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Juan Valera
Amor puesto a prueba

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  • Acto I
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Escena V

El PADRE CLEMENTE. LUISA.

LUISA.  ¿Qué me quiere usted, tío?

 

PADRE CLEMENTE.  Que me digas cómo van tus asuntos.

 

LUISA.  A escape; más a escape de lo que yo pensaba. El Conde detesta a Ramona. A mí me tiene más enamorada cada día. Es un dije. No puede usted figurarse cuán desatinadamente está prendado de mí. No me deja un instante de sosiego. ¡Cómo me acosa, cielos! Tengo que andar siempre corriendo, escabulléndome, escapando. Es gran fatiga. Y es gran peligro, además. Cuando estoy más descuidada, me lo encuentro de manos a boca, ya en la escalera, ya en un corredor, ya en un pasillo obscuro. Esto no puede seguir. Tengo que apelar a la fuga. Esta noche me fugaré entre nueve y diez y me iré a casa de usted. Como usted no tendrá nada preparado para alojarme, quedará explicado y justificado el que me lleve al punto a vivir a casa de Don Tadeo, al lado de Ramona. Veremos entonces si Alfredito persiste en acosarme con la decisión firme y honrada que yo deseo. Por lo pronto, estoy segura que no se rendirá al interés y de que seguirá desdeñando a Ramona.

  [319]  

 

PADRE CLEMENTE todo esto y , además, que a Ramona le ha salido otro novio.

 

LUISA.  ¿Cómo otro novio? Por mi cuenta le han salido dos.

 

PADRE CLEMENTE.  Yo de uno. El marqués anda por ella que bebe los vientos. ¿Quién es el otro?

 

LUISA.  El otro no se hubiera atrevido nunca, sin provocación y estímulo, a poner tan alta la mira; pero Ramona le alienta y le alborota con miradas incendiarias, con algunos solapados favores y con indirectas del Padre Cobos.

 

PADRE CLEMENTE.  ¿Y quién es ese feliz mortal?

 

LUISA.  ¿Quién ha de ser sino su ahijado de usted Currito, cuya sana robustez, bríos y gallardía han cautivado el corazón de Ramona, inclinadísimo a los valientes y a los briosos?

 

PADRE CLEMENTE.  ¿Qué me dices, mujer? Me dejas maravillado. Y ¿qué piensa de todo esto Currito?

 

LUISA.  ¿Qué ha de pensar, sino triunfos? Está encantado. Está enamoradísimo. Ramona cree, y yo lo creo también, que se casaría con ella, aunque en lugar de ser millonaria estuviese, por pobre, en el hospicio.

 

PADRE CLEMENTE.  ¿Qué presumes tú que resultará de este enredo?

 

LUISAResultará... resultará... Ya lo verá usted. Todo ha de arreglarlo la chacha Jacintica, el ama   [320]   de llaves de Don Tadeo. Es muy lista, y, como viuda de un sargento de la guardia civil, se pinta sola para policías y tramoyas. En buenas manos está el pandero. Lo que ha de sonar, sonará dentro de poco. Conque, adiós. Y si no nos vemos durante el día, no se olvide usted de mí y aguárdeme en su casa entre nueve y diez de la noche.

 

PADRE CLEMENTEAdiós, hija. Pronto volveré a comer aquí. Te aseguro que tengo la conciencia atribulada por haberme metido, por amor tuyo, en estas intrigas, tan impropias de mi estado. Adiós.  (Sale el PADRE CLEMENTE.) 




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