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2.3.2. La matriz principal del pensamiento de la Nueva Era   

La matriz esencial del pensamiento de la Nueva Era ha de buscarse en la tradición esotérico-teosófica que gozó de gran aceptación en los círculos intelectuales europeos de los siglos XVIII y XIX. En particular, tuvo vigencia en la francmasonería, el espiritismo, el ocultismo y la teosofía, que compartían una especie de cultura esotérica. En esta cosmovisión, el universo visible y el invisible están vinculados por una serie de correspondencias, analogías e influencias entre el microcosmos y el macrocosmos, entre los metales y los planetas, entre los planetas y las diversas partes del cuerpo humano, entre el cosmos visible y los ámbitos invisibles de la realidad. La naturaleza es un ser vivo, atravesado por una red de simpatías y antipatías, animado por una luz y un fuego secreto que los seres humanos tratan de controlar. Las personas pueden conectar con los mundos superior o inferior mediante su imaginación (órgano del alma o espíritu), o bien recurriendo a mediadores (ángeles, espíritus, demonios) o rituales

Las personas pueden ser iniciadas en los misterios del cosmos, Dios, o el yo, por medio de un itinerario espiritual de transformación. La meta última es la gnosis, la forma superior de conocimiento, equivalente a la salvación. Implica una búsqueda de la más antigua y elevada tradición de la filosofía (lo que se llama, de modo inapropiado, philosophia perennis) y de la religión (teología primordial), doctrina secreta (esotérica) que es la clave de todas las tradiciones « exotéricas » accesibles a todos. Las enseñanzas esotéricas se transmiten de maestro a discípulo en un programa gradual de iniciación

Algunos ven el esoterismo del siglo XIX como algo totalmente secularizado. La alquimia, la magia, la astrología y otros elementos del esoterismo tradicional se habían integrado completamente con aspectos de la cultura moderna, incluyendo la búsqueda de las leyes causales, el evolucionismo, la psicología y el estudio de las religiones. Alcanzó su forma más clara en las ideas de Helena Blavatsky, una médium rusa que, junto con Henry Olcott, fundó la Theosophical Society en Nueva York en 1875. Esta sociedad tenía por objeto fundir elementos de las tradiciones orientales y occidentales en una forma de espiritismo evolucionista. Tenía tres objetivos principales:   

1. « Formar un núcleo de la Fraternidad Universal de la Humanidad, sin distinción de raza, credo o color ». 

2. « Promover el estudio comparativo de la religión, la filosofía y la ciencia ». 

3. « Investigar las leyes desconocidas de la Naturaleza y los poderes latentes del hombre ».   

« El significado de estos objetivos... debería estar claro. El primer objetivo rechaza implícitamente el “fanatismo irracional” y el “sectarismo” del cristianismo tradicional tal como lo conciben los espiritistas y los teósofos... Lo que no es inmediatamente evidente en estos objetivos es que para los teósofos la “cienciasignificaba las ciencias ocultas, y la filosofía, la occulta philosophia. O que para ellos, las leyes de la naturaleza eran de índole oculta o psíquica y esperaban que la religión comparativa desvelase una “tradición primordialmodelada, en último término, a partir de una philosophia perennis hermética ».32 

Un componente destacado de los escritos de Madame Blavatsky era la emancipación de la mujer, lo cual implicaba un ataque contra el Dios « masculino » del judaísmo, del cristianismo y del Islam. Invitaba a volver a la diosa madre del hinduismo y a la práctica de las virtudes femeninas. Esta ideas continuaron bajo la guía de Annie Besant, que se hallaba en la vanguardia del movimiento feminista. En la actualidad, la Wicca (Véase el término en el glosario del apartado n. 7) y la « espiritualidad de las mujeres » continúan esta lucha contra el cristianismo « patriarcal ». 

En su obra The Aquarian Conspiracy, « La conspiración del Acuario », Marilyn Ferguson dedicó un capítulo a los precursores de la Era de Acuario, aquellos que habían tejido una visión transformadora basada en la expansión de la conciencia y en la experiencia de la autotrascendencia. Dos de los mencionados son el psicólogo americano William James y el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung. James definió la religión como experiencia, no como dogma y enseñó que los seres humanos pueden cambiar sus actitudes mentales a fin de convertirse en arquitectos de su propio destino. Jung puso de relieve el carácter trascendente de la conciencia e introdujo la idea del inconsciente colectivo, una especie de depósito de símbolos y recuerdos compartidos con personas de diversas épocas y culturas diferentes. Según Wouter Hanegraaff, ambos personajes contribuyeron a la « sacralización de la psicología », que se ha convertido en un elemento fundamental del pensamiento y de la práctica de la Nueva Era. En efecto, Jung « no sólo psicologizó el esoterismo, sino que también sacralizó la psicología, llenándola de los contenidos de la especulación esotérica. El resultado fue un corpus de teorías que permite hablar de Dios cuando en realidad se quiere decir la propia psique, y hablar de la propia psique cuando en realidad se quiere decir lo divino. Si la psique es “mente”, y Dios también es “mente”, entonces hablar de una cosa significa hablar de la otra ».33 A la acusación de haber « psicologizado » el cristianismo responde que « la psicología es el mito moderno y sólo podemos entender la fe en estos términos ».34 Ciertamente, la psicología de Jung arroja luz sobre muchos aspectos de la fe cristiana, especialmente sobre la necesidad de enfrentarse a la realidad del mal. Pero sus convicciones religiosas son tan diferentes a lo largo de las diversas etapas de su vida, que la imagen de Dios que se desprende es sumamente confusa. Un elemento central de su pensamiento es el culto al sol, donde Dios es la energía vital (libido) del interior de la persona.35 Según afirmó él mismo « esta comparación no es un mero juego de palabras ».36 Este es « el dios interior » al que se refiere Jung, la divinidad esencial que creía existía en todo ser humano. El camino hasta el universo interior pasa a través del inconsciente y la correspondencia del mundo interior con el exterior reside en el inconsciente colectivo

La tendencia a intercambiar la psicología y la espiritualidad fue retomada por el Movimiento del Potencial Humano cuando éste se desarrolló a finales de los años sesenta en el Instituto Esalen de California. La psicología transpersonal, fuertemente influida por las religiones orientales y por Jung, ofrece un camino contemplativo donde la ciencia se encuentra con la mística. El énfasis que se pone en la corporeidad, la búsqueda de métodos para expandir la conciencia y el cultivo de los mitos del inconsciente colectivo eran todos acicates para buscar al « Dios interior » dentro de uno mismo. Para realizar el propio potencial había que ir más allá del ego individual a fin de convertirse en el dios que uno es en lo más hondo de sí mismo. Esto se podía llevar a cabo escogiendo la terapia adecuada: la meditación, las experiencias parapsicológicas, el uso de drogas alucinógenas. Todos estos eran los caminos para lograr « experiencias cumbre », experiencias « místicas » de fusión con Dios y con el cosmos

El símbolo de Acuario, tomado de la mitología astrológica, llegó a convertirse en la expresión del deseo de un mundo radicalmente nuevo. Los dos centros que constituían el centro propulsor inicial de la Nueva Era (y que siguen siéndolo hasta cierto punto) eran la Comunidad-Jardín de Findhorn, en el nordeste de Escocia, y el Centro para el Desarrollo del Potencial Humano de Esalen, en Big Sur, California, en los Estados Unidos. Sin embargo, lo que más alimenta la difusión de la Nueva Era es el desarrollo de una progresiva conciencia global y la percepción creciente de una crisis ecológica inminente

  




32) W.J. Hanegraaff, op. cit., p. 448s. Los objetivos están citados según la versión definitiva (1896); las versiones anteriores subrayaban la irracionalidad del « fanatismo » y la urgencia de promover una educación no sectaria. Hanegraaff cita la descripción que hace J. Gordon Meltonde la religión de la Nueva Era como enraizada en la tradición « oculto-metafísica » (ibid., p. 455). 



33) W.J. Hanegraaff, op. cit., p. 513



34) Thomas M. KingSJ, « Jung and Catholic Spirituality », en America, 3 de abril de 1999, p. 14. El autor señala que los devotos de la Nueva Era « citan pasajes que tratan del I Ching, la astrología y el Zen, mientras que los católicos citan pasajes que tratan de los místicos cristianos, la liturgia y el valor psicológico del sacramento de la reconciliación » (p. 12). También incluye una lista de personalidades e instituciones espirituales claramente inspiradas y guiadas por la psicología de Jung



35) Cf. W.J. Hanegraaff, op. cit., p. 501s



36) C. J. Jung, Wandlungen und Symbole der Libido, citado en Hanegraaff, op. cit., p. 503






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