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2.5. ¿Por qué ha crecido la Nueva Era con tanta rapidez y se ha difundido de manera tan  eficaz?   

Por muchas objeciones y críticas que suscite, la Nueva Era es un intento de llevar calor a un mundo que muchos experimentan como desabrido y despiadado. Como reacción frente a la modernidad, opera casi siempre en el nivel de los sentimientos, instintos y emociones. La angustia ante un futuro apocalíptico de inestabilidad económica, incertidumbre política y cambios climáticos desempeña un papel importante en la búsqueda de una relación alternativa y decididamente optimista con el cosmos. Hay una búsqueda de plenitud y felicidad, con frecuencia en un nivel explícitamente espiritual. Pero es significativo que la Nueva Era haya gozado de un éxito enorme en una era que puede caracterizarse por la exaltación casi universal de la diversidad. La cultura occidental ha dado un paso más allá de la tolerancia –en el sentido de aceptar a regañadientes o soportar la idiosincrasia de personas o grupos minoritarios– a la erosión consciente del respeto a la normalidad. La normalidad se presenta como un concepto con connotaciones moralistas, vinculado necesariamente a normas absolutas. Para un número creciente de personas, las creencias o normas absolutas indican sólo la incapacidad de tolerar las ideas y convicciones de los demás. En este ambiente, se han puesto de moda los estilos de vida alternativos: ser diferente no sólo es aceptable, sino positivamente bueno.48 

Es esencial tener en cuenta que las personas se relacionan con la Nueva Era de maneras muy distintas y en grados diversos. En la mayoría de los casos no se trata realmente de una « pertenencia » a un grupo o movimiento. Tampoco hay una conciencia muy clara de los principios sobre los que se basa la Nueva Era. Aparentemente, la mayoría de la gente se siente atraída por terapias o prácticas concretas, sin conocimiento de los planteamientos de fondo que éstas conllevan; otros no son más que consumidores ocasionales de productos que llevan la etiqueta « Nueva Era ». Quienes utilizan la aromatoterapia o escuchan música New Age, por ejemplo, suelen estar interesados por el efecto que tienen en su salud o bienestar. Tan sólo una minoría profundiza en estos temas y trata de entender su significado teórico (o « místico »). Lo cual encaja perfectamente con los esquemas de las sociedades de consumo en las que el ocio y el entretenimiento desempeñan un papel fundamental. El « movimiento » se ha adaptado perfectamente a las leyes del mercado y el hecho de que la Nueva Era se haya difundido tanto se debe en parte a que resulta una propuesta económica muy atractiva. La Nueva Era, al menos en algunas culturas, se presenta como una etiqueta para un producto creado, aplicando los principios de la mercadotecnia a un fenómeno religioso.49 Siempre habrá un modo de aprovecharse de las necesidades espirituales de la gente. Como muchos otros elementos de la economía contemporánea, la Nueva Era es un fenómeno global que se mantiene unido y se alimenta gracias a la información de los medios de comunicación de masas. Se puede discutir si fueron los medios de comunicación quienes crearon este fenómeno o no; lo que está claro es que la literatura popular y las comunicaciones de masas garantizan una rápida difusión, a escala universal, de las nociones comunes defendidas por los « creyentes » y simpatizantes. Sin embargo, no es posible saber si esta difusión tan rápida de las ideas obedece al azar o bien a un proyecto deliberado, ya que se trata de comunidades muy poco rígidas. Al igual que sucede en las « cibercomunidades » creadas por Internet, éste es un ámbito en el que las relaciones entre las personas pueden ser o muy impersonales o interpersonales sólo en un sentido muy selectivo. 

La Nueva Era se ha hecho sumamente popular como un vago conjunto de creencias, terapias y prácticas, elegidas y combinadas con frecuencia según el propio gusto, independientemente de las incompatibilidades o incongruencias que implique. Por lo demás, es lo que cabe esperar de una cosmovisión conscientemente basada en el pensamiento intuitivo del « lado derecho del cerebro ». Precisamente por eso es tan importante descubrir y reconocer las características fundamentales de las ideas de la Nueva Era. Lo que ésta ofrece suele describirse sencillamente como algo « espiritual », más que como perteneciente a una religión concreta. Sin embargo, los vínculos con algunas religiones orientales concretas son mucho más estrechos de lo que imaginan algunos « consumidores ». Naturalmente, esto es importante para los grupos de « oración » en los que uno decide integrarse, pero es también un problema real en la gestión de un número creciente de empresas, a cuyos empleados se les exige hacer meditación y adoptar técnicas de expansión mental como parte de la vida laboral.50 

Valdría la pena añadir aún unas breves palabras sobre la promoción organizada de la Nueva Era como ideología, pero se trata de un asunto sumamente complejo. Frente a la Nueva Era, algunos grupos han reaccionado con acusaciones generalizadas de « conspiración ». Se les suele responder que estamos asistiendo a un cambio cultural espontáneo cuya trayectoria está en gran parte determinada por influjos que escapan al control humano. No obstante, basta señalar que la Nueva Era comparte con un buen número de grupos internacionalmente influyentes el objetivo de sustituir o trascender las religiones particulares para dejar espacio a una religión universal que unifique a la humanidad. Estrechamente relacionado con esto, hay un esfuerzo concertado por parte de muchas instituciones para inventar una Ética Global, un esquema ético que reflejaría la naturaleza global de la cultura, la economía y la política contemporáneas. Aún más, la politización de las cuestiones ecológicas influye en todo el tema de la hipótesis Gaia o culto de la madre tierra. 

  




48) Cf. Our Creative Diversity. Report of the World Commission on Culture and Development, París (UNESCO) 1995, que ilustra la importancia que se confiere a la celebración y promoción de la diversidad. 



49) Cf. Christoph Bochinger, «New Age » und moderne Religion: Religionswissenschaftliche Untersuchungen, Güttersloh (Kaiser) 1994, especialmente el capítulo 3. 



50) Las limitaciones de estas técnicas que, sin embargo, no son oración se discuten más adelante, § 3.4. Mística cristiana y mística Nueva Era. 






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