Jornada, Nov.
1 1, Pr| parte pospuesta la femenina piedad a su salud, habían aprendido
2 1, 1 | parientes de la mujer, tan gran piedad sentí por aquella pobrecilla
3 2, 1 | iglesia, con aspecto lleno de piedad, pidiendo humildemente y
4 2, 1 | Martellino gritaba:~ - ¡Piedad, por Dios!~Y se defendía
5 2, 1 | corregidor y le dijo:~ - ¡Piedad, por Dios! Hay aquí algún
6 2, 2 | ella, también sintiendo piedad, se acordó que tenía la
7 2, 6 | habrían hecho morir, lo que mi piedad no sufrió. Ahora, puesto
8 2, 6 | dulces palabras; y llena de piedad materna mil veces más le
9 2, 7 | quien pudiesen provocar piedad y les diese ayuda.~Llegada
10 2, 7 | lo que Antígono, movido a piedad, empezó a llorar, y luego
11 3, 5 | reconfortado con vuestra piedad, pueda decir que como de
12 3, 7 | tu inocencia ha sentido piedad de ti; y por ello, si en
13 3, 10| quieres tener de mí tanta piedad y sufrir que lo meta en
14 4, 1 | no entendían, pero por la piedad vencidas, todas lloraban;
15 4, 8 | súbitamente lo movió a tanta piedad el ver el muerto rostro,
16 5, 2 | mujer, viendo esto, sintió piedad de ella, y tanto le rogó
17 5, 4 | si puede ser, que tengáis piedad de mi vida y no me matéis.~
18 5, 6 | prestamente sin ninguna piedad los cogieron y los ataron;
19 5, 7 | pensase en morir sin ninguna piedad. La señora se ingenió en
20 5, 8 | señoras, tal como nuestra piedad se alaba, así es castigada
21 5, 8 | zarzas, llorando y pidiendo piedad a gritos; y además de esto,
22 5, 8 | su ánimo y, por último, piedad por la desventurada mujer,
23 5, 8 | donde nunca el amor ni la piedad pudieron entrar, junto con
24 5, 8 | los dos mastines, le pedía piedad; y con todas sus fuerzas
25 1, 7 | podía ser le pluguiera tener piedad de él y complacerle en este
26 2, 7 | Apiádate de mí, por Dios y por piedad; el sol comienza a calentar
27 2, 7 | nada de lo mío te mueve a piedad, muévate el amor que tienes
28 4, 7 | celar mi deseo por temor.~Piedad, Amor: de rodillas te llamo,
29 4, 8 | por lo que, llorando de piedad, dijo:~ - Varrón, verdaderamente
30 4, 8 | verdaderamente lo he matado yo, y la piedad de Tito para salvarme llega
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