Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText
Juan Pablo II
Ecclesia in Europa

IntraText CT - Texto

Anterior - Siguiente

Pulse aquí para desactivar los vínculos a las concordancias

I. El servicio de la caridad

En la comunión y en la solidaridad

84. Para todo ser humano, la caridad que se recibe y se da es la experiencia originaria de la cual nace la esperanza. « El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente ».140

El reto para la Iglesia en la Europa de hoy consiste, por tanto, en ayudar al hombre contemporáneo a experimentar el amor de Dios Padre y de Cristo en el Espíritu Santo, mediante el testimonio de la caridad, que tiene en sí misma una intrínseca fuerza evangelizadora.

En esto consiste en definitiva el « Evangelio », la buena noticia para todos los hombres: « Dios nos ha amado primero » (cf. 1 Jn 4, 10.19); Jesús nos ha amado hasta el final (cf. Jn 13, 1). Gracias al don del Espíritu, se ofrece a los creyentes la caridad de Dios, haciéndoles partícipes de su misma capacidad de amar: la caridad apremia en el corazón de cada discípulo y de toda la Iglesia (cf. 2 Co 5, 14). Precisamente porque se recibe de Dios, la caridad se convierte en mandamiento para el hombre (cf. Jn 13, 34).

Vivir en la caridad es, pues, un gozoso anuncio para todos, haciendo visible el amor de Dios, que no abandona a nadie. En definitiva, significa dar al hombre desorientado razones verdaderas para seguir esperando.

85. Es vocación de la Iglesia, como « signo creíble, aunque siempre inadecuado del amor vivido, hacer que los hombres y mujeres se encuentren con el amor de Dios y de Cristo, que viene a su encuentro ».141 La Iglesia, « signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano »,142 da testimonio del amor cuando las personas, las familias y las comunidades viven intensamente el Evangelio de la caridad. En otras palabras, nuestras comunidades eclesiales están llamadas a ser verdaderas escuelas prácticas de comunión.

Por su propia naturaleza, el testimonio de la caridad ha de extenderse más allá de los confines de la comunidad eclesial, para llegar a cada ser humano, de modo que el amor por todos los hombres fomente auténtica solidaridad en toda la vida social. Cuando la Iglesia sirve a la caridad, hace crecer al mismo tiempo la « cultura de la solidaridad », contribuyendo así a dar nueva vida a los valores universales de la convivencia humana.

En esta perspectiva es menester revalorizar el sentido auténtico del voluntariado cristiano. Naciendo de la fe y siendo alimentado continuamente por ella, debe saber conjugar capacidad profesional y amor auténtico, impulsando a quienes lo practican a « elevar los sentimientos de simple filantropía a la altura de la caridad de Cristo; a reconquistar cada día, entre fatigas y cansancios, la conciencia de la dignidad de cada hombre; a salir al encuentro de las necesidades de las personas iniciando -si es preciso- nuevos caminos allí donde más urgentes son las necesidades y más escasas las atenciones y el apoyo ».143




140 Carta enc. Redemptor hominis (4 marzo 1979), 10: AAS 71 (1979), 274.



141 II Asamblea especial para Europa del Sínodo de los Obispos, Instrumentum laboris, n. 72: L'Osservatore Romano, 6 de agosto de 1999 - Supl., pp. 15.



142 Conc. ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 1.



143 Carta enc. Evangelium vitae (25 marzo 1995), 90: AAS 87 (1995), 503.






Anterior - Siguiente

Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText

Best viewed with any browser at 800x600 or 768x1024 on Tablet PC
IntraText® (V89) - Some rights reserved by EuloTech SRL - 1996-2007. Content in this page is licensed under a Creative Commons License