillas, y al verla ya bien encendida fue desparramándola 781 II| eran buenos muchachos. Al verse solos y en casa de una mujer 782 II| hacia adelante. Se desplomó verticalmente, como si le hubiesen segado 783 I| de mujeres ataviadas de vestidos claros y trasparentes, con 784 II| gritos de socorro en que vibraban la angustia y el espanto. 785 II| yo quien lo ha hecho; yo, Victoria Simón, la Sauvage. ¡No se 786 I| entonces, me contó las vidas de sus moradores. El padre 787 I| El padre había sido un viejo cazador furtivo y fue muerto 788 II| se manifestó intranquilo viendo que la tía Sauvage no probaba 789 II| enloquecido. Ella, entonces, viéndose rodeada de todos y que todos 790 II| paredes, la caída de las vigas. De repente se vino abajo 791 II| Después, y poco a poco, se le vinieron las lágrimas a los ojos 792 II| se quedó mirando.~    Una violenta claridad iluminó en pocos 793 I| habían pasado desde mi última visita a Virelogne. Esta vez fui 794 I| hijo, al que yo conocía de vista, era un mozo corpulento, 795 II| ella.~    Siguió, pues, viviendo completamente sola en aquella 796 II| aquel instante rumor de voces. Eran los cuatro prusianos 797 II| resplandores del incendio, volvió a calarse las gafas, y exclamó, 798 | vosotros 799 II| dijo a los soldados:~    -Voy a ocuparme de vosotros.~    800 I| feliz. Hasta en ocasiones vuela nuestro pensamiento hacia 801 I| ojeando un alfalfar. Al dar vuelta a los arbustos que sirven


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