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| P. Jesús Castellano Cervera, OCD Solidaridad intercongregacional en el campo de la espiritualidad… IntraText CT - Texto |
Debemos desarrollar juntos una teología de la com-pasión, de la colaboración, del respeto y de la espera en la obra de Dios, también a través del amor gratuito y del servicio desinteresado. No consiste todo en el método teológico fe y razón; está también la experiencia y el amor. No basta la ortodoxia, se necesita también la ortopraxis; como afirma Juan Pablo II en la NMI nn. 49 y 50, al hablar de la caridad refiriéndose a Mt 25,35-36: “Con esta página, no menos que con la vertiente de la ortodoxia, la Iglesia mide su fidelidad de Esposa de Cristo ... Es la hora de una nueva ‘fantasía de la caridad’ ... La caridad de las obras asegura a la caridad de las palabras una fuerza inconfundible.”
Comprometerse a actuar juntos por el bien de la humanidad. De la contraposición o exclusión es menester ir hacia la integración. Con un amor más creciente hacia la humanidad, por causa de la evidente exclusión de pueblos y culturas de la fraternidad vivida: pobres, enfermos, ancianos, jóvenes, niños, mujeres explotadas, personas marginadas de la sociedad ...
Un giro antropocéntrico en la espiritualidad y no únicamente en la teología, para vivir en una dimensión humana de universalidad. También aquí, desde la contraposición de los valores espirituales y de los valores humano-sociales, con una experiencia plurisecular del humanismo de nuestros carismas – vida, equilibrio, amistad, caridad, trabajo – caminar hacia la integración que es peculiar del Evangelio. Aunque si hoy se habla menos de la teología de la liberación, se siente una profunda apertura a todo sufrimiento y toda necesidad en nombre del Evangelio.
Hacer vivos y operantes los carismas de la espiritualidad apostólica y misionera con todas sus potencialidades se convierte hoy en una exigencia viva con algunas concretas consecuencias para la Iglesia, y en la Iglesia para la vida consagrada.
Aquí van algunas, en concreto.
La llamada a la fraternidad universal y la preocupación por todo ser humano (NMI n. 49-51) se traduce en la ortopraxis de la vida apostólica, en la fantasía de la caridad, en la relación lógica entre palabras y obras del Evangelio, a ejemplo de Jesús: proclamar el evangelio y hacer las obras del Reino; actuar y enseñar. Él es, al mismo tiempo, modelo y maestro.
La llamada a una Iglesia amiga de la humanidad, que no condena sino que anima, que no excluye sino incluye, que no “excomulga” sino que hace entrar en la verdad y en la vida de la comunión; que no se impone sino que se propone, que quiere hacer evidente el rostro de Dios Trino, fuente de todo y de todos.
Abrir la vida consagrada como su misión al compromiso efectivo de la Iglesia en los diálogos, siguiendo la enseñanza de la Ecclesiam suam de Pablo VI en la tercera parte, la GS n. 92, VC 51 y toda la tercera parte, la NMI cuarto capítulo, Caminar desde Cristo nn. 40-44 ... Todo se orienta hacia una fuerte llamada al compromiso con la Iglesia por el mundo.
Ser también testigos de un perdón continuamente pedido y ofrecido, para la purificación de la memoria, para recuperar el pasado en positivo, para sacar de los males un bien. Hacer penitencia por los yerros pasados significa propósito coherente y firme de no repetirlos en el porvenir. Y eso también en lo tocante a nuestra historia y a nuestras historias de familias religiosas.
La atención por parte de la vida consagrada hacia todo lo que es humano, porque nada humano es ajeno al corazón del discípulo de Cristo (GS n. 1), aun con el riesgo de ser malentendida, como si su misión no fuera ya sobrenatural, pues se preocupa de lo humano. Pero en esto sigue, imita y vive los sentimientos de su Maestro y Señor (Flp 2,5-11; Hb 2,17-18; 4,15).
Es preciso desarrollar y hacer concreta la consciencia de ser luz para todos, levadura para todos, casi preguntándose más sobre la calidad de la levadura y de la sal, de la fuerza de la luz y del amor que debe ofrecer cuanto más amplia resulta la masa por fermentar ...
Eso implica una traducción en obras y colaboración apostólica, para la Iglesia de hoy, del principio de la verdadera espiritualidad de la revelación: Dios a la búsqueda del hombre, cuando no se ve ya al hombre buscando a Dios ...